Algunos profesionales de la psicología conocen este análisis que hace Kaprman acerca de los roles o papeles que podemos o solemos adoptar segun nuestro aprendizaje, hábito o compulsión.
Estos son: El rescatador o salvador, el perseguidor y la víctima.
Podriamos pensar que el mejor de todos es el de salvador, sin embargo, admite Karpman, ninguno de ellos es mejor que otro. Todos pueden resultar disfuncionales, cuando se usan como medios para alcanzar fines poco saludables o que favorecen un patrón de conducta nocivo.
Por ejemplo, si yo actuo de salvadora con mis hijos, pero quiero a toda costa verme recompensada por ello, no estoy actuando desde la equidad, ni desde la incondicionalidad, sino desde mi desajuste emocional: "necesito a toda costa sentirme querida y que me quieran, y para ello hare uso de todos los recursos que encuentre a mi alcance, sean estos o no correctos, sanos o disfuncionales.
El perseguidor se expresa a través de la crítica, el reproche o la recriminación. Suele pensar que está actuando de manera correcta, ya que sólo intenta que corrijas tu conducta. Sin embargo, a veces, no controla el uso de su fuerza o bien ésta es absolutamente destructiva.
En lugar de argumentar, te avasalla, te anula, impidiéndote cualquier tipo de crecimiento personal o autonomía.
Por último, jugar el papel de víctima te colocará en una posición de inferioridad frente al otro, que hará que éste rapidamente adopte la figura de perseguidor o de salvador. Mientras tú piensas que no vales nada y que dependes de los demás, del valor o reconocimiento que éstos te otorguen.
No quisiera estar en el pellejo de la víctima. Porque te "machacan".
Sin embargo, según Karpman, todas las personas en algún momento de nuestra vida jugamos alguno de éstos roles.
La cuestión es: ¿lo sé? ¿me doy cuenta?
Podriamos pensar que el mejor de todos es el de salvador, sin embargo, admite Karpman, ninguno de ellos es mejor que otro. Todos pueden resultar disfuncionales, cuando se usan como medios para alcanzar fines poco saludables o que favorecen un patrón de conducta nocivo.
Por ejemplo, si yo actuo de salvadora con mis hijos, pero quiero a toda costa verme recompensada por ello, no estoy actuando desde la equidad, ni desde la incondicionalidad, sino desde mi desajuste emocional: "necesito a toda costa sentirme querida y que me quieran, y para ello hare uso de todos los recursos que encuentre a mi alcance, sean estos o no correctos, sanos o disfuncionales.
El perseguidor se expresa a través de la crítica, el reproche o la recriminación. Suele pensar que está actuando de manera correcta, ya que sólo intenta que corrijas tu conducta. Sin embargo, a veces, no controla el uso de su fuerza o bien ésta es absolutamente destructiva.
En lugar de argumentar, te avasalla, te anula, impidiéndote cualquier tipo de crecimiento personal o autonomía.
Por último, jugar el papel de víctima te colocará en una posición de inferioridad frente al otro, que hará que éste rapidamente adopte la figura de perseguidor o de salvador. Mientras tú piensas que no vales nada y que dependes de los demás, del valor o reconocimiento que éstos te otorguen.
No quisiera estar en el pellejo de la víctima. Porque te "machacan".
Sin embargo, según Karpman, todas las personas en algún momento de nuestra vida jugamos alguno de éstos roles.
La cuestión es: ¿lo sé? ¿me doy cuenta?

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