¿Se puede ser adicto sin saberlo?
¿En qué consiste exactamente la adicción a una sustancia, al juego, al tabaco, a una persona, al trabajo, a una conducta o a cualesquiera hábitos perniciosos o no, en nuestra vida?
Según Aristóteles, todo ser tiene una tendencia natural a alcanzar y culminar el fin que le es propio. Nuestra tendencia es la Felicidad, y la mejor manera de lograrla es a través del desarrollo de la actividad contemplativa; la filosofía o reflexión junto al disfrute equilibrado de los bines materiales nos conducirán a la buena vida.
Cuando una conducta se repite, se convierte en un hábito. Podemos señalar diversos tipos de hábitos: los que nos hacen felices y los que no. De entre los primeros diríamos que están los que se ajustan al término medio. Por ejemplo, si tengo que elegir entre estudiar mucho, pasar horas y horas con ello, o no estudiar nada en absoluto, el término medio estaría en organizarse el día para que nos dediquemos a diversas actividades que nos resulten por un lado, placenteras, y por otro contribuyan al desarrollo de nuestro intelecto, nos hagan crecer; esto es, estudiar tres horas, y el resto del día, bien estar con nuestros amigos, bien limpiar la habitación, bien leer o ver la tele, dar un paseo, etc., a gusto del consumidor.
Cuando una conducta se repite, se convierte en un hábito. Podemos señalar diversos tipos de hábitos: los que nos hacen felices y los que no. De entre los primeros diríamos que están los que se ajustan al término medio. Por ejemplo, si tengo que elegir entre estudiar mucho, pasar horas y horas con ello, o no estudiar nada en absoluto, el término medio estaría en organizarse el día para que nos dediquemos a diversas actividades que nos resulten por un lado, placenteras, y por otro contribuyan al desarrollo de nuestro intelecto, nos hagan crecer; esto es, estudiar tres horas, y el resto del día, bien estar con nuestros amigos, bien limpiar la habitación, bien leer o ver la tele, dar un paseo, etc., a gusto del consumidor.
Ésta sería una manera de vivir acorde con uno mismo y con cierto equilibrio personal y psicológico.
Más cuando uno es adicto a algo, sea lo que sea. No puede evitar pensar o dedicar gran parte de su tiempo, su energía e incluso su salud, a esa actividad, o a esa idea, de manera compulsiva.
Las conductas adictivas se aprenden por lo general en el seno de la familia de origen. Entre los 0 y los 5 años, se produce lo que Lillian Glass llama "impronta infantil". Esto es, todo lo que ves y recibes de tus padres o de tus cuidadores lo absorbes como una esponja, (dice mi amiga Colombia), sin analizarlo, puesto que careces de mecanismos de interpretación cognitiva que te lo permitan, así que tanto lo bueno como lo malo que te muestran, tú te lo comes, y posteriormente, lo vomitas en forma de "compulsión" hacia uno u otro gesto, una u otra conducta, uno u otro hábito, sin darte cuenta.
Vives, te relacionas y te expresas ante los demás y ante el mundo como una marioneta, despersonalizada por completo, y encima te crees que estás siendo libre, esa es la ironía.
Detrás de muchas adicciones no hay mas que aprendizaje, imitación y compulsión.
Sin embargo, ser adicto a una persona o a un determinado tipo de personas, escribe Robin Norwood en "Las mujeres que aman demasiado" puede conducir a algunas mujeres a una dependencia emocional que en lugar de llevarles felicidad, las lleva al sufrimiento, porque no se puede controlar al otro, máxime cuando el otro es adicto a otro elemento, sustancia o situación.
Hoy en día es bastante común evadirse de ciertas responsabilidades familiares vía trabajo, deporte, sexo, alcohol o cualquier otra droga.
Todo aquéllo que hacemos sin equilibrio, medida ni control puede llevarnos a la dependencia, porque controlar nuestra compulsión es harto difícil. Y la dependencia, como ya advirtiera Platón somete nuestra mente, la ata al mundo, en lugar de liberarla.
La paz interior es mucho mas importante que la satisfacción de nuestra pulsión.
La libertad interior, desapegarse de las personas y de las cosas, relaja y nos produce mayor placer que cualquier otra cosa. (Epicuro, y los placeres de mayor rango).
Los falsos mitos de la sociedad actual son los mismos de siempre representados con otros rostros: "fiestas populares, compras compulsivas, culto al cuerpo, o a la comida sana, al trabajo, al dinero etc, etc, etc.
El caso es mantenernos ocupados, no mirar adentro, porque el vacío y el dolor nos espantan. Y así día tras día, aquietamos el "alma", el desasosiego, drogándonos, cada uno a su manera y con su especie, porque no somos capaces de afrontar la pérdida, el dolor, ni la muerte, de las ilusiones, sueños, deseos, necesidades. Y lo aprendemos desde pequeñitos.
Esa es nuestra cultura.
Ha llegado el momento de invertir el proceso, siguiendo a Nietzsche, pero desde otro ángulo bien distinto.
Hoy en día es bastante común evadirse de ciertas responsabilidades familiares vía trabajo, deporte, sexo, alcohol o cualquier otra droga.
Todo aquéllo que hacemos sin equilibrio, medida ni control puede llevarnos a la dependencia, porque controlar nuestra compulsión es harto difícil. Y la dependencia, como ya advirtiera Platón somete nuestra mente, la ata al mundo, en lugar de liberarla.
La paz interior es mucho mas importante que la satisfacción de nuestra pulsión.
La libertad interior, desapegarse de las personas y de las cosas, relaja y nos produce mayor placer que cualquier otra cosa. (Epicuro, y los placeres de mayor rango).
Los falsos mitos de la sociedad actual son los mismos de siempre representados con otros rostros: "fiestas populares, compras compulsivas, culto al cuerpo, o a la comida sana, al trabajo, al dinero etc, etc, etc.
El caso es mantenernos ocupados, no mirar adentro, porque el vacío y el dolor nos espantan. Y así día tras día, aquietamos el "alma", el desasosiego, drogándonos, cada uno a su manera y con su especie, porque no somos capaces de afrontar la pérdida, el dolor, ni la muerte, de las ilusiones, sueños, deseos, necesidades. Y lo aprendemos desde pequeñitos.
Esa es nuestra cultura.
Ha llegado el momento de invertir el proceso, siguiendo a Nietzsche, pero desde otro ángulo bien distinto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario