martes, 29 de abril de 2014

Conversación

Hoy en día es bastante común el uso del washap para intercambiar opiniones, aplazar encuentros, cambiar citas, saludar amistosamente, cerrar un capítulo de tu vida, felicitar a un amigo etc, etc.
También hoy se producen discusiones y malentendidos por medio de este artilugio de la ciencia actual. 

Sin ir más lejos, el otro día conversando con una de mis mejores amigas me mostró una de las últimas "conversaciones" que había mantenido con su todavía entonces llamado y considerado  "novio".
Ella, sencillamente, estaba hecha un lío, así que acudió a mí para desahogar su pena y su frustración.

La noche anterior recibió dos llamadas seguidas de su novio, pero no las oyó, así que cuando se percató de ello, decidió llamarlo a la mañana siguiente.
En un intervalo o pausa realizado en el trabajo, le llama, y él le dice que sentía o había sentido la necesidad de abrazarla. Ella estaba "jodida" porque esa misma mañana había tenido algunos problemillas en su trabajo y no estaba de muy buen humor, además recientemente, ambos de mutuo acuerdo habían decidido darse un respiro, para aclarar su mente acerca de si debían o no continuar la relación.
Dadas las circunstancias, le dijo que en ese momento "no estaba el horno para bollos", que gracias, pero que ya hablarían más tarde.

Se pasó el día esperando su llamada, pero ésta no tuvo lugar.
Antes de irse a dormir, no pudo evitar caer en la tentación de enviarle un washap.
Ella: ¿Qué es de tu vida?
Él: Pues, nada, aquí en casa, molesto porque me he esforzado mucho en el curro ( monitor de deportes) y de tanto sudar, la piel de la cara interna de los muslos  se me ha irritado un montón, y  me pica y me duele; 
Ah, dice ella, pues, vaya.
Y entonces le pregunta, bueno, ¿de qué me querías hablar esta mañana? y ¿Por que no me has llamado?, he estado esperando tu llamada todo el día.
 A lo que él contesta: ¿qué dices ahora?
 Ella: Pues que esperaba tu llamada
El: Y  yo esperaba que me tocara la lotería, pero como no hecho. 
Ella: Veo que estás cansado; Buenas noches.
El: Y yo veo que sigues con tus "esperaba, creía, imaginaba".
Ella: No te pongas a la defensiva; Me dijiste esta mañana que querías abrazarme. Yo también lo deseada. Pensé que me ibas a pedir que fuera a verte. Me ha disgustado no poder abrazarte hoy.
El: Pensé; Pide y no pienses, imagines y tantos y tantos etc.
Ella: Vale; Tu qué quieres? ¿Más tiempo para pensar?
E: Pues si
Ella: Bien no te había entendido
El: Hasta mañana estoy muy cansado y no  te lo tomes a mal; Simplemente necesito más tiempo. Eso es todo.
Ella: Vale; No haré planes; Descansa; Te dejaré tranquilo; Haré mi vida; Cuando   me quieras de verdad, hablamos; Ahora aún estas muy confundido. Y me hace daño tu frialdad e indiferencia:
El: Ya estás sacando las cosas de contexto.
Ella: Es mejor que te aclares. Te he entendido mal; Sí es cierto; Necesito que me abraces;  Pero me abrazaré yo misma; Descansa; Piensa. Yo no puedo vivir en la incertidumbre; Un beso.
E: Y tú cambia un poco tu manera de ver las cosas.
Ella: Y no te lo tomes a mal tú tampoco; Lo siento, hoy me siento muy sola.
El: Mira,  ya estás otra vez con la presión; Hasta mañana.
Ella: Mensaje que me mostró pero no llegó a enviarle: "No voy a negar que sí te pido cariño. Abrazos, besos, sexo. Sí te pido y lo necesito. Y puede que no esté respetando tu necesidad de soledad; Pero yo no te presiono. Te presionas tú mismo. Tú solo. Porque lo vives como una amenaza. No como algo placentero.
Tú llamas presión a lo que yo llamo ganas de estar contigo. Pero me olvido de que tú ahora  no quieres estar conmigo. Porque sientes que "no vas a poder ser feliz a mi lado".
Fin de la conversación. 
Mi pregunta es:
¿A qué reflexión  nos lleva éste diálogo?

Vemos representado aquí vivamente una escalada de tensión y de angustia, mayormente en la chica. Quizás esté confundiendo "eros con ágape".
El amor pasional, (eros) no cumple sus expectativas. El ágape o amistad y compromiso, ni siquiera se vislumbra.
¿Cómo ayudar a aquéllas personas, que encerradas en su dolor, no ven más allá de sus narices?


lunes, 21 de abril de 2014

¿Es posible la recuperación para un adicto al amor?

La lectura de "La adicción al amor" me ha enseñado que sí es posible.

El cómo depende de cada uno. 
De tu voluntad, tu fuerza y tu determinación.
La fortaleza, decía Aristóteles, defendida también por los estoicos, los tomistas, y de un modo único por Nietzsche es la clave para resistir los embates tentadores de esta particular droga, personificada a veces en un sujeto muy  particular.
Lo primero de todo es tomar conciencia, pedir ayuda, ser realista, observar, y escucharse, confiar en uno mismo, y no desacreditarse por pensar o sentir esto o lo otro. 
No podemos pasarnos media vida saboteándonos a nosotros mismos.
Sé fiel a ti mismo, y observa quién es el otro, lo que desea, quiere y te está dando.
No generes fantasías en tu mente que podrían arrastrarte a comportamientos destructivos e insatisfactorios.
Juega, diviértete, lee, mira el mundo. Atrévete a ser feliz siendo quien eres.
Otra parte de la lucha muy importante también, consiste en dejarse llevar, en no forzar, no controlar, no vigilar, y por supuesto tampoco castigar. No se trata de que perdones lo imperdonable, se trata de seguir tu intuición, ser auténtica y guiarte por tu cuerpo y tus emociones.
Nietzsche nos enseñó que la excesiva racionalidad nos ha nihilizado, dejando vacía nuestra alma. Aunque él no creía precisamente en el alma.
Haya o no haya alma, el espíritu de lucha está en ti. Y lo que tengas que hacer lo haces por ti, es tu lucha.
No intentes cambiar al otro ni luchar por el otro.
La tarea del otro, le pertenece a él y no es la tuya.
De no seguir este principio, estás perdiendo un tiempo precioso para vivir tú, tal y como quieres vivir.

Así que manos a la obra.
El pasado no va a volver. Por tanto, tu abandono infantil no es recuperable.
La única que puede recuperarte de ese abandono eres tú misma. 
Buscar la recuperación ensayando una y otra vez con tus parejas, la actual o la pasada, el perdón, la rectificación, la restitución de aquélla injusticia es un tiempo de dolor, que te aparta y te aleja de lo bueno que puedas hallar en el presente.


lunes, 7 de abril de 2014

Celos

Una paciente, una vez me contó que su padre solía alabar los pechos grandes de las mujeres, en las comidas familiares. Además llevaba en el bolsillo de su camisa unos cuantos almanaques de esos pequeñitos con fotografías de mujeres desnudas o a pecho descubierto.
A veces, por descuido solía dejarlas encima de la lavadora cuando mi madre lavaba sus camisas.
También, pudo mirar alguna de esas fotos en la cabina de su camión, y en su lugar de trabajo.
Ella entonces, tendría a lo sumo 11 o 12 años y se sentía algo incómoda al respecto.

No sabía  porqué su madre solía estar enfadada. Gritaba a menudo, a las cuatro hermanas, y a veces incluso les pegaba, bien porque no habían arreglado la habitación, bien porque habían dejado algún enredo por  medio.
Literalmente cito:
"Recuerdo que los sábados no podíamos ver "La bola de cristal", como algunas de nuestras amigas y compañeras de clase, porque teníamos que limpiar. Solíamos acabar las tareas bastante tarde, y entonces ya había terminado el programa. La verdad es que eramos unas pesadas, tardábamos un montón, pero lo curioso es que luego no le parecía que estuviera suficientemente limpio y nos llamaba "marranas", y teníamos que volverlo a limpiar. 
Cerca de las tres, llegaba mi padre de tomarse unas cervezas y comíamos en escrupuloso silencio, pues estaban dando las noticias.

Así que, en esta composición de lugar y de ambiente familiar, no era de extrañar, entendía ahora, que su madre anduviera irritada casi todo el tiempo. Por ende estaba ella sola criando a 4 hijas con dos años de diferencia de edad entre una y otra.

Nuestro padre hacía viajes con el camión. Y en cada puerto tenía una novia.
Se la tiraba y luego llegaba a mi casa oliendo todavía al coño de otra y se ponía a hacerle el amor a mi madre.
Creo que ella sospechaba algo. Pero lo cierto es que nunca la oí gritarle a mi padre cosas como cerdo, hijo de puta. Sin embargo,  la tensión se respiraba a diario en la casa.

Acabado el relato, me confesó que sentía unos celos terribles cuando su novio hablaba con otras mujeres, ya que, fuera verdad o no, ella lo imaginaba haciéndole el amor a otras. Tampoco soportaba que se alejara de ella, así que lo perseguía continuamente, hasta el punto de que él mismo, como buen adicto a la evitación, (como no podía ser de otro modo), se alejaba de verdad, sintiéndose ésta en las más miserable de las agonías a causa del abandono.

Solución: NO VOLVER A AMAR,  decía. 

domingo, 6 de abril de 2014

Soledad

Ahora o nunca.  Llega un momento en la vida que es así.  El adicto a la evasión no quiere someterse.  El adicto al amor no quiere estar solo.
Conflicto: desprendimiento.  Todo cae bajo el peso de la opresión imposible.