sábado, 18 de febrero de 2017

Amar, lleva su tiempo





¿Cuándo se empieza a amar más a un hijo?
¿Hay fecha de comienzo, fecha de término?


No sabemos...
Supongo que para cada caso será distinto.

En mi caso he sido recientemente consciente de ello. A partir del momento en el que te das cuenta de que ya no hay marcha atrás; de que el tiempo se nos escapa.
Ellos crecen, y de repente, te encuentras frente al espejo que ya no refleja nada, pues no les ves.

Eso pasa un día cualquiera, y entonces piensas, que aún te queda, que no es demasiado tarde, que los puedes recuperar....

¡Ingenuidad!

Los recuerdos se convierten en un drama, el mismo drama de la vida; Ensoñaciones, relatos..., suspiros.

Y te preguntas, ¿y ahora qué?

Te percatas a duras penas, de cuánto les quieres, y te planteas un comienzo.
Pero no hay comienzo, al igual que no hay final, simplemente les amas; porque el tiempo en estos casos es relativo, relativo a una historia con protagonistas, a los que vas conociendo poco a poco. Y así te encuentras ante una realidad que no sospechabas.
Ya es demasiado tarde; no tiene remedio, les quieres, y mucho, quedando un trocito de tu corazón quebrado de dolor porque sabes lo que llegará.
El amor duele, tanto si lo tienes como si no.

¡Mas vale tenerlo, ¿no?!
Pero es que además te das cuenta después, transcurrida la experiencia, transcurrido el momento, la convivencia o lo que sea.

Nuestro cerebro es lento para advertirnos, o quizás sea esa su esencia.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Sin tiempo para amar

Casuística contemporánea.

Mil y una ocupaciones, frenesí.
Pareciera que no tenemos ni siquiera tiempo para vivir todo en una vida.
Son tantas las ansias, tantas las experiencias que no nos queremos perder, ¿renunciar?
¿a qué ? ¿por qué?

Nuestros sueños son infinitos....

Queremos vivir cual si fuéramos incansanbles, incombustibles, inmortales.

Paradoja inconmensurable:

¿Que es la vida? Un frenesí... contestaba Calderón de la Barca, .. Una ilusión, una sombra, como afirmara también Platón.

Las sombras somos ahora nosotros, prisioneros de nuestros deseos, nuestras aspiraciones, nuestra ambición;
Queremos llegar a todo, y llegar más y más, como si en el llegar encontrásemos la felicidad.

Pero, entonces, ¿qué de un cafe, una tertulia, una oración, una carta de amor, un paseo por el campo, una comida caliente?

Se ha perdido.
Se ha perdido el tiempo, se ha perdido la esperanza.

Y no es por falta de valores, o de responsabilidad, ¡ojo! no, es por falta de sentido común.
Por falta de conciencia, porque no sabemos distinguir con claridad lo importante de lo trascendente.
Lo lleno de lo vacío, lo crucial de lo relativo.
Andamos todos confundidos y confusos.


¿Es éste el precio a pagar por el progreso?
¿Este el coste de nuestra existencia, llena de cosas vacías, y a la vez repleta de lujos?
¿Somos acaso más dichosos por el simple hecho de poseer y rellenar huecos de nuestra existencia cada día?

Correr, ¿adónde? Correr ¿para qué?

Lo siento, no puedo charlar contigo, no puedo ir a verte, no puedo hablar contigo por telefóno más de 15 minutos. Lo siento, no tengo tiempo.
¡Qué triste nuestra realidad! ¡Que triste en lo que se ha convertido! Lo peor es que lo hemos permitido nosotros.

No hay tiempo para el amor, porque el amor lleva su tiempo, necesita su Tiempo.....sus miradas, sus besos.
El amor es poesía, mas la poesía se gesta con el pasar de los días, con tiempo.