miércoles, 28 de enero de 2015

El cuerpo

Veamos: ¿Qué dice Descartes acerca del cuerpo?


Siguiendo en línea con Platón, estructura la realidad en tres sustancias, una de ellas la res extensa o materia, cuyo atributo principal es la extensión con longitud y tamaño; otra es la res cogitans cuyo atributo fundamental es el pensamiento y por último, pero no por ello menos importante está la sustancia infinita o sea Dios.
Digo que sigue la estela de Platón, porque al igual que aquél postula la división del ser humano en cuerpo y alma, sustancias separadas bien distintas. El alma posee la capacidad de dudar, imaginar, fantasear, aprender, soñar, desear, estar triste o alegre etc; el cuerpo actúa como una máquina, esto es, sigue las leyes de la física y la mecánica.

Dicho esto, os preguntaréis ¿qué tiene que ver todo esto con el amor?

- Buena pregunta-
Y es que el amor, sostengo no puede darse sin un cuerpo, más tampoco sólo y únicamente a través del cuerpo. 
Un amor real, auténtico, sea o no platónico, sea o no cristiano, aristotélico, spinozista etc, etc, no puede ser descontextualizado de la presencia continua, dinámica, asombrosa de la extensión de uno o varios cuerpos. Y es que el amor no puede estar alejado de la materia, solipsista, refugiado, lejos de la "cárcel" corporal. 

Sin embargo, ¿qué sería del amor en estado puro?
¿Sabríamos distinguirlo? ¿Llegaríamos a percartarnos de su presencia?
¿Cómo lo disfrutaríamos? 
Porque aún cuando el amor no sea correspondido, uno lo siente, y lo siente a veces intensamente, en su corazón, en su vientre, en sus entrañas.
Su mente vive llena de ese amor, haciéndose omnipresente en la vida cotidiana, hasta el punto de que se convierte en el filtro por medio del cual existimos, organizamos el día a día, crecemos y morimos.

Partiendo de la base de que no comparto esa radical diferenciación entre cuerpo y mente, situándome más cerca de Aristóteles-Spinoza-Sponville que de Platón-Descartes- Sto. Tomás, postulo la necesidad de plantar cara a los que defienden la idea de que es posible vivir un amor enteramente espiritual. Y la prueba la tenemos en los  grandes místicos, quiénes han amado al Señor con toda su alma y su corazón, pero también con su cuerpo, o si no pregúntenselo a Sta. Teresa de Ávila o a Simone Weil, quién afirma en su biografía que en cierta ocasión se sintió poseida por el mismísimo Dios, y eso que ella ni siquiera alcanzó al Bautismo, entre otras cosas, además de la originalidad de su pensamiento, por su pronta muerte a causa de una tubercolosis. 

El cuerpo está siempre en el aquí y el ahora del amor. Otro ejemplo lo tenemos en El Banquete de Platón, y tantas y tantas novelas de amor; Llevado al cine, la fotografía, la escultura, la pintura y el arte en general. El soporte sigue siendo el mismo, la materia. 

Pero la materia no corrompe el amor, antes bien, lo ensalza, elevándolo al altar de nuestro sacrificio trastemporal y trascendental. 
Si en algo nos parecemos a Dios es precisamente en nuestra capacidad de amar. Dios también ama los cuerpos de sus hijos e hijas cristianos.

sábado, 24 de enero de 2015

Matar al egoísmo

¡Qué difícil!



Pero si queremos alcanzar una vida plena, hemos de "morir" un poco frustrando nuestro deseo, para renacer tras la renuncia, a una nueva forma de amar y de encontrarnos a nosotros mismos y a los demás.

La renuncia, eso a lo que nadie está dispuesto a claudicar, hoy en día, es la mejor manera de crecer por dentro y por fuera.

Valores, que no se nos enseñan y a los que la sociedad actual no encuentra mérito alguno. Antes al contrario, se nos empuja a imponer, arrebatar, violentar al otro, por encima de sus derechos y de nuestra dignidad como personas.


El amor honesto, franco, no es eso. El amor exige justicia. La justicia exige, ver al otro, darse cuenta, no sólo de su cuerpo, de su presencia, sino de su alma. Empatizar con él, con su dolor y con su derecho a ser él mismo, ella misma. 

¡Qué difícil! ¡Más cuán necesario!


Valores que la sociedad se empeña en ocultar, velar, ignorar, distraer de nuestra atención, nuestra conciencia. 
¡¡¡Hedonismo materialista, que no epicureano!!!

Otra forma más de tenernos controlados, avasallados a la servidumbre del capital, al negocio de la política corrupta y deshumanizada.

¡Luchemos frente a esto!
¡Reivindiquemos la fidelidad a la dignidad, a la Ética, a la frustración y al dolor moral!

viernes, 16 de enero de 2015

Caridad

En mi encuentro con la Teología arribé a la Encíclica de Benedicto XVI "Dios es
amor".



En ella hace un estudio exhaustivo de la diferencia entre ágape y eros.
El eros lo entiende como "pasión" frente al "ágape" que lo entiende como amor más allá de la materia, trascendente y trascendental, por tanto.
Sostiene que el amor cristiano dentro del matrimonio abarca ambas facetas además de la filia. Cualidad importantísima tanto en la amistad como en cualesquiera otro tipo de relación ( laboral, familiar, de pareja ).
Y que si nos quedamos sólo en el amor físico, nuestra oportunidad de encontrar a Dios en éste es muy mediocre, viviendo este amor desde la dependencia y la facticidad, sin posibilidad de engrandencer ni desarrollar nuestra esencia como seres humanos, dotados de razón y voluntad. Sería como una caricatura del amor, algo irrisorio y rebajado. Demasiado poco para todo lo que podemos alcanzar mediante el amor ágape, protagonizado fundamentalmente en el amor entre madre e hijo. Pero que con conciencia y voluntad podemos construir en nuestras relaciones personales a las que dotamos de una mayor categoría y esplendor. Y esto porque, lo que Dios quiere es que las personas seamos felices y encontremos mediante el amor lleno y valiente esa dicha, que nos hará atravesar las dificultades de la vida con mayor entusiasmo, mayor esperanza.


Los antiguos griegos también han estudiado desde tiempos inmemoriales el concepto del amor: En el Banquete, Platón analiza sobre todo el eros y la filia. Desde el discurso de Fedro, dónde hace un elogio del amor como el dios joven y bello, pasando por Aristófanes y su famoso pasaje sobre el mito de la unidad primigenia del ser humano, escindido y por tanto en eterna búsqueda de la mitad que le complemente, hasta el célebre discurso de Diotima, quién por boca de Sócrates expone la condición de "daimon" del Eros. Un amor que nos exige búsqueda de lo que nos falta, pero que si acaso, nunca podremos culminar en el mundo sensible. Otra perspectiva la ofrece el discurso de Pausanias, que se centra mayormente en el amor como philia en defensa del amor entre iguales, entre personas del mismo sexo como tipo más excelso de amor ya que lo semejante llama a lo semejante.


De cualquier modo, Eros, no puede darse sin Ágape ni éste sin Philia. Es decir que si queremos vivir el amor con plenitud y confianza, los tres aspectos tienen que estar unidos, que no fundidos, ni a lo mejor darse simultáneamente. Pues hay momentos en la vida de una pareja, familia o amigos en dónde uno de éstos prevalece por encima de los otros, sin que eso signifique que falta, tan sólo ocupa un plano secundario.
Quiénes optan por el amor a Dios experimentan un tanto de lo mismo, se le ama integrando las tres facetas, porque sino no hay verdadero amor, y máxime cuando a Dios no le vemos ni le tocamos. Pero para que sea un amor perfecto, hemos de servirnos de algún intermediario, he ahí cómo éste nos pone a disposición a nuestros hermanos, sacerdotes, y demás ministros de la Iglesia. 
La mayoría de nosotros buscamos el amor o en el eros o en la filia, casi nunca en el ágape, pues el nivel de responsabilidad que tenemos que asumir es demasiado grande y nuestras fuerzas y el concepto que habitualmente manejamos de lo bueno, excluye el sufrimiento. No obstante, el verdadero amor, lo abarca todo, como decía Nietzsche, todo está conectado: vida, muerte, dolor, amor, alegría y tristeza.
¡Una vida plena es una vida con sentido! ¡Vivámosla aún con el dolor, pero con un amor sin fisuras!

jueves, 8 de enero de 2015

¿Sin sexo y sin amor?

¿Qué pasaría si un día de repente te levantaras y descubrieras que has estado amando a la mujer o al hombre equivocado? ¿Que esa persona con la que duermes, comes, paseas, besas, hablas no es la persona "real" con la que tú soñabas, o quizás con la que a tí te gustaría estar de verdad?
 ¿Y si, después de todo, la has dejado simplemente de amar? ¿Y si, en el fondo, ya no la aguantas?.......

¿Cuántas maneras de amar hay en el mundo? ¿De cuántas maneras distintas eres tú capaz de amar?
¿Te lo has planteado alguna vez?

¿Vives contra-corriente o en favor de la corriente? ¿Vives por inercia, o con ilusión? ¿Amas a la misma mujer o mismo hombre desde tu infancia o cambias cada dos por tres? ¿Existe el amor para siempre o es solo una utopía o peor aún, un cuento chino?
¿Amamos lo que nos falta o lo que nos sobra?

Siguiendo la lectura de Comte-Sponville "Ni el sexo ni la muerte" adentrándonos en El Banquete de Platón tenemos que Eros es una suerte de semidios que ama y persigue aquello que le falta, pero que nunca llega a poseer del todo, ya que precisamente en cuanto el deseo es consumado aparece el "tedio" en términos de Schopenhauer. Es decir, que si algo te falta lo reclamas, buscas y te obsesionas, pero una vez alcanzado deja de atraerte. De este modo, el amor en pareja es algo imposible, porque cuando el otro esta ahí, a tu lado, deja de interesarte, ya no lo echas de menos. Mientras que si te falta, sufres al no tenerlo.


¡Que pobre concepto del amor! ¡Y qué imposible!

¿Será que al ser humano solo le atrae el proyecto de amor por imposible?
¿Qué es lo que define en esencia al deseo? ¿No es acaso la falta, la imposibilidad de su satisfacción y por ende su goce?

Dice Sponville que él no comparte este modo tan pesimista de amor, pero reconoce que es realista. Yo sustancialmente tampoco. Platón ofrece un análisis cáustico pero creíble del concepto pragmático del amor. 
Yo pienso, que si bien el enamoramiento es sufrimiento cuando el otro nos falta, puede subsistir en el tiempo si es debidamente alimentado, si no lo consumimos como si de un objeto se tratara, si nos contenemos desde la inteligencia emocional y planeamos lo que queremos, más allá de lo inmediato, de lo instintivo. Sin embargo,  lo que nos pasa, a menudo,  es que pronto desistimos de expresar, mostrar nuestro potencial para amar. Nos acomodamos, "tiramos la toalla" y pensamos que el amor es eso, ¡vivir el momento! independientemente de los principios, de los valores, de los objetivos o metas que queremos alcanzar en la vida, independientemente de la "cabeza". Por tanto, amar es "perder la cabeza", mas luego nos damos cuenta de que "hemos metido la pata" y que ése o ésa no es "nuestra pareja ideal", ni siquiera es alguien a quién amamos de verdad, y entonces vienen "los madre mia".
Pero, claro, para cuando nos percatamos ya están presentes los hijos, -"víctimas"- algunas veces de "nuestras locuras" de amor, o de nuestras tonterías, simplemente por no "pensar". ¡Y es que hace falta un poco más de Descartes en nuestras vidas, y menos quizá de Freud o Nietzsche!

En línea con estas ideas me viene a la memoria una cita de una consultante mía que un día me escribió, a tenor de su enamoramiento:
Me alimento mas que de tu cuerpo desnudo, de tu presencia, tu compañía, mas que de tu sexo, de tu mirada, tus manos, más que de tus besos, de tus abrazos.
Prefiero mil veces tenerte que desearte, hablarte que saborearte, disfrutarte que perseguirte, amarte en silencio, que vencer tu resistencia a la escucha, la palabra al silencio, lo claro a lo oscuro, lo santo a lo erótico, en definitiva prefiero Ágape a Eros. Porque si elijo lo segundo jamás alcanzaré la dicha de alcanzar tu amor, sino tan solo y por breves momentos tu pasión, pero después tu ira, el olvido y la castración.

jueves, 1 de enero de 2015

¿Se puede ser adicto a Dios?

Arriesgada reflexión, ¿no creen?


Porque ¿de qué estoy hablando exactamente?

¿Quién o quiénes son adictos a Dios?
¿Los curas, las monjas, el Papa Francisco?

¿Los fieles que acuden a la Iglesia con regularidad?

¿Aquéllos que han entregado su vida por sus principios? ¿Sus ideales?
  ¿O es resultado de  su evasión a su aflicción?

¿Incapacidad para comprometerse con el prójimo de carne y hueso que vive aquí y ahora en el mundo real?

¿Acaso falta de sensibilidad y credibilidad?

¿Por qué nos resulta tan extraño y tan difícil de entender que haya gente que crea radicalmente en sus principios?
¿Son una especie de "rara avis"?

Lo paradójico es no entenderles. Porque ¿quién no quiere ser inmortal?

Ante el vacío existencial más profundo se les abre esta otra puerta a la inmortalidad.

¿Es su respuesta al miedo a la muerte?

 ¿Miedo o temor a permanecer en lo oscuro del averno por siempre jamás?

La conciencia de nuestra fragilidad más absoluta, nuestro vacío existencial, el hecho de estar abocados a la muerte (Heidegger-Sartre), nos conduce a cualquiera de nosotros a esa búsqueda sin fin por querer alcanzar la inmortalidad. 
En esto algunos persiguen fines eternos, otros no tanto, prefieren lo mundano, hay quienes se enfrascan en la literatura, otros en el trabajo, etc, etc.
Según el psicoanálisis, a la mayoría nos resultará del todo imposible volver a ese estado de plenitud del que gozábamos en el seno materno. Las adicciones no son más que un pretexto inconsciente por regresar, mas infructuoso. 
Otros, más conductistas, opinan que el vacío responde a una pérdida absoluta de sentido, y que entonces, lo mejor sería, bien vaciarse del todo, bien llenarse por completo de alguna filosofía o creencia. 
Sin embargo, si nos empeñamos en querer llenar el vacío, en lugar de adentrarnos, profundizar en él, nunca saldremos airosos. Y esto es así porque el vacío no existe, no está, su esencia consiste en su no existencia, al contrario de lo que pasa con Dios, que su esencia es su existencia.
El vacío por definición no existe, es lo absurdo de la cuestión también, porque pretendemos llenar algo que desconocemos. Y que hemos aprendido a temer.
Si consiguiéramos desaprender el concepto, quizás dejaríamos de huir, de sufrir por su causa. Y nos centraríamos ya más "ligeros", liberados, en saborear los momentos que sí son.

¿Por qué no nos hacen caso?

¿Me llamas por teléfono?


Cuando todo falla, ¿qué nos queda?
Cuando el cielo se pone, ¿qué nos queda?
Cuando pierdes el tren del amor ¿qué te queda?


Estaba yo pensando,  después de una larga jornada, como siempre, en la penumbra de mi habitación, si habrá o no habrá Dios.

En estos días de vacaciones navideñas, en algunos hogares, la soledad se siente penetrante, igual que la desesperanza y la nostalgia. Es entonces cuando resuena el egoísmo de algunos familiares, amigos o conocidos, con los que hemos compartido, mas de eso pasó ya algún tiempo.
Uno se pregunta, ¿qué será de aquél o de éste?, le invoca, quisiera saber de él o de ella, pero abandona la idea, apenas formulada y no le llega a llamar. ¿Falta de coraje? ¿Orgullo?
 Tampoco dejo de asombrarme ante el cinismo de otros, que aún después de haber vivido experiencias y momentos bonitos, se dan la vuelta y miran hacia otro lado.

¿Por qué será?

¿Es acaso un signo de nuestro modo de vivir el presente?

¿Pasaremos a la historia por ser una sociedad individualista, adictiva y deshumanizada??

Quizás.

Pero yo aún prefiero optar por el optimismo y seguir creyendo que todo es cuestión de tiempo y que las grandes promesas no pueden ser cumplidas al instante sino que requieren de nuestra fe en el ser humano y por ende en nosotros mismos, -algunos también pudieran creer que la respuesta se haya en Dios-. 
Para dar mayor valor a la espera hay que alimentarse del amor a los ideales y los principios que uno mismo se ha forjado. En definitiva, aceptar que no siempre sucede lo que uno quiere y cuando lo quiere, sino que cada cosa tiene su momento, su lugar y su cuándo.