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martes, 15 de septiembre de 2015
El hogar
¿A qué llamamos hogar?
¿Qué le pedimos a un hogar para que sea "hogar"?
Un sentimiento de pertenencia, de seguridad, de apoyo, confianza, bienestar, claridad, sinceridad, honestidad, cariño, generosidad, entrega, comprensión...
Frente a envidia, celos, rencor, malhumor, ambición, competitividad, orgullo, impaciencia, mezquindad, incomprensión, falta de cariño, desamor, lucha, ....
Un hogar en estado puro, evidentemente no puede existir.
Quizás el primer estado sea el que bien podemos definir como "hogar", ante la negativa a llamar hogar al segundo.
Sin embargo, nos encontramos con situaciones o espacios comunes donde la mezcla de ambos es manifiesta.
Si bien, ya somos adultos como para entender que la debilidad y la fragilidad humana es grande, y que por tanto, difícilmente alcanzaremos en todo momento nuestro más noble ideal de amor familiar, no por ello debemos abandonarnos en manos del segundo estado sin presentar resistencia.
Nuestra lucha, pues debe centrarse en hacer de nuestro hogar un lugar "sagrado"; alimentando desde lo profundo de nuestro corazón y nuestra mente el convencimiento de que sin esfuerzo, sin disciplina, sin empeño no vamos a alcanzar la meta.
Es fácil quejarse, despotricar, burlarse e ironizar sobre lo que no tenemos o incluso sobre lo que tenemos y rechazamos. Tendemos a comparar nuestra situación con la de tantos otros, y así nuestra conciencia se relaja y deja de molestarnos, es la vía más sencilla y cómoda para dejar de intentarlo, abandonar y no construir desde el amor, sino a lo sumo seguir ocupando un espacio, un lugar, un cuarto en nuestra casa, con la esperanza de que ese "relleno" baste por sí solo.
Es como cuando algo en la vida no nos va bien, nuestra relación de pareja, nuestra amistad, nuestro trabajo, y optamos por el "ya se arreglará todo".
Eso no es vivir, perdonad que sea tan franca, vivir es mucho más, requiere de un compromiso por nuestra parte, una aceptación de nuestra responsabilidad en esa tarea, la nuestra que es nuestra vida, y en este caso, llevar a cabo la acción de provecho que necesita nuestra familia para estar sana.
Y no es una utopía, es una incomodidad a veces, un dejar de ser yo, para ser nosotros, una pérdida de mi subjetividad, mis gustos, mis apetencias, en pro de nuestros deseos, apetencias, gustos y subjetividades diversas.
Hay que empezar por lo más cercano, "nosotros" para con esta base sólida, dirigirnos hacia lo social y ser capaces de "arreglar" lo de afuera.
Mientras que podemos calificar de verdadera locura, intentar arreglar primero el tejado para después hacer los cimientos de nuestra casa, la sociedad, el planeta.
Algunos ciudadanos no estamos preparados.
Lo primero y fundamental es el "yo", el "nosotros" y después "los otros".
Mi hogar, nuestro hogar, nuestra Tierra.
El cemento más importante a utilizar es el AMOR.
Y no hablo de egoísmo sino de amor, un amor generoso hacia lo que somos, un amor misericordioso hacia quiénes somos y una voluntad libre de crecer y superarnos. Solo el amor sana, repara, hace crecer, permite la superación.
Alejémonos del odio, también del odio hacia nosotros mismos.
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