A raíz de mis últimas lecturas "Recobra tu intimidad" de A. Wilson Shaef ; "He buscado y he encontrado" de Carlo Carretto ha cambiado mi manera de ver el mundo emocional.
La autora del primero afirma que el amor comprometido mal entendido puede conllevar, en esta Era un desajuste emocional porque el sujeto adicto a las relaciones no se siente capaz de vivir la intimidad con la pareja de forma sana y congruente. Abandona sus principios y sus valores con tal de "salvar la relación o permanecer en ella". En verdad, distingue entre dos tipos de "adictos a las relaciones": los que mariposean y padecen "anoxeria afectiva" y los que se apegan a una sola persona, a la que adoran y son capaces incluso de entregar su vida por ella.
Conocí a una mujer de mediana edad, que en su juventud tuvo "muchos novios", esto es, iba de relación en relación, a veces abandonaba ella, otras era abandonaba, y tras cada fracaso su "espíritu" y su autoestima se empequeñecían. Se sentía casi como un deshecho humano. Quién era ella estaba en función de quién la amaba.
Con el paso del tiempo se casó, pero no tuvo suerte, su marido no la quería lo bastante, empezó a distanciarse, a rechazarla, su deseo se apagó hasta el punto de dejarla morir de inanición.
Finalmente pidió el divorcio, y se lió con un muchacho joven, adicto a la marihuana. Solía ir a visitarla a la hora de la cena casi a diario. Nada más llegar se sentaba en la cocina y se liaba un porro, entonces lo encendía con los niños pequeños de ella delante, sin importarle si "esa rutina" podría afectarles o no. A ella ese gesto no le agradaba, pero consentía por temor a quedarse sola otra vez. Esperaba ese momento, la llegada de él, durante todo el día, así que casi no le importaba su "vicio" con tal de que estuviera amable y le hiciera el amor, después de acostar a los niños.
El colmo de los colmos fue, cuando en una ocasión se fueron un fin de semana a la playa con el hijo más pequeño de ella . Éste tenía un fuerte resfriado, pero eso no impidió que se "lo pasaran bien", por mucho que llorara.
Pienso, no fue consciente hasta mucho después, de su gran deterioro emocional, ético y espiritual. En pos del "amor", en realidad adicción, había desterrado de sí hasta lo más sagrado, el amor de una madre hacia sus hijos.
Ahora está en tratamiento y ha mejorado bastante.
Pero antes de eso, tuvo que vivir todavía otras adicciones, como por ejemplo la del apego ansioso - obsesivo por un adicto a la evitación, que ya dejo para otro capítulo.
La segunda lectura me ha ayudado a entender la urgencia que tenemos las personas por encontrar el sentido de la vida, interrogante que está muy relacionado con la siguiente cuestión: ¿ Y qué tiene de malo fumar marihuana?
Si fumas con moderación, no tiene porqué ser malo, pero cuando tu vida gira en torno a la consecución de la droga, independientemente de a quién o a quiénes perjudique tu consumo, controla tu vida, tu economía, tu motivación, te incapacita para estudiar o emprender algún negocio, te amodorra, etc, etc, entonces, sí es un problema de salud grave.
Si a eso añadimos la relativización del sentido de tu existencia porque la perdiste cuando aún no habías crecido mentalmente, la situación empeora. Mi criterio, sin duda sería el de buscar ayuda terapéutica y médica.
Los adictos se unen entre sí para sostener su adicción y no enfrentarla. Una vez que la confrontas con lo real, la vergüenza y el espanto aporrean tu corazón y ya no vuelves a ser el de antes. El diálogo con un buen profesional contribuye a la desmitificación de la misma.

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