lunes, 29 de septiembre de 2014

Marihuana

A raíz de mis últimas lecturas "Recobra tu intimidad" de A. Wilson Shaef ; "He buscado y he encontrado" de Carlo Carretto ha cambiado mi manera de ver el mundo emocional. 

La autora del primero afirma que el amor comprometido mal entendido puede conllevar, en esta Era un desajuste emocional porque el sujeto adicto a las relaciones no se siente capaz de vivir la intimidad con la pareja de forma sana y congruente. Abandona sus principios y sus valores con tal de "salvar la relación o permanecer en ella". En verdad, distingue entre dos tipos de "adictos a las relaciones": los que mariposean y padecen "anoxeria afectiva" y los que se apegan a una sola persona, a la que adoran y son capaces  incluso de entregar su vida por ella.

Conocí a una mujer de mediana edad, que en su juventud tuvo "muchos novios", esto es, iba de relación en relación, a veces abandonaba ella, otras era abandonaba, y tras cada fracaso su "espíritu" y su autoestima se empequeñecían. Se sentía casi como un deshecho humano.  Quién era ella estaba en función de quién la amaba. 
Con el paso del tiempo se casó, pero no tuvo suerte, su marido no la quería lo bastante, empezó a distanciarse, a rechazarla,  su deseo se apagó hasta el punto de dejarla morir de inanición.
Finalmente pidió el divorcio, y se lió con un muchacho joven, adicto a la marihuana. Solía ir a visitarla a la hora de la cena casi a diario. Nada más llegar se sentaba en la cocina y se liaba un porro, entonces lo encendía con los niños pequeños de ella delante, sin importarle si "esa rutina" podría afectarles o no. A ella ese gesto no le agradaba, pero consentía por temor a quedarse sola otra vez. Esperaba ese momento, la llegada de él, durante todo el día, así que casi no le importaba su "vicio" con tal de que estuviera amable y le hiciera el amor, después de acostar a los niños. 
El colmo de los colmos fue, cuando en una ocasión se fueron un fin de semana a la playa con el hijo  más pequeño de ella . Éste tenía un fuerte resfriado, pero eso no impidió que se "lo pasaran bien", por mucho que llorara.
Pienso, no fue consciente hasta mucho después, de su gran deterioro emocional, ético y espiritual. En pos del "amor", en realidad adicción, había desterrado de sí hasta lo más sagrado, el amor de una madre hacia sus hijos.
Ahora está en tratamiento y ha mejorado bastante. 
Pero antes de eso, tuvo que vivir todavía otras adicciones, como por ejemplo la del apego ansioso - obsesivo por un adicto a la evitación, que ya dejo para otro capítulo.

La segunda lectura me ha ayudado a entender la urgencia que tenemos las personas por encontrar el sentido de la vida, interrogante que está muy relacionado con la siguiente cuestión: ¿ Y qué tiene de malo fumar marihuana?


Si fumas con moderación, no tiene porqué ser malo, pero cuando tu vida gira en torno a la consecución de la droga, independientemente de a quién o a quiénes perjudique tu consumo, controla tu vida, tu economía, tu motivación, te incapacita para estudiar o emprender algún negocio, te amodorra, etc, etc, entonces, sí es un problema de salud grave. 
Si a eso añadimos la relativización del  sentido de tu existencia porque la perdiste cuando aún no habías crecido mentalmente, la situación empeora.  Mi criterio, sin duda sería el de buscar ayuda terapéutica y médica.
Los adictos se unen entre sí para sostener su adicción y no enfrentarla. Una vez que la confrontas con lo real, la vergüenza y el espanto aporrean tu corazón y ya no vuelves a ser el de antes. El diálogo con un buen profesional contribuye a la desmitificación de la misma.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Amores imposibles

Una vez estaba yo sentada a la entrada de una gran plaza cercana a la catedral de una conocida ciudad de México.


Por allí pasaban muchos transeúntes. De repente vi a una mujer que caminaba cabizbaja, con la cabeza cubierta por un velo color púrpura y un vestido de tirantes. Parecía cansada, triste.
Se paró delante de mi, con la mirada perdida, parecía no saber adónde ir. Se quedó allí unos instantes, tras los cuales, pasó de largo, sin mirarme siquiera.
Yo la observé, y entonces tuve un impulso, corrí tras ella hasta alcanzarla, me planté delante explicándole quién era y que pretendía alcanzar con mi brusco requerimiento.
Ella, dudó, pero enseguida se avino a dialogar conmigo y a contarme la "historia" que la había llevado hasta ese lugar, en busca de paz y sosiego para su alma.

De joven, había perseguido la ilusión de amar intensamente a su marido, para toda la vida, por siempre jamás, fueron sus palabras. Sin embargo, con el transcurso de los años, esa ilusión de juventud se había tornado en amistad, compañerismo, compromiso para criar a los hijos. Llegada la madurez, sentía un amor sereno hacia él, pero ya no estaba entusiasmada. Se aburría de sus manías, sus pequeñeces, la rutina diaria; Fue entonces, cuando empezó a trabajar en un sitio nuevo, allí había gente muy diversa, polifacética, distinta a lo que ella estaba acostumbrada. Uno de sus compañeros, comenzó a bromear insistentemente con ella, intentaba provocarla, seducirla, conquistarla. Ella al principio pensó que el "tipo aquel parecía gracioso", apenas le prestaba atención, hasta que un día consintió en ir a tomar café con él. Para su asombro, aquel señor, penetró su alma como nunca nadie lo había hecho antes. Desveló al instante sus inquietudes, sus temores, expectativas y deseos, fue como si la conociera de toda la vida. La comunicación que sostuvo con él durante esas casi dos horas fue determinante. Al despedirse, tuvo la certeza de que se había enamorado;  Enamorado locamente.
Por desgracia, ese  amor estaba condenado a fracasar, ya que era del todo imposible. El estaba casado, casado con Dios. 
Lo terrible de esta historia es que resulta ser más habitual de lo que parece. No concretamente la circunstancia de que sea sacerdote, pero si la "realidad" de que esté casado. ¡Cuántas mujeres no habrá en el mundo, y hombres que aman apasionadamente a alguien a quien no pueden tener!
¿Por qué sucede esto? ¿qué nos atrae? ¿lo prohibido? ¿lo que no podemos conseguir ni siquiera nombrar?

Pienso que ya no nos conformamos con la vida que llevamos, los tabúes se han roto, las reglas también. Nietzsche anunció "la muerte de Dios", desde entonces, las sociedades contemporáneas dan lustre a los ídolos del relativismo, por tanto, no es de extrañar que nos empecinemos en lo imposible,  y si encima está prohibido, mejor. 
El ser humano necesita amar y ser amado. "Amarás al prójimo como a ti mismo" dice el Evangelio. Pero amar no es poseer. Y si entonces no lo es, ¿se puede amar más de allá del espacio real, de la materia?
Podríamos decir, que podemos trascender quiénes somos a través del amor. Platón en La República nos habla de esta Idea de Amor, un Amor entendido como El Bien. 
Mas sujetos como estamos a la corporeidad, ¿cómo lo hacemos? ¿cómo librar esta batalla sin salir heridos? o ¿sin morir en el intento?
¿Existe el amor, más allá de nuestras miserias mundanas? 
¿Un amor infinito, trascendental?

Sin duda, ese es el camino para abandonar nuestras adicciones. Pero exige mucha voluntad, la voluntad de poder nietzscheana y shopenhauriana junto a la transmutación de los valores relativistas.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Cadenas







Él le entregó una notita que decía: "¿Te gustaría ser nuestra perra sumisa? Llámanos al nº de telefóno : ????????? y quedamos luego, vamos a pasar un rato juntos fantástico; Besos y azotes de Lilith y Demian. Ella debía repartirla a las posibles candidatas con las que se encontrara casualmente, por la calle. 
Vestía de manera atrevida, con sandalias de plataforma negras y tacón de aguja; vestido rojo, sin ropa interior. El iba muy casual, normalito, podía pasar desapercibido sino fuera por el hecho de que iba acompañado de una mujer espectacular, en el sentido de "llamativa".
Iba cogida del brazo de él, porque temía resbalar y caerse; No estaba acostumbrada a caminar con esos tacones. Por si esto fuera poco, él le había colocado  un plug en su ano, un collar de "perra sumisa" y unas esposas de cuero color rojo vibrante.
Caminaban por la acera por una de las más conocidas y visitadas plazas de Madrid, la de Manuel Becerra.
Era verano. 
Y afortunadamente para ella, nadie contestó al reclamo, "Normal", ya que tan sólo se la dio a dos personas. 
Practicaron sexo BDSM y por la noche acudieron a un local privado muy especial, según él.

Ella se sentía algo inquieta, quizás atormentada. No había sido como aquélla otra vez que le visitó en la que sí disfrutó. En esta ocasión no había gozado. Además ya no era la misma, no se movía solo por impulsos. Ahora, sentía en su interior una fuerza sobrenatural, un valor, una seguridad, desconocidas hasta entonces.  Empezaba a sentirse libre. Dueña de su vida.
Sin embargo, esto podría significar un retroceso. ¿Por qué estaba allí?, ¿A qué había ido? ¿Qué buscaba realmente?

Por su mente pasaron imágenes de Cristo, la Virgen y otras figuras religiosas, fue como un flash procesional. Eso no la detuvo, de repente se vio en el interior de aquél local, semidesnuda, con una toalla alrededor de su cuerpo. Le llamó la atención una lámpara que colgaba del techo, quiso hacer una foto, pero su Amo se lo impidió. En ese sitio no estaba permitido hacer fotografías. Había otras parejas, algunas, en la barra, que no llevaban la toalla, que parecía el uniforme del lugar, otras, como ella sí la llevaban. Los hombres exhibían su torso, las mujeres no (¡menos mal!, pensó). Se sentía como en una nube; No se reconocía asimisma, tan solo había tomado un par de cubatas, pero a pesar de haber dicho que sí, era como si allí no estuviera su alma, su esencia, su verdadero yo, sino tan solo su cuerpo, del cual hacía horas que se había separado, escindiéndose en dos, para que no le afectara esta singular experiencia.

El Amo exigió le hiciera una felación a la vista de otras personas, hasta que ella se quejó y marcharon hacia un lugar apartado de la vista de los curiosos. En teoría él esperaba que ella "se ofreciera en bandeja a otros";  "Cual perra sumisa", que era, fueron sus palabras. Mas ella consiguió zafarse y aunque se sintió humillada, pudo salir de allí antes de que su acompañante cambiase de opinión. Subieron a un taxi y se alejaron del "siniestro lugar".
Más tarde en la habitación del hotel recuperó el control sobre sí,  fue verdaderamente consciente de la "enorme tontería que había hecho" y se prometió asimisma nunca más volver allí ni dejarse pisotear por ningún otro ser humano, en pos de conseguir qué: "¿amor?",  ¡¿qué risa? y ¿qué verguenza?!
¿Aún lo dudaba?, ese hombre, la había utilizado, no la amaba ni la amaría jamás, y practicar sexo con él ni siquiera había sido divertido. 
Así que huyó de aquél luqar lo más pronto y rápido que pudo. Al atardecer del día siguiente había terminado la pesadilla.
Su corazón solitario había descendido hasta el "infierno",  consiguendo escapar;  Desde entonces, ha iniciado la tarea de reconstrucción de su alma.

jueves, 18 de septiembre de 2014

El amor incondicional

¿No es éste el tipo de amor al que aspiramos todas las personas?

Un amor sincero, entregado, paciente, no esclavo, profundo, no egoísta, confiado, seguro.....





Algunos pensaréis, "-éste tipo de amor no existe-". -"No es real, no es humano"-.

Otros, "aquí veo representado el amor fraternal de padres a hijos".
El amor de hermanos, e incluso, el amor de Jesús a toda la Humanidad, diría la Biblia.

Pues bien, amigos/as, el amor radical existe, pero exige una continua y completa elaboración de nosotros mismos, sobre todo, porque exige fe, confianza en la capacidad personal de perdonar y de elaborar los obstáculos y las dificultades que acarrea la vida física: (el trabajo, el esfuerzo, la disciplina, la impaciencia, las responsabilidades, las dudas, los pensamientos irracionales ...)

¿Se trata, entonces, de una amor abtracto, filosófico?

En cierto modo, aunque no quisiera afirmarlo así. Sino que me inclino a pensar que es un amor valiente y trascendente. No sujeto a la carne ni a la materialidad.

Yo he sido invitada a buscarlo, y confío en encontrarlo.

El peligro está en convertirlo de nuevo en una adicción, algo sin lo cual no se puede vivir.

Ahí radica todo el meollo de la cuestión: depender de "lo que sea" no es verdadero amor, porque no nos libera, nos enreda, antes bien. 
Las personas estamos acostumbradas a amar desde la obligación, el miedo, la necesidad de poseer, de "hacerlo mío". Por ello sufrimos tantas decepciones. No sabemos esperar, perdemos la confianza en el mañana. Sólo pensamos en vivir el momento presente, y éste no siempre es agradable, porque entre otras cosas, no le sabemos buscar "lo que de agradable tiene".
Siempre queremos más, aspiramos, ansiamos, con exigencias. Entonces ya, a partir de aquí, ese sentimiento hermoso se convierte en una esclavitud que nos encierra en la prisión del dolor, de la espera desesperada.

sábado, 6 de septiembre de 2014

¿Amistad, después del divorcio?

Hace unos años, conocí a una pareja muy peculiar; 
Él vivía solo, tras su divorcio. Tenía por única compañía a un gato siamés, que por cierto, fue gata durante algún tiempo, pues nadie le había dicho lo contrario.
De su matrimonio, después de casi 17 años y dos separaciones, la última de las cuales, termino en divorcio, le quedaron dos hijos preciosísimos.
El no había vuelto a salir con nadie, pero su pareja había tenido dos relaciones posteriores a su ruptura. La última de las cuales terminó como "el rosario de la aurora".
Los chiquillos habían tenido "tres padres" distintos, ya que las parejas de ella habían ocupado ese lugar durante un tiempo.
Al final, ambos decidieron poner un poco de cordura en todo ese embrollo y acordaron unir fuerzas para criar y educar a los hijos que aún no alcanzaban la pubertad.
Así que empezaron a compartir casa y a compartir tareas relativas a la crianza y a la educación. Ella pasaba mucho tiempo fuera de casa, pues era una mujer muy activa e inquieta intelectualmente, con gran deseo de aprender y conocer mundo. Frente a él que era muy casero y bastante pasivo. Por lo tanto, les parecía que ese "apaño"  podía dar grandes frutos.
Sin embargo,  como es obvio no contaron con ciertos inconvenientes inherentes a esa situación. Por ejemplo, las habladurías, las incompatibilidades,  las discusiones, los celos, la venganza, las luchas de poder, el deseo de querer ser más "guay" que el otro progenitor etc, etc. 

Por encima de todo esto, les unía su amor a sus hijos y el deseo de que éstos sufrieran lo menos posible a causa de su divorcio.






La sociedad no está preparada todavía para comprender que dos personas que ya no se quieren ni comparten lecho, puedan, no obstante, seguir luchando juntos para beneficio de los hijos. Lo que "se lleva" es más bien, dejar de hablarse, ponerse verdes, no colaborar, tener otras parejas, y entonces, la sociedad entiende que están divorciados y lo acepta.

El perdón, la colaboración, la compasión o la amistad están lejos de ser caminos viables para dos personas, que un día rompieron su compromiso sentimental. 
Sin embargo, hay que valorar los pros y los contras subyacentes a esa decisión, egoísta e intolerante. 
Yo no soy quién para juzgar las decisiones y estilos de vida que eligen los demás. Creo que cada cual anda su camino como sabe y como puede. 
Pero es tan importante crecer, y contemplar el horizonte, antes que quedarse en la superficie de nuestras miserias íntimas solipsistas.

Valga esto como reflexión.

La crianza es una labor imborrable e irreductible en sí misma, y si no que se lo digan a los maltratadores que han sido maltratados.

Si bien, no todo está perdido hay diversas instituciones y personas que pueden ayudarnos a reeducar nuestro espíritu.

martes, 2 de septiembre de 2014

Divorcio

Éste es uno de esos días en el que me place compartir con vosotros, una cada vez más habitual, experiencia.

Hablo del divorcio:



Cuando dos personas se declaran su amor y su deseo de unirse en matrimonio evaden por lo general, el planteamiento de ciertos temas serios, tales como: ¿¿¿¿¿qué opinas tú acerca de la educación de los hijos, qué pasa si yo tengo que trabajar también por las tardes, quién se ocupará de la casa, quién hace la compra, cómo repercutirá en la pareja si uno de los dos, por motivos de trabajo tiene que pasar una temporada viviendo lejos. Quién se levanta a medianoche si llora el bebé, etc, etc????

Cierto romanticismo envuelve la relación durante los primeros meses o incluso años de noviazgo, lo cual no facilita la asunción de la responsabilidad ni tampoco clarifica los márgenes de ese compromiso.

Nos precipitamos hacia adelante, dejándonos llevar  a lo mejor por familiares y amigos y, hete aqui, frente al altar o el juzgado , dando el sí quiero.

De igual modo, algún tiempo después descubrimos nuestras incompatibilidades, nuestras miserias, y entonces, ¿qué? Pues resulta que volvemos a tirar por el camino más facil, el de la infidelidad, la huida, el juego, las drogas, el sexo, o incluso por qué no el deporte o la religión.

Os preguntaréis que tiene que ver esto con la adicción al amor?

Pues, bastante. Pongamos por caso,  que uno de los miembros de la pareja es  adicto al amor, manifiesta además un apego ansioso importante hacia el otro, no "quiere perderlo". En tanto, su compañero, se "deja querer", o tiene claramente una pulsión hacia la evitación. 

Estas características de personalidad o llamésmolas rasgos amatorios, si no se abordan desde el principio van a constituir un grave obstáculo para la relación futura. 

Vivimos en la cultura del todo vale, y del que cuando algo ya no  nos sirve, lo tiramos. 

Pero, ¿qué pasa si hay niños de por medio?
¿Por qué es tan complicado pensar en su bienestar?
Podemos argumentar que lo hacemos por ellos, que eso de estar todo el día discutiendo no les hace ningún bien. 
Mas, acaso ¿les hace algún bien, que los padres utilicen el divorcio como un arma arrojadiza contra sus hijos, manipulándolos e ignorando sus necesidades?
Los niños, necesitan, sobre todo, estabilidad. 
No entiendo, porqué algunos padres olvidan esto. Y se pasan el día inventando nuevas formas de "joder a su ex". 

Cuando, lo más sensato sería establecer una línea de convivencia lo más flexible y tolerante posible. Vivir con responsabilidad la decisión tomada, pues se supone que ya entonces sois ambos, más maduros, y preocuparse por la salud emocional de los hijos, para evitar en la medida de lo posible, replicar el mismo esquema.