Miró por la ventana, expectante, esperándolo. Como cada tarde, como cada mañana.
El solía alargar sus pasos con un ligero movimiento de pies que le hacía tambalearse graciosamente hacia
un lado primero y luego hacia otro.
Simulaba un mono chiquito que colgaba de una a otra rama de un pequeño árbol artificial en el zoo de
una diminuta ciudad. Sin embargo, su mirada era irónica, su rostro distante.
Su fisonomía reflejaba el tedio que acontecía a esos hombres extraordinarios que, negada la sorpresa,
restan admiración por la mujer amada.
un lado primero y luego hacia otro.
Simulaba un mono chiquito que colgaba de una a otra rama de un pequeño árbol artificial en el zoo de
una diminuta ciudad. Sin embargo, su mirada era irónica, su rostro distante.
Su fisonomía reflejaba el tedio que acontecía a esos hombres extraordinarios que, negada la sorpresa,
restan admiración por la mujer amada.
Ella lo sabía, lo había contemplado en el brillo opaco, casi mate de su mirada desde hacía días, semanas,
meses quizás. Pero no acababa de creérselo, no quería creérselo.
meses quizás. Pero no acababa de creérselo, no quería creérselo.
Entristecida, carcomida su alma por la inquietud y la angustia, mantenía asida y bien asida la manga
de la camisa del hombre, su hombre, que lo había sido hasta el día aquél en el que su mirada cambió
y se tiñó de aburrimiento.
de la camisa del hombre, su hombre, que lo había sido hasta el día aquél en el que su mirada cambió
y se tiñó de aburrimiento.
Entre los muchos quehaceres de ella figuraba la enseñanza; en el dintel de su puerta se leía: maestra
particular de chicos jóvenes desde los 12 hasta los 17 años.
Como cada mañana se levantaba con el alba, le gustaba contemplar el amanecer desde su cocina, una
cocina llena de humos y olores penetrantes, porque su fachada colindaba con el bar de la esquina que servía los mejores desayunos de la ciudad:
churros servidos con delicioso chocolate caliente al aroma de canela, bacon y salchichas ahumadas, tortilla de patatas, etc. Por extraño que pareciera, a ella ese olor le desagradaba, por lo que se apresuraba en plegar la ventana, mas por ágil
que fuera no podía impedir del todo la filtración de los primeros humos, los que emanaban de la
plancha calentada con mantequilla y otros aceites poco nobles, aún antes de que consiguiera cerrarla.
Era una maniática del aire limpio y libre de fritangas.
No obstante, como cada mañana, no alcanzaba a sujetar su penetrante olor.
particular de chicos jóvenes desde los 12 hasta los 17 años.
Como cada mañana se levantaba con el alba, le gustaba contemplar el amanecer desde su cocina, una
cocina llena de humos y olores penetrantes, porque su fachada colindaba con el bar de la esquina que servía los mejores desayunos de la ciudad:
churros servidos con delicioso chocolate caliente al aroma de canela, bacon y salchichas ahumadas, tortilla de patatas, etc. Por extraño que pareciera, a ella ese olor le desagradaba, por lo que se apresuraba en plegar la ventana, mas por ágil
que fuera no podía impedir del todo la filtración de los primeros humos, los que emanaban de la
plancha calentada con mantequilla y otros aceites poco nobles, aún antes de que consiguiera cerrarla.
Era una maniática del aire limpio y libre de fritangas.
No obstante, como cada mañana, no alcanzaba a sujetar su penetrante olor.
Ese día, justamente ese día, no esperaba ninguna llamada de él. Era consciente de que lo había fastidiado
todo una vez más.
Precisamente el día anterior, por “necia”, -se decía-, porque no había logrado adivinar en la débil y tenue
insinuación de él su imperiosa necesidad.
Para colmo, ese día además, a ella también le apetecía, pero sin saber cómo ni porqué, se negó.
todo una vez más.
Precisamente el día anterior, por “necia”, -se decía-, porque no había logrado adivinar en la débil y tenue
insinuación de él su imperiosa necesidad.
Para colmo, ese día además, a ella también le apetecía, pero sin saber cómo ni porqué, se negó.
Había leído, recientemente en algún sitio, que había que hacerse la dura, que los hombres no se
enamoraban de aquellas mujeres a las que cualquiera pudiese convencer y llevarse al huerto;
Ella debía ser diferente a las demás y no acostarse a las primeras de cambio.
enamoraban de aquellas mujeres a las que cualquiera pudiese convencer y llevarse al huerto;
Ella debía ser diferente a las demás y no acostarse a las primeras de cambio.
Así que, de nuevo, tenía ante sí uno de esos días, tan frecuentes por desgracia últimamente, en el que se
lo iba a pasar mirando el whattsapp,
vigilante a un mensajito o una llamada de él, que finalmente no llegaría, por lo que pasaría el día
desesperada, rogando para que al menos a la noche le escribiera unas ínfimas y humillantes palabras, deseándole buenas noches.
lo iba a pasar mirando el whattsapp,
vigilante a un mensajito o una llamada de él, que finalmente no llegaría, por lo que pasaría el día
desesperada, rogando para que al menos a la noche le escribiera unas ínfimas y humillantes palabras, deseándole buenas noches.
¡Qué patético! se decía, pues a pesar de todo, no era tan pusilánime ni inconsciente. Reflexionaba acerca
de lo lejos que se hallaba entonces de la osadía de su primera juventud.
de lo lejos que se hallaba entonces de la osadía de su primera juventud.
Había aprendido a aceptar la manipulación de él. Mientras que él había aprendido a acostumbrarse a los
cambios de humor de ella.
cambios de humor de ella.
Al principio nunca había sido desconsiderado y grosero, pero ahora.... pareciera que si alguna vez se
viera obligado a serlo no le importara demasiado.
Era como si un haz de luz fría y polar se hubiesen apoderado de su alma.
viera obligado a serlo no le importara demasiado.
Era como si un haz de luz fría y polar se hubiesen apoderado de su alma.
Contra todo pronóstico aquélla tarde todo se alteró:
Él la llamó. Sin embargo, ella no respondió ni a la llamada ni a sus mensajes, gestándose, a partir de ese
momento la semilla del intercambio de roles.
Pasando de perseguidora a perseguida, y de perseguido a perseguidor.
momento la semilla del intercambio de roles.
Pasando de perseguidora a perseguida, y de perseguido a perseguidor.
¿Cómo fue posible?
Pocas horas antes de la hora habitual señalada en la que él solía entrar en contacto con la mujer, ella tomó
una importante decisión:
Se largaría de ese lugar para siempre, sin dar señales de vida, decididamente, sin mirar atrás. ¡De una vez
por todas! -se dijo-.
una importante decisión:
Se largaría de ese lugar para siempre, sin dar señales de vida, decididamente, sin mirar atrás. ¡De una vez
por todas! -se dijo-.
Y es que esa misma tarde volvió a enamorarse. Concibió un amor grande y maravilloso, que la obligó a
no pensar más en él y menos de esa forma tan destructiva.
Conoció al grande entre los grandes, al único, al exclusivo, a aquél que de verdad era imprescindible;
Que no ataba, no infravaloraba, no envenenaba.
no pensar más en él y menos de esa forma tan destructiva.
Conoció al grande entre los grandes, al único, al exclusivo, a aquél que de verdad era imprescindible;
Que no ataba, no infravaloraba, no envenenaba.
Un amor de principio a fin, libre, infinito, incondicional, pleno y abierto a toda experiencia. Un amor que
entre los humanos jamás fue experimentado.
entre los humanos jamás fue experimentado.
Las palabras de Él resonaron con vehemencia en su cabeza, llenándolo todo, increíblemente claras y
distintas. " TÚ ERES LA NIÑA DE MIS OJOS".
distintas. " TÚ ERES LA NIÑA DE MIS OJOS".
¡Vaya! se decía María Luisa a sí misma. Éste no fanfarronea, éste habla de verdad. Es astuto.
_"Tú tienes todos los talentos, todos los misterios, todas las capacidades"_. Simplemente por ser mi hija.
¡Tú vales! ¡Ve al mundo y háblales de MI!
Ella comprendió enseguida, rápidamente dejó todo, redes, trabajo, hijos y marchó tras él, buscando
siempre la línea del horizonte que nunca se apaga ni se aleja.
siempre la línea del horizonte que nunca se apaga ni se aleja.
Dios mismo te visita, dijo el ángel, y ella lo creyó. Lo creyó de lleno, de pleno; de este modo su FE la
salvó del abismo de su propia existencia, vacía y vanal.
salvó del abismo de su propia existencia, vacía y vanal.
Entonces sintió un gran placer y un gran alivio. Pues por fin lo había conocido. Sabía que desde ese día y
de ahora en adelante, ya no habría nada en el mundo,
ni en el sublunar ni en el supralunar, que ella no pudiese descubrir y aprender.
de ahora en adelante, ya no habría nada en el mundo,
ni en el sublunar ni en el supralunar, que ella no pudiese descubrir y aprender.
¡Ya no lo necesitaba, no necesitaba a nadie en absoluto!
Podía ser autosuficiente, pues había encontrado dentro, en su corazón, el tierno regalo del amor de Dios,
inconmensurable, enorme, trascendente.
inconmensurable, enorme, trascendente.
Pero, ¿qué estaba pasando en realidad?
¿Era real aquello por lo que luchaba, aquello en lo que seguía creyendo, o era mera ficción?
¿Sería verdad eso de que solo funcionaba bien en la cama?
¿O acaso era una inútil para amar como Dios manda?
¿No lo intuía? ¿La habían enseñado o no había querido aprender?
De lo que no tenía ninguna duda era de lo bien que lo pasaban juntos. Lo pasaban muy pero que muy
bien entre las sábanas y también en los encuentros fortuitos
en el asiento de atrás del portentoso vehículo que él traía, eventualmente, mientras forcejeaban al quitarse
la ropa.
bien entre las sábanas y también en los encuentros fortuitos
en el asiento de atrás del portentoso vehículo que él traía, eventualmente, mientras forcejeaban al quitarse
la ropa.
Mas el amor no era eso,- se decía-, el amor era sacrificio, entrega, dedicación, dádiva. ¿Por qué si no iba
a esmerarse tanto ella en escoger las palabras perfectas,
el momento perfecto, la imagen perfecta, para cada instante que intentaba comunicarse con él?!!!!
a esmerarse tanto ella en escoger las palabras perfectas,
el momento perfecto, la imagen perfecta, para cada instante que intentaba comunicarse con él?!!!!
¡Que hastío! - pensaba- ¡Déjalo ya! “¡Cuanto trabajo da amar! Y total ¿para qué??? ¿Será que no todos
sabemos amar? ¿No todos tenemos ese talento?
Mas ¿hay que tener un talento especial para ello?”
sabemos amar? ¿No todos tenemos ese talento?
Mas ¿hay que tener un talento especial para ello?”
Su historia transcurría en ese ir y venir, desde ella misma hacia él y vuelta a empezar.
Ese es el concepto de amor romántico que había interiorizado y que no la dejaba ser feliz. Porque, por
una parte, no le permitía ser esclava. Y por otra, sin embargo,
la hacía más que nunca, ya que le negaba la posibilidad de ser feliz con un hombre, arrastrándola al
abismo de la pena, la soledad, la miseria solipsista de sus negros pensamientos.
una parte, no le permitía ser esclava. Y por otra, sin embargo,
la hacía más que nunca, ya que le negaba la posibilidad de ser feliz con un hombre, arrastrándola al
abismo de la pena, la soledad, la miseria solipsista de sus negros pensamientos.
¡¡Basta ya!! - concluyó-.
Súbitamente decidió que no iba a ser ya nunca más una víctima. Que lo más lejos que un hombre o una
mujer pudiera estar de Dios sería siendo precisamente eso, pesimista
y deprimiéndose.
mujer pudiera estar de Dios sería siendo precisamente eso, pesimista
y deprimiéndose.
Su penúltimo encuentro no resultó. Ella no quiso; Se negó sin querer. Y él se fue con otra; A charlar, a
reír, no a follar, pero se fue y se divirtió. Con ella no,
ella solo le traía problemas.
reír, no a follar, pero se fue y se divirtió. Con ella no,
ella solo le traía problemas.
Decididamente y definitivamente tenía que cambiar por su bien, y el de las personas que amaba. Tenía
que cambiar.
que cambiar.
Mientras debatía consigo misma se encontró con aquél ángel. Un espíritu de Dios que llegó veloz como
el viento, y vino para traerle vida y vida en abundancia.
el viento, y vino para traerle vida y vida en abundancia.
Justo en la habitación de enfrente había una pequeña capilla, brillaba la luz del atardecer cuando un rayo
airosamente atravesó el rostro de Jesús proyectando miles
de lucecitas de colores que sobrevolaron el espacio hasta anegarlo todo, iluminando la habitación en
penumbra.
airosamente atravesó el rostro de Jesús proyectando miles
de lucecitas de colores que sobrevolaron el espacio hasta anegarlo todo, iluminando la habitación en
penumbra.
Repentinamente la descubrió, al levantar la vista de aquéllas amarillentas páginas escritas a mano de la
tesis que se prometió un día acabar desde hacía ya tanto tiempo
pero no culminaba. Al alzar la cabeza para coger un vaso de agua fresca debido al calor y al sofoco de
la siesta, se topó de bruces con aquella visión.
tesis que se prometió un día acabar desde hacía ya tanto tiempo
pero no culminaba. Al alzar la cabeza para coger un vaso de agua fresca debido al calor y al sofoco de
la siesta, se topó de bruces con aquella visión.
Y entonces lo supo: “No hay mayor amor que el amor pleno, el incondicional y verdadero”.
Y su vida transformó su rumbo. Ocupó otro lugar. Su alma viajó por el espacio sideral alcanzando las
nubes, nubes de color de rosa.
nubes, nubes de color de rosa.
Entonces fue cuando emergió cual sirena de la tenebrosa caverna del olvido del amor. Recobrando su
esencia para irse a buscar otros lugares, otros paisajes, otras personas,
dónde perderse y abandonarse al diálogo socrático.
esencia para irse a buscar otros lugares, otros paisajes, otras personas,
dónde perderse y abandonarse al diálogo socrático.
Esa, precisamente, fue la forma en que ganó, pues él volvió al fin, y ya nunca más se apartó. Porque
encontró ese brillo resplandeciente en su mirada. Esas ganas de vivir,
ese Espíritu. Un nuevo aura que la encumbró a las alturas.
encontró ese brillo resplandeciente en su mirada. Esas ganas de vivir,
ese Espíritu. Un nuevo aura que la encumbró a las alturas.
