jueves, 26 de marzo de 2015

Los sentidos


Del "Crepúsculo de los ídolos" capítulo “La ‘razón’ en la filosofía”, apartados 1, 4 y 6 de Nietzsche

"Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, ‑la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! ‑ ¡Y sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable "idée fixe" [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!..." (…)

Mas, me pregunto ¿habrá algo más auténtico que el cuerpo? ¿más sincero que el lenguaje de los sentidos?
La sensibilidad, considerada antaño como un "mal" ha revertido en la actualidad en pura ideología. Su endiosamiento carece de armonía; Falta de equilibrio, adolece de "sentido". ("Ni tanto ni tan calvo")

En palabras de A. Comte-Sponville, toca "inventar una alternativa" intermedia entre lo que sería la castración del cuerpo, la inhibición entendida como castidad, y la entrega a Dionisos, Dios del culto al derroche sensual, al sexo sin medida ni miramientos, (consecuencia posible: embarazo no deseado y su posterior aborto menos deseado aún).

El enemigo no es Eros. Ya que, entre Apolo y Dionisos, elegir Eros podría estar bien, siempre y cuando no nos convirtamos en esclavos del mismo; Negar la sensualidad puede llegar a ser como no querer el bien para quién nos hace el bien, de lo que a resultas estaríamos frente a una disciplina pobre y empobrecida. Aunque arrojarse a los brazos de "cualquiera" embebidos en alcohol o drogas hace de nosotros unos burdos esclavos.
Si la opción es abandonar la esclavitud, hemos de abandonarlas todas. No rechazar una para sucumbir a la otra. 
El amor ordenado si, pero sin exclusividad. Esto es, sin reducirlo a los márgenes del matrimonio santificado en Dios. ¿Que quiere esto decir?
Pues que amar de verdad, no puede quedar confinado a los márgenes de ésta o aquélla religión. En verdad que no es lo mismo seguir a un Amo que a Dios, pero cerrar los ojos ante el mundo constituye una venda en todos los casos. 
Yo no hablo de erotismo ni de sensualidad, ni de sexo sublimado de atracción erótica, sino de"Amor real".
Castidad sí, pero no prohibición contra natura.

Las leyes de la naturaleza son leyes divinas, como ya afirmara Sto. Tomás, en la Suma Teológica, por tanto, ¿por qué ir contra ellas?

¿Qué propósito esconde Dios al ofrecer al hombre esa "naturaleza" sensible?
Entonces, ¿por qué "ese temor" a desobedecer a Dios, cuando es el mismo Dios el que nos hace entrega de nuestra sexualidad?

Lo que pasa es que vivimos en un mundo de lo más confundido en estos términos, dónde se confunde el deseo, la pasión, con la verdadera naturaleza del amor. Dónde enajenados, alienados por el "consumismo sexual" permitimos el reinado de la heteronomía en nuestras decisiones. Privados del más mínimo criterio del sentido de lo correcto o adecuado, nos embarcamos en un  ir de acá para allá, de una pareja a otra, entendiendo por querer lo que no es más que resultado de nuestra necesidad instintiva. Autorizando un "querer" no autónomo. Victoria del instinto que nos esclaviza.

¡Conciencia, conciencia, frente a Instinto! ¡ Voluntad frente a ideología manipulativa!

Solución: Un raciovitalismo al estilo orteguiano. Traducido en ¡Esperanza en el Amor real!



sábado, 14 de marzo de 2015

Amor casto

Relato de una experiencia no cotidiana:

Aquella noche fue trascendental; Humillada, sometida, no en espíritu sino en cuerpo, obligada a satisfacer los deseos de un Amo incruento pero obsesionado con la dominación, se abrió ante mí la experiencia de la redención, a través del arrepentimiento y la vergüenza. Tras esto vino el perdón y la misericordia de Dios, lo cual me liberó de mis cadenas físicas y psicológicas y me transportó al paraíso de la auténtica vida en paz conmigo misma y con el mundo. 
¡Del castigo a la Gloria!!
El siguiente paso fue abrir mi corazón a la confesión. 
Poco a poco, sin dilación, mi alma fue buscando la paz, encontrándola en la lectura de los Evangelios y la Santa Misa. 
Como consecuencia mi mente se expande, mi dicha florece, mi alma reposa en  "Cristo rey", de tal modo que ya no me siento atada a nada ni a nadie. La liberación de mis miedos, la contemplación de mi dignidad, la plenitud del encuentro conmigo misma; Me llevan a comprender el verdadero sentido del amor casto, aquél que no se desentiende del mundo, porque  vive para adentro. Mas no para afuera, no para la carne, no para la materia, sino para el espíritu.
Alguna vez has de probarlo, quizás tras la jubilación, con la viudedad, la soltería elegida o la consagración a Dios.

Hay quiénes sin ser solteros ni estar consagrados a la Virgen o a Dios llevan una vida "casta" donde las haya, resultado quizás de su timidez o de la falta de atrevimiento. Quizás por causa del aburrimiento con su pareja. O en casos peores porque ya no aman a nadie, a pesar de que a veces conviven dentro del matrimonio e incluso comparten el mismo lecho. Duermen el uno junto al otro,   sin apenas rozarse, sin hablarse, sin deseo, sin honor.

El amor casto cuando es forzado no tiene mérito, desde mi punto de vista. Otra cosa muy distinta  es que se elija esa vida. 
Esa manera de estar en el mundo, sí es "atrevida", paradójica, en el controvertido mundo de escenas sensuales que rondan por doquier, en el cine, la literatura y el arte en general. La publicidad está servida, con su "al desnudo".
¡Qué raro resulta en este contexto  apostar por la castidad!
Inevitablemente surge la pregunta o la duda:  ¿De verdad guardarán el celibato?
¿Por qué ese sacrificio?
¿A quién agrada? ¿Cómo algo así puede ser exigido por Dios?
¿En qué consiste el matrimonio con Dios?

Preguntas que carecen totalmente de sentido cuando contemplas la magnificencia del amor divino. 
¡Descubrirlo a El destruye todos los miedos, todas las angustias e inquietudes!
Igual que no podemos asir con nuestras manos el ancho del mar, tampoco podemos atrapar y encapsular el amor de Dios en un concepto,  al estilo de los racionalistas, pero tampoco se trata de una experiencia sensible del modo empirista.
 ¡ Vacío de la posesión, de la exclusividad!
Llena del todo de su amor no sacrificas nada. Ese vivir pendiente del otro, siendo el otro un ente espiritual te sostiene en la virtud de la felicidad aristotélica.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Rutina

¿Quién no se ha levantado alguna vez pensando? : ¿Otro día más? ¿De nuevo la misma rutina?



De pronto me viene a la cabeza  porqué es tan fácil para algunas personas enamorarse a primera vista.
 Un análisis detallado me lleva a detenerme en el hecho de que las personas enamoradizas quizás lo único que estén buscando sea una huida hacia adelante alejándose del presente, del ahora, que vive sin esperanza y en el más puro aburrimiento.
Falta esa emoción, esa chispa, ese desconcierto que genera en nosotros un aliciente nuevo, que haga resurgir en nuestro yo íntimo la ilusión por vivir . 
Cuando el torrente sanguíneo se acelera provocando una descarga de adrenalina si le vemos, o se acerca, o bien, cuando tenemos la expectativa de volver a verlo/a. Entonces, si efectivamente aparece, nos alegramos de verdad, dotando de sentido no solo ese instante, sino a lo  mejor hasta el resto del día, por el contrario si no, nos ensimismamos, entristeciéndonos casi, para volver a fantasear con  otro momento posterior.
Porque el ser humano está hecho para amar, para sufrir amando y no puede ser indiferente a la belleza de ese despertar.
Lo que pasa es que a veces nos obsesionamos con un amor particular, o con la idea del rechazo y el abandono. Enamorándonos entonces de personas inalcanzables, lejanas, "locas" o casadas. La patología asoma desde algún lugar de nuestro inconsciente, haciéndose eco en nosotros de algo que no "anda bien del todo". Encontrando en nuestra euforia artificial una "coraza" para no desvelar nuestra "enfermedad".
La patología más frecuente del siglo XXI no es la depresión, ni el suicidio, aunque estos abunden, sino la adicción, disfrazada de la máscara que sea. Da igual, que sea la coca, el tabaco, el alcohol o el amor insensato. Uno puede amar incluso lo invisible, como hacen los santos, o por qué no, un icono, una foto, un mito, a Dios....
El punto está en que si no amamos perecemos, cayendo en el gran vacío existencial, el hastío de nuestras vidas que se vuelve insoportable.
Pero otros pudieran argumentar que a veces, el amor se convierte en odio y entonces la adicción estriba en evitar a esa persona, renegar su presencia, aborrecer incluso el olor de su piel infiltrado en ese instante en que cruzas una palabra con ella/el,  le  das la mano o intercambias una mirada. Su "aroma" penetra brutalmente ese espacio llegando incluso a la náusea.
Pero en lugar de echar a correr, perseveras en la emoción, porque en definitiva la muerte, la soledad, el vacío, vienen a ser peor.
Con tal de "sentir" te vuelves un ser irracional y miserable, cobarde hasta la médula, cerrado al horizonte de lo desconocido.
Un examen más pormenorizado del tema me lleva a preguntarme ¿por qué no queremos estar solos?, ¿por qué no sabemos vivir amándonos a nosotros mismos?, ¿por qué nos enfrascamos en una relación de amor-odio por no querer enfrentarnos a nuestras miserias? o ¿por qué la locura del amor envuelve cada vivencia que tenemos?.

¿Qué tiene el amor para hacernos olvidar quiénes somos? ¿No es acaso la droga más poderosa?
Por medio de él nos trasladamos a los  paises más extraordinarios; Otorga una nueva presencia a nuestra vida, la reviste de esplendor, mas cuando no es correspondido, también nos sirve de distracción. 
¿No estaremos quizás ante la globalización del amor como "distracción", como huida? ¿No es esto una consecuencia de nuestra renuncia a la libertad existencialista?