miércoles, 25 de abril de 2018

La mujer de la camiseta de algodón del bueno

Queridos míos, esto no es un chiste;

 Antes que nada, es una verdad, una elocuencia que emana del alma del ser viviente, sintiente, quejumbroso; Mente  a quién su hijo pequeño molesta, mientras intenta escribir un relato acerca de sí mismo, para encumbrar su vanagloria.


Ése que interrumpe, cuál pequeño dinosaurio, (citando al célebre escritor Miquel Sánchez Robles) en la sala de silencio del alma, desbordante de "sangre", anhelante de atención incondicional, tirando por la borda todas las ideas, que lentamente han de ser restauradas para erigirse en  algo decente que contar al prójimo, cuando lo hay, o siquiera a una misma.


La mujer de la camiseta de algodón bueno. Ésta sí es un chiste......
Esa chica inquieta que atesora un secreto.
Que busca incansablemente en el fondo de todos los mares, todos los tesoros,
Que se enriquece mirando la sonrisa bobalicona de un adolescente cuando aparenta que escucha pero en el fondo "no se está enterando de nada".

La que ama con pasión y entrega.
La que camina a ciegas por el laberinto del futuro sin un futuro al que agarrarse, porque el futuro no le está permitido.

Ésa, cuyo pésimo gusto del vestir y del ser, le atraen todo tipo de inconveniencias e irregularidades.


La misma que piensa y actúa autónomamente.
La que escucha y atiende.
La que de vez en cuando vacila, pero luego, suelta una risita y sigue adelante, en el laberinto,
ese laberinto del amor, que da vueltas de meandro, una y otra vez, y que sin embargo, cada vez la acerca más a Dios, ese Dios grande e infinito, que nunca la deja,  nunca se separa de ella, y que la guía, cuando la muy cabezota se deja orientar.


Amor siempre firme, siempre salvaje, siempre inconmensurable.


Un amor en el que cree, pero no está exento de mentiras, de dobles verdades, de vacíos en las respuestas, pleno de ausencias.
Un amor, que a pesar de todo, ama, confiada, valientemente.
Porque ha decidido dejarse llevar, creer, en vez de entender, soñar, en lugar de razonar, vivir a cambio de saber.



¿Es la verdad lo que buscan los hombres, se preguntaba Nietzsche, en Verdad y mentira en  sentido extramoral?
No responde, es la superviviencia.
En este caso, la supervivencia del amor, o mejor dicho, el rescate de una ilusión.
Y por ello pagamos un precio alto, elevado.

Mas merece la pena, por el momento.

A fin de cuentas, ¿cómo podríamos estar seguros de los sentimientos del otro si no es a través de sus gestos, sus miradas, sus caricias, su piel?
El cuerpo no engaña;

De otro modo, también Wittgenstein habla de lo inefable, lo que no se deja describir, lo que está enajenado del lenguaje, lo que sin embargo,  importa. Espíritu, alma, amor, Mística pura.

Sin concepto, no nos queda más que la PIEL,  fiel narradora de un aroma.