martes, 15 de septiembre de 2015

El hogar



¿A qué llamamos hogar?


¿Qué le pedimos a un hogar para que sea "hogar"?



Un sentimiento de pertenencia, de seguridad, de apoyo, confianza, bienestar, claridad, sinceridad, honestidad, cariño, generosidad, entrega, comprensión...

Frente a envidia, celos, rencor, malhumor, ambición, competitividad, orgullo, impaciencia, mezquindad, incomprensión, falta de cariño, desamor, lucha, ....

Un hogar en estado puro, evidentemente no puede existir.

Quizás el primer estado sea el que bien podemos definir como "hogar", ante la negativa a llamar hogar al segundo.
Sin embargo, nos encontramos con situaciones o espacios comunes donde la mezcla de ambos es manifiesta.

Si bien, ya somos adultos como para entender que la debilidad y la fragilidad humana es grande, y que por tanto, difícilmente alcanzaremos en todo momento nuestro más noble ideal de amor familiar, no por ello debemos abandonarnos en manos del segundo estado sin presentar resistencia.
Nuestra lucha, pues debe centrarse en hacer de nuestro hogar un lugar "sagrado"; alimentando desde lo profundo de nuestro corazón y nuestra mente el convencimiento de que sin esfuerzo, sin disciplina, sin empeño no vamos a alcanzar la meta.

Es fácil quejarse, despotricar, burlarse e ironizar sobre lo que no tenemos o incluso sobre lo que tenemos y rechazamos. Tendemos a comparar nuestra situación con la de tantos otros, y así nuestra conciencia se relaja y deja de molestarnos, es la vía más sencilla y cómoda para dejar de intentarlo, abandonar y no construir desde el amor, sino a lo sumo seguir ocupando un espacio, un lugar, un cuarto en nuestra casa, con la esperanza de que ese "relleno" baste por sí solo.
Es como cuando algo en la vida no nos va bien, nuestra relación de pareja, nuestra amistad, nuestro trabajo, y optamos por el "ya se arreglará todo".

Eso no es vivir, perdonad que sea tan franca, vivir es mucho más, requiere de un compromiso por nuestra parte, una aceptación de nuestra responsabilidad en esa tarea, la nuestra que es nuestra vida, y en este caso, llevar a cabo la acción de provecho que necesita nuestra familia para estar sana.
Y no es una utopía, es una incomodidad a veces, un dejar de ser yo, para ser nosotros, una pérdida de mi subjetividad, mis gustos, mis apetencias, en pro de nuestros deseos, apetencias, gustos y subjetividades diversas.
Hay que empezar por lo más cercano, "nosotros" para con esta base sólida, dirigirnos hacia lo social y ser capaces de "arreglar" lo de afuera.

Mientras que podemos calificar de verdadera locura, intentar arreglar primero el tejado para después hacer los cimientos de nuestra casa, la sociedad, el planeta.
Algunos ciudadanos no estamos preparados.
Lo primero y fundamental es el "yo", el "nosotros" y después "los otros".
Mi hogar, nuestro hogar, nuestra Tierra.
El cemento más importante a utilizar es el AMOR.
Y no hablo de egoísmo sino de amor, un amor generoso hacia lo que somos, un amor misericordioso hacia quiénes somos y una voluntad libre de crecer y superarnos. Solo el amor sana, repara, hace crecer, permite la superación.
Alejémonos del odio, también del odio hacia nosotros mismos.

domingo, 30 de agosto de 2015

La gratuidad



Seamos honestos: Cuando nos comportamos generosamente con el otro, ¿no esperamos acaso algún premio?

¿Damos algo gratis?

A decir verdad, todos queremos que nos den cosas gratis.

Incluso, aún cuando nos sobre, o ya tengamos de "eso".

Esa atención, ese gesto, nos revela el reconocimiento del otro, su estima, su cariño. 
De repente, importamos. 

Recurso muy utilizado por el  marketing: Las grandes  empresas lo saben muy bien, ya que si ofreces algún producto como gratuito, las probabilidades de llevarte a un cliente al huerto, son mayores.
Es una técnica de ventas muy utilizada actualmente. El archiconocido 2X1 por ejemplo.

Otra es la táctica de solicitar un donativo, y casi siempre, la gente responde bien, estimulada por el "honor" o la comparación con el otro.


La pregunta clave aqui es ¿hay algo en verdad que sea gratis?

¿El amor, la misericordia de Dios, son gratis?

Sin ánimo de ofender a nadie, pues la pregunta muestra su radicalidad, yo diría que no.
Me atrevo a afirmar que nada es gratis, que a pesar de la intención de incondicionalidad, siempre se paga un precio.
Ahora bien, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar?

¿El perdón, el repudio, la alegria del retorno o la condena del que se aparta para nunca volver?.

¿Una noche de hotel, una cena, las vacaciones de verano, a nuestro mejor amigo....?

¿La salvación de nuestra alma ?

Este orden no es casual; A veces nos la jugamos por asuntos de lo más absurdos,  nuestra ceguera llega a tal punto que ahoga nuestra razón en medio de las pasiones.
Metemos la pata... 

Conclusión: Kant no estaba equivocado, en este mundo ninguna voluntad es santa;

Sin embargo, ¿lo estaba Dios?
Dios entrega a su Hijo único para redimir a la humanidad de sus pecados y así evitar la  muerte eterna. En lugar de ello, nos ofrece la vida, pero eso sí, a cambio, hemos de ser buenos, cumplir sus mandamientos, siendo el primero y más fundamental: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo".

Creo que queda claro el asunto.

Espero vuestras opiniones. 

miércoles, 24 de junio de 2015

"Fanática de lo sensual"

 ¿Qué nos vende esta canción?


¡Tópicos, mitos, a mi entender superados, renacen con más ímpetu y fuerza que nunca!

El Reggaeton es un estilo musical definido en  la Wikipedia  como un modo de protesta popular; En el origen, los cantantes de reguetón usaban este género para denunciar temas sociales. Sin embargo, con el transcurso  de los años, ese propósito pareció olvidarse puesto que muchos de los estereotipos del género priorizan temas alusivos al sexo.
En la actualidad se ha convertido en un medio para recaudar dinero  fácil para las discográficas transmitiendo una falsa realidad de la comunicación humana.

Envueltos en un ritmo pegadizo y sugerente, invitan rápidamente al sexo, sin compromiso, sin responsabilidad, sin  amor.

¿Significa esto un regreso al Hedonismo? Puede, más no al Epicureísmo, que nos habla de la búsqueda de un placer superior, el más duradero, el más estable, natural y necesario para nuestro bienestar pleno, integrando lo espiritual y lo físico.

En contraposición, el mercado musical nos ofrece una serie de  video clips casi pornográficos, donde la mujer queda a la altura de,  bien una  esclava doméstica, bien una sexual.
Promesas de una falsa libertad, un falso divertimento. Pura ficción.
¿Sin riesgos?

¿Dónde queda la inocencia?

Maquillaje, perfume, lencería, champán, fotos,.....invitan de manera directa a la intimidad sexual practicamente con cualquiera, con tal de satisfacer nuestro erotismo mal entendido, nuestra pulsión "animal".

¿Se parece esto, en algo, al amor?
¿Somos realmente conscientes, en verdad, de los perjuicios que puede acarrear para nuestros jóvenes?
¿Dónde quedan los derechos de la mujer, tan difícilmente conseguidos?
Letras machistas, objetivando el cuerpo femenino, presentándolo envuelto en una apariencia sexy, lasciva casi, invitando  a la fornicación, la posesión mútua.

 Y de ellos, ¿qué imagen nos venden?
Hombres, casi indefensos, devorados por la "bestia" de la "Eva" sibilina, como si no les importara con quién "follar", da igual cómo sea ella, cómo sea él, no estamos hablando ni siquiera de un enamoramiento, es sólo encuentro, cruce o apareamiento y posterior separación.

No importa su físico, ni su intelecto, solo el poder, solo el deseo, solo el dinero y la fama. Cazar la presa, para pavonear luego, ellos y ellas; Contarlo a los amigos, contarlo al mundo entero. Divulgarlo en el Facebook.  Vanidad de vanidades. Vacío.


Mientras, otros se están enriqueciendo. Se nos es arrebatado  hasta  lo más privado, lo  más sagrado, que es nuestra intimidad sexual, nuestros principios, nuestros valores, nuestra felicidad.
¿Es otra de nuestras cegueras?
Consumismo, individualismo, mercancía, objetivación del deseo, del amor

¿Algún atisbo de amor?
Pero si ni siquiera se conocen y ya están fanteseando con acostarse juntos
¿Cuál es el modelo?
¡Qué lejos de la consideración de construir un proyecto de amor, basado en la confianza y  la entrega mutua, responsable, comprometida..

viernes, 22 de mayo de 2015

El auge de la cultura genital

La cultura hedonista arrasa.

Placer al instante y a cualquier precio.
Fuera el compromiso, fuera la fidelidad, fuera la sinceridad.

¿Problemas? ¿Para qué los quieres?

Si se presentan, pues mejor escapar, echar a correr...

Renuncia al dolor, a la espera, a la sublimación;  Rechazo a la constancia, la duración, la eternidad...

Desde todos los ámbitos y a cualquier edad, domina el  pansexualismo, generando gran confusión y equívocos acerca de qué entendemos por amor. 

¿Qué es el amor?

Unos responderán el placer, otros el hacer cosas juntos, algunos lo definirán como la persona que nos  acompaña y nos soluciona los problemas, otros, el que paga las facturas,  el padre de mis hijos, "el macho o la muñequita" que tengo a mi lado, etc, etc.

Nadie menciona o hace referencia a los costes, los sacrificios, los obstáculos, las ilusiones frustradas, -la más de las veces- , las renuncias, los hijos, la responsabilidad en su educación, los desacuerdos, las ausencias, sus hermanos, mis cuñados, los suegros, sus amigos, mis amigos, los celos, el rencor, las alegrías, los proyectos comunes, los sueños, la nostalgia, el deseo, la comunión, la comprensión, la ternura, el dolor, el extásis, la empatía, el silencio, el orgullo, el vacío, la ayuda desinteresada, etc, etc.
Todo eso y más....


Pero claro, si nos quedamos apegados a la "cama", a los juegos sexuales,  a la tendencia o  búsqueda casi con exclusividad del placer físico, desatendemos muchos y plurales ámbitos ligados al amor, deconstruyendo, des-haciendo la rica fuente nutricia del banquete del amor comprometido, pleno, filósofo, porque el amor se "hace", se construye cada día a través de la cotidianeidad, con sus ventajas e inconvenientes, por medio de un quehacer constante que exige de la entrega libre e incondicional de los dos, ordenando, organizando, existiendo el uno para el otro sin egoísmos, sin alteración, un camino suave, endulzado con las caricias y la ternura, el diálogo, la ausencia de reproches.
Lo contrario de lo que se vende, precisamente.

El amor no genera negocio, al contrario del sexo fácil y la pornografía.

miércoles, 6 de mayo de 2015

La generación de los "sin padres"

Resulta duro de admitir:
Pero la realidad supera la ficción, o mejor dicho la pesadilla: 
"Un alumno irrumpe armado con una ballesta y un machete en un instituto de secundaria en Cataluña, hiriendo a dos personas y causando la muerte a una tercera, en este caso un profesor interino que estaba haciendo una sustitución". 
Esta tragedia no es más que una consecuencia colateral, que no el efecto directo, de lo que postulo como un mal de nuestro tiempo: la soledad infantil.
Y es que muchos de nuestros hijos, hermanos, alumnos, sobrinos, conocidos y amigos se están criando sin padres.

Con esto me refiero a que nuestro ocio es cada vez más precario o escaso, apenas si nos dá para poner una lavadora o hacer la compra, menos aún quedar para tomar un café. A veces, incluso, llega la hora de acostarnos, y nos damos cuenta de que casi no hemos podido hablar con nuestros chicos.

LLenamos nuestro tiempo de tal manera y tan intensamente que ya casi hemos acabado por delegar la tarea de educar a la tele, el móvil, el pc, la tablet y en el mejor de los casos, a los abuelos, niñeras, maestras, monitores y demás "pseudoeducadores" del cada vez más grueso elenco de esta índole, - objeto de interés, ahora también, para el mercado-;

Adicción al ocio ocupado; Irracionalismo; Desenfreno, descontrol a la hora de programar nuestras actividades, que vienen a materializarse como  una imposición de la que no nos podemos enajenar, so pena de quedar excluidos del grupo.
"Es que si no voy, se lo van a tomar a mal"
"Hay que estar en todos los eventos"
"No podemos perder ripio"
Esto qué significa: Ausencia de libertad, ausencia de autodeterminación.

¿Quién gana?
El mercado
¿Quiénes perdemos?
Nuestros hijos, nosotros mismos y por ende, la sociedad en general.
No hay tiempo para dedicarlo a los demás.
Los demás, que son personas,  sujetos, no objetos, no interesan.

Lo último que faltaba ya se ha conseguido. Nos han callado la boca y la conciencia, porque estamos absorvidos, del todo, por la pantalla brillante, animada, que hasta parece una persona, hasta parece que nos comprende.

jueves, 30 de abril de 2015

Adicción al móvil

"No puedo vivir sin él"

Esta frase, que pudiera parecer exagerada, es la declaración de una mayoría de jóvenes.

El móvil ha pasado de ser un instrumento a ser un "dios".

El dicho o afirmación de que la Humanidad, en Occidente, había acabado con los "Absolutos" es falso. Ahora más que nunca podemos estar siendo dominados por un pequeño "celular".

A golpe de click nos apoderamos de cuántos artilugios, objetos, relaciones, viajes, experiencias necesitamos o creemos necesitar. De un modo simple, incruento, alcanzamos la cúspide de nuestro bienestar. Un bienestar pasajero, por otro lado, temporal, instantáneo, efímero, pero que sin duda, muchos de nosotros pensamos, "merece la pena", o ¿no?

Vivimos en la era de la aceleración, todo ha de ser rápido, vertiginoso.
Reclamamos la satisfacción de nuestro deseo, "Ya", cuál niños. Es también la era de la infantilización; la sociedad no está conformada por adultos, sino por niños grandes.
Lo queremos ya, y si no nos lo podemos procurar, nos volvemos irascibles.
Como si ignorásemos que una vez conseguido el premio, se aplacara nuestra ingente necesidad.
Como si desconociésemos que somos constitutivamente "animales insatisfechos".
Un amigo mio me decía, "tenemos ansía del amor de Dios", lo que pasa es que no lo sabemos, no nos damos ni cuenta.

Lo que hay de fondo es nuestra permanente soledad, el sabernos únicos, distintos, pero a la vez, sumidos en lo profundo de nosotros mismos. Aislados, pequeños, "miserables".
El móvil, la tablet, Internet, nos evaden de nuestra insignificante realidad, hasta el punto de que por unos instantes nos permiten convertirnos en héroes de nuestra propia historia. ¡Qué mas da si es real o no! Pudiera ser inventada. 
Lo importante no es eso, sino la creencia de que "le importamos a alguien"

La tecnología nos obnubila. Es la diosa de nuestras conciencias.
Acapara nuestra atención porque ya no hay nada que nos la capte. 
Preferimos una comunicación aséptica.
A lo mejor ese sueño de "tener sexo virtual" acaba ocupando el ideal de una "relación plenamente satisfactoria".

No seáis tontos "Nos han invadido". La profecía de Matrix es realidad.
¡Haceos cargo!

miércoles, 22 de abril de 2015

Olvido

Olvido de ti
Olvido de mi
Olvido de un nosotros que nunca existió.

Me comentaba una amiga no hace poco la reflexión a la que había llegado:
Si la clave para que desaparezca el dolor, el vacío, está en el olvido, ¡ que venga ya!
Más tampoco podemos forzar nuestras emociones hasta ese punto. Una de las tragedias de la idiosincrasia humana es nuestra incapacidad para querer o dejar de querer, recordar u olvidar a nuestra voluntad, porque nos conviene o acaso  nuestro bienestar depende de ello.

¿Podemos aprender a olvidar?
¿Qué necesitamos para olvidar?

Una de los remedios pasa por evitar la situación o a  la persona que queremos olvidar y centrarnos en otras cosas. "Aislarnos" mentalmente puede no ser suficiente, sobre todo si la razón de nuestro "malestar" estriba en una obsesión o incluso adicción. Hay que irse, alejarse físicamente también del "problema" o asunto que nos embebe el alma. En definitiva, romper.
Esto es lo que hacen algunas personas, cuando termina su relación de pareja. O cuando no pueden soportar más a su jefe. Se van, con una baja laboral,  o bien, se enfrascan en otra relación amorosa, o bien, se cuelgan con cualquier otra adicción. Se "entretienen" con los videojuegos, salen de fiesta, practican algun deporte de riesgo, se vinculan a alguna asociación o comunidad. En definitiva, buscan la evasión o huida de la situación problemática.
Porque afrontar el dolor de la separación, mirar la realidad tal cual es, tomar conciencia de su fragilidad, de su imposibilidad de control, de su impotencia para cambiar las cosas resulta a veces demasiado duro y nos puede la presión de la desesperanza.

¿Qué hacer?

Si terapéuticamente hablando tenemos que afrontar nuestros miedos, someterlos a la reflexión, tomar determinación, actuar en base a la voluntad libre, sin dejarnos esclavizar por nuestras pasiones, pues, lo tenemos crudo.
Echemos para el lado que echemos, nos toca sufrir, esto es, nos toca tolerar lo "intolerable", que somos nosotros mismos, nuestro deseo no satisfecho, nuestro goce frustrado. Nuestro anhelo volcado en la ausencia, el vacío, la nada.

¿Qué queda?

La aceptación de nuestros límites sin culpabilidad, perdonándonos por ser quiénes somos y amar lo imposible. Hay que violentar nuestras emociones, forzarlas al reconocimiento de que lo real no depende exclusivamente de nosotros, sino del juego comunitario, y que forzar al otro no es compatible con el valor del respeto y la dignidad humanas.
¡Gran tarea ésta!

jueves, 16 de abril de 2015

La tranquilidad

La vida feliz pasa por evitar los extremos y los excesos. Término medio, en opinión de Aristóteles.


Vivir para adentro que no para afuera.

Cuando uno está desnudo frente al espejo, piensa ¿por qué no salir ahí afuera y gritar?

¿Para qué complicarse la vida? ¿Para qué pensar? ¿Para qué escribir?

Tranquilidad

¿Hay alma acaso?

¿Por qué, a veces, las personas son tan ingratas, tan  egoístas?

Tranquilidad


¿Por qué luchar si todo está ya determinado?

Tranquilidad

¿Hay vida después de la muerte?
Tranquilidad

¿No estaremos ya muertos?
¿En qué consiste el vivir, y el morir y el miedo?

Tranquilidad

Ser, devenir, poder, verdad, falsedad, apego, desapego.
Tranquilidad.

Porque tú lo mereces, te mereces la Paz y el respeto.


Lo imaginario

Preguntarse. Eso y nada más.
¿Por qué más? ¿Para qué más?
El arte de la pregunta sin respuesta. Eso es filosofar.

¿Qué más da quién sea el autor, quién la víctima, qué si no es verdad?

Utopia, lugar remoto, no lugar.
Mas qué hacer sino preguntar.

martes, 7 de abril de 2015

Amor a la filosofía

"Soy ateo, de manera radical y no me vas a convencer de lo contrario".
Testimonio de uno de los psicoanalistas más convencidos del momento actual.

Hay quiénes piensan que el amor a Dios es un absurdo, porque no conocen su sentido.
Prefieren amar a Lacan, Shakespeare o Nietzsche.

Mas eligen alguno de éstos ídolos ( u otros cualesquiera)  a los que adoran, para llenar el vacío de su corazón o la "hambruna" de su inteligencia.
Vivir sin Ética no es fácil, pero sin amor, ¿quién puede?

Otro recurso está en la Filosofía. De hecho, como su mismo nombre indica, quién ama la filosofía es amigo de ella, recibe su alimento en el pensamiento, bebe de las aguas reflexivas de Kant, Platón, Sartre o Simone Weil.
Pensar responde a la naturaleza racional del ser humano. En contraposición a Hume, postulo un pensamiento ilimitado, fuente de toda creatividad y autonomía con respecto a la dimensión biológica de nuestra especie.
En la base de nuestro amor al discurso filosófico está la admiración,   nuestra tendencia a la meditación, el pensamiento o incluso al "soñar despierto" como ya dijera Descartes.
¿Quién podría desentenderse de semejante vanidad?
Deliberar, elegir, preguntar, responder, desear, amar.... son tareas que nunca llevaríamos a cabo sin la reflexion previa, sin "darle al coco".
Mas la filosofía no es solo redundancia de la reflexión, eterno rumiar de la mente, sino que  pretende llegar a algún lado, si bien no se trata de un objetivo último, ni funcional, ni pragmatista, sino que en la pregunta, en el planteamiento, está la esencia misma del para qué estamos en este mundo.
Para Aristóteles todo tiene una teleología, un fin; En el hombre estriba en la contemplación. 
En ese eterno preguntar sin término radica la idiosincrasia de la filosofía, pues a diferencia de la ciencia no busca el cómo, ni el para qué, ni siquiera el cuándo, sino más bien el por qué, y ahí está su ousía.
Otra nota característica es la insolubilidad, o la imposibilidad de llegar a la verdad absoluta, a la respuesta única, a la globalizacion de la homogeneidad. Y ahí precisamente está su verdadero sentido. 
No hay que llegar a ninguna parte, basta con pensar eso, lo que sea y ya está.
A no ser que prefiramos vivir y morir no ya como humanos sino como "animales".
¡Filosofémos, pues!

jueves, 26 de marzo de 2015

Los sentidos


Del "Crepúsculo de los ídolos" capítulo “La ‘razón’ en la filosofía”, apartados 1, 4 y 6 de Nietzsche

"Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero. Moraleja: deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia [Historie], de la mentira, ‑la historia no es más que fe en los sentidos, fe en la mentira. Moraleja: decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos, a todo el resto de la humanidad: todo él es "pueblo". ¡Ser filósofo, ser momia, representar el monótono-teísmo con una mímica de sepulturero! ‑ ¡Y sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable "idée fixe" [idea fija] de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!..." (…)

Mas, me pregunto ¿habrá algo más auténtico que el cuerpo? ¿más sincero que el lenguaje de los sentidos?
La sensibilidad, considerada antaño como un "mal" ha revertido en la actualidad en pura ideología. Su endiosamiento carece de armonía; Falta de equilibrio, adolece de "sentido". ("Ni tanto ni tan calvo")

En palabras de A. Comte-Sponville, toca "inventar una alternativa" intermedia entre lo que sería la castración del cuerpo, la inhibición entendida como castidad, y la entrega a Dionisos, Dios del culto al derroche sensual, al sexo sin medida ni miramientos, (consecuencia posible: embarazo no deseado y su posterior aborto menos deseado aún).

El enemigo no es Eros. Ya que, entre Apolo y Dionisos, elegir Eros podría estar bien, siempre y cuando no nos convirtamos en esclavos del mismo; Negar la sensualidad puede llegar a ser como no querer el bien para quién nos hace el bien, de lo que a resultas estaríamos frente a una disciplina pobre y empobrecida. Aunque arrojarse a los brazos de "cualquiera" embebidos en alcohol o drogas hace de nosotros unos burdos esclavos.
Si la opción es abandonar la esclavitud, hemos de abandonarlas todas. No rechazar una para sucumbir a la otra. 
El amor ordenado si, pero sin exclusividad. Esto es, sin reducirlo a los márgenes del matrimonio santificado en Dios. ¿Que quiere esto decir?
Pues que amar de verdad, no puede quedar confinado a los márgenes de ésta o aquélla religión. En verdad que no es lo mismo seguir a un Amo que a Dios, pero cerrar los ojos ante el mundo constituye una venda en todos los casos. 
Yo no hablo de erotismo ni de sensualidad, ni de sexo sublimado de atracción erótica, sino de"Amor real".
Castidad sí, pero no prohibición contra natura.

Las leyes de la naturaleza son leyes divinas, como ya afirmara Sto. Tomás, en la Suma Teológica, por tanto, ¿por qué ir contra ellas?

¿Qué propósito esconde Dios al ofrecer al hombre esa "naturaleza" sensible?
Entonces, ¿por qué "ese temor" a desobedecer a Dios, cuando es el mismo Dios el que nos hace entrega de nuestra sexualidad?

Lo que pasa es que vivimos en un mundo de lo más confundido en estos términos, dónde se confunde el deseo, la pasión, con la verdadera naturaleza del amor. Dónde enajenados, alienados por el "consumismo sexual" permitimos el reinado de la heteronomía en nuestras decisiones. Privados del más mínimo criterio del sentido de lo correcto o adecuado, nos embarcamos en un  ir de acá para allá, de una pareja a otra, entendiendo por querer lo que no es más que resultado de nuestra necesidad instintiva. Autorizando un "querer" no autónomo. Victoria del instinto que nos esclaviza.

¡Conciencia, conciencia, frente a Instinto! ¡ Voluntad frente a ideología manipulativa!

Solución: Un raciovitalismo al estilo orteguiano. Traducido en ¡Esperanza en el Amor real!



sábado, 14 de marzo de 2015

Amor casto

Relato de una experiencia no cotidiana:

Aquella noche fue trascendental; Humillada, sometida, no en espíritu sino en cuerpo, obligada a satisfacer los deseos de un Amo incruento pero obsesionado con la dominación, se abrió ante mí la experiencia de la redención, a través del arrepentimiento y la vergüenza. Tras esto vino el perdón y la misericordia de Dios, lo cual me liberó de mis cadenas físicas y psicológicas y me transportó al paraíso de la auténtica vida en paz conmigo misma y con el mundo. 
¡Del castigo a la Gloria!!
El siguiente paso fue abrir mi corazón a la confesión. 
Poco a poco, sin dilación, mi alma fue buscando la paz, encontrándola en la lectura de los Evangelios y la Santa Misa. 
Como consecuencia mi mente se expande, mi dicha florece, mi alma reposa en  "Cristo rey", de tal modo que ya no me siento atada a nada ni a nadie. La liberación de mis miedos, la contemplación de mi dignidad, la plenitud del encuentro conmigo misma; Me llevan a comprender el verdadero sentido del amor casto, aquél que no se desentiende del mundo, porque  vive para adentro. Mas no para afuera, no para la carne, no para la materia, sino para el espíritu.
Alguna vez has de probarlo, quizás tras la jubilación, con la viudedad, la soltería elegida o la consagración a Dios.

Hay quiénes sin ser solteros ni estar consagrados a la Virgen o a Dios llevan una vida "casta" donde las haya, resultado quizás de su timidez o de la falta de atrevimiento. Quizás por causa del aburrimiento con su pareja. O en casos peores porque ya no aman a nadie, a pesar de que a veces conviven dentro del matrimonio e incluso comparten el mismo lecho. Duermen el uno junto al otro,   sin apenas rozarse, sin hablarse, sin deseo, sin honor.

El amor casto cuando es forzado no tiene mérito, desde mi punto de vista. Otra cosa muy distinta  es que se elija esa vida. 
Esa manera de estar en el mundo, sí es "atrevida", paradójica, en el controvertido mundo de escenas sensuales que rondan por doquier, en el cine, la literatura y el arte en general. La publicidad está servida, con su "al desnudo".
¡Qué raro resulta en este contexto  apostar por la castidad!
Inevitablemente surge la pregunta o la duda:  ¿De verdad guardarán el celibato?
¿Por qué ese sacrificio?
¿A quién agrada? ¿Cómo algo así puede ser exigido por Dios?
¿En qué consiste el matrimonio con Dios?

Preguntas que carecen totalmente de sentido cuando contemplas la magnificencia del amor divino. 
¡Descubrirlo a El destruye todos los miedos, todas las angustias e inquietudes!
Igual que no podemos asir con nuestras manos el ancho del mar, tampoco podemos atrapar y encapsular el amor de Dios en un concepto,  al estilo de los racionalistas, pero tampoco se trata de una experiencia sensible del modo empirista.
 ¡ Vacío de la posesión, de la exclusividad!
Llena del todo de su amor no sacrificas nada. Ese vivir pendiente del otro, siendo el otro un ente espiritual te sostiene en la virtud de la felicidad aristotélica.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Rutina

¿Quién no se ha levantado alguna vez pensando? : ¿Otro día más? ¿De nuevo la misma rutina?



De pronto me viene a la cabeza  porqué es tan fácil para algunas personas enamorarse a primera vista.
 Un análisis detallado me lleva a detenerme en el hecho de que las personas enamoradizas quizás lo único que estén buscando sea una huida hacia adelante alejándose del presente, del ahora, que vive sin esperanza y en el más puro aburrimiento.
Falta esa emoción, esa chispa, ese desconcierto que genera en nosotros un aliciente nuevo, que haga resurgir en nuestro yo íntimo la ilusión por vivir . 
Cuando el torrente sanguíneo se acelera provocando una descarga de adrenalina si le vemos, o se acerca, o bien, cuando tenemos la expectativa de volver a verlo/a. Entonces, si efectivamente aparece, nos alegramos de verdad, dotando de sentido no solo ese instante, sino a lo  mejor hasta el resto del día, por el contrario si no, nos ensimismamos, entristeciéndonos casi, para volver a fantasear con  otro momento posterior.
Porque el ser humano está hecho para amar, para sufrir amando y no puede ser indiferente a la belleza de ese despertar.
Lo que pasa es que a veces nos obsesionamos con un amor particular, o con la idea del rechazo y el abandono. Enamorándonos entonces de personas inalcanzables, lejanas, "locas" o casadas. La patología asoma desde algún lugar de nuestro inconsciente, haciéndose eco en nosotros de algo que no "anda bien del todo". Encontrando en nuestra euforia artificial una "coraza" para no desvelar nuestra "enfermedad".
La patología más frecuente del siglo XXI no es la depresión, ni el suicidio, aunque estos abunden, sino la adicción, disfrazada de la máscara que sea. Da igual, que sea la coca, el tabaco, el alcohol o el amor insensato. Uno puede amar incluso lo invisible, como hacen los santos, o por qué no, un icono, una foto, un mito, a Dios....
El punto está en que si no amamos perecemos, cayendo en el gran vacío existencial, el hastío de nuestras vidas que se vuelve insoportable.
Pero otros pudieran argumentar que a veces, el amor se convierte en odio y entonces la adicción estriba en evitar a esa persona, renegar su presencia, aborrecer incluso el olor de su piel infiltrado en ese instante en que cruzas una palabra con ella/el,  le  das la mano o intercambias una mirada. Su "aroma" penetra brutalmente ese espacio llegando incluso a la náusea.
Pero en lugar de echar a correr, perseveras en la emoción, porque en definitiva la muerte, la soledad, el vacío, vienen a ser peor.
Con tal de "sentir" te vuelves un ser irracional y miserable, cobarde hasta la médula, cerrado al horizonte de lo desconocido.
Un examen más pormenorizado del tema me lleva a preguntarme ¿por qué no queremos estar solos?, ¿por qué no sabemos vivir amándonos a nosotros mismos?, ¿por qué nos enfrascamos en una relación de amor-odio por no querer enfrentarnos a nuestras miserias? o ¿por qué la locura del amor envuelve cada vivencia que tenemos?.

¿Qué tiene el amor para hacernos olvidar quiénes somos? ¿No es acaso la droga más poderosa?
Por medio de él nos trasladamos a los  paises más extraordinarios; Otorga una nueva presencia a nuestra vida, la reviste de esplendor, mas cuando no es correspondido, también nos sirve de distracción. 
¿No estaremos quizás ante la globalización del amor como "distracción", como huida? ¿No es esto una consecuencia de nuestra renuncia a la libertad existencialista?

martes, 10 de febrero de 2015

Humildad


Reconocer los errores, eso es ser humilde.
Aceptar los cambios...
Transigir,
Adaptarse cual camaleón a los reveses de la vida. 
Combatir la soledad y la tristeza con tus propios recursos.....
Doblarse cual espiga de trigo al son del viento, al este o al oeste, en función de la necesidad del momento. 
Eso es ser humilde.

Amar sin ambición, sin ira, sin reproche, sin amargura por lo que pudo haber sido y no fue, por lo que dejaste escapar. Ahí también reside la enseñanza de la vida; aprender de lo que fue y de lo que no fue.
Ser o no ser, tener o no tener, atesorar o rechazar.....

Esa es la maravilla del que espera, del que anhela, del que ama de modo incondicional. 
Quien no cesa nunca de amar es aquél que se descubre asi mismo cautivado por la imagen del recuerdo, de la ensoñación, de la fantasía.... Mas por alguna razón, un día cualquiera se cumple su deseo, y entonces pensará (pensaré) que ha valido la pena.

Esa es la suerte del humilde, que no cesa nunca de pelear por lo que quiere, sin abandonar su objetivo, sin abandonar su fuerza, sin limitar su conatus. Seguro de si mismo, seguro de que lo conseguirá, no importa el tiempo ni el espacio. ¡Dichoso aquél que cree en el Amor, porque de éste es el reino de la ilusión, la ilusión en una vida compartida! Más allá de lo real, más allá de lo cotidiano, más allá del aquí y el ahora. 
Porque eso no es lo importante.
La persona humilde es la que sabe esperar sin desesperar. La que se siente amada, a pesar de los pesares, a pesar de las ausencias, a pesar de la desdicha del paso del tiempo vacío, inerte, muerto....
Es la persona que ama a propósito, que tiene ese propósito, que se siente parte del Universo, y sin embargo, no reclama nada para sí, pues no es egoísta.

Ese amor incondicional es el que nos hace diferentes y a la vez, tan humanos.


miércoles, 4 de febrero de 2015

Las reglas del juego

Estaba escuchando yo el otro día una canción muy conocida del grupo ABBA, ¿Conocéis  esa titulada  "the winners take it all"?

Dice así:
I was in your arms thinking I belonged there
I figured it made sense building me a fence
Building me a home thinking I'd be strong there
But I was a fool playing by the rules

 Ahí os paso el  enlace:  http://youtu.be/0sryOCnuj7c

¿Romanticismo en la letra de esta canción?.

Narra la circunstancia del desamor; La chica llora por el amor que perdió (pero que dice haber superado), mientras él vive su vida junto a otra sin acordarse de nada, aparentemente. Fortuitamente se encuentran en la calle y ella le habla de su tristeza, de sus sueños arrebatados, del desengaño, él se siente culpable,   por lo que entonces ella se disculpa, porque en el fondo, sabía, intuía que algo estaba pasando, sin embargo, había jugado limpiamente sus cartas, mientras  él  había ocultado su falta de honestidad. Ella se había entregado por completo, frente a él que se la había jugado con otra. Ésta se preguntaba qué hacía Dios ante esto: Nada, porque Dios solo tira los dados, después no interviene, ¿es esto justo? ¿de qué Dios nos habla? No está hablando del Dios de los católicos, sino del de Lutero, ...... 
Mas después de todo él también la había amado, por eso ahora se sentía responsable, sabía de su herida , porque en cierto modo, él también había sufrido aunque no lo hubiera manifestado. 
Con todo,  las reglas son las reglas, y en todo juego, unos pierden y otros ganan. El que gana se lo lleva todo. 

¿Historia real? ¿Fantasía?

Quien sabe.

La vida está llena de historias como ésta, de amores imposibles, frustrados con desenlace fatal en ocasiones como ya contara Goethe en "Las penas del joven Werther" o Shaspekeare en Romeo y Julieta". Historias que desgarran el alma, ensoñaciones de los poetas, de los guionistas del cine, de novelistas como Stephenie Meyer quien publicara en 2005 "Crepúculo",  la primera  de una saga de 4, cuyo cúlmen de ventas hizo que fuera  llevada poco después al cine con enorme éxito
dirigida por Catherine Hardwicke, pero que tropezaría con la crítica del movimiento feminista, pues da pábulo a un ideal de mujer que espera ser salvada por un galán, y  se somete a las necesidades y prioridades de éste.

En la actualidad, vemos que la sociedad no ha cambiado tanto, y que siguen de algún modo perpetuándose valores patriarcales, tales como la virginidad antes del matrimonio, el hombre, ése ser poderoso que lo puede todo, en tanto la chica toda bondad, lucha por ganarse la confianza del amado. Todo muy idílico, por eso te engancha.
¿Podemos llamar a este amor "codependencia" , adicción o "apego ansioso"?. 
 Los mensajes son muy contradictorios, por un lado, a la mujer actual se le exige iniciativa y competitividad en el complejo mundo laboral, por otro, sumisión y pasividad en el hogar. Dureza y falta de escrúpulos frente a sensibilidad y dulzura. ¿Con qué nos quedamos?
Y por otro lado, ¿quién pierde más en el amor, cuando éste no funciona?
Porque por mucha evolución tecnológica que haya, a la mujer que anda con hombres se le sigue llamando "puta" en tanto al hombre se le otorgan medallas. 
También se dice que la mujer se expone más que el hombre en el caso de amar, pues su entrega es más incondicional. 
Supongo que no se puede generalizar en estos asuntos, pero lo que sí está claro es que aún sufrimos por amor, hombres y mujeres, siendo éste un tema que nunca pasa de moda e interesa a todos y a todas. 
No se si atreverme a decir que es el motor de nuestras vidas, porque para otros habrá otros asuntos más prioritarios, pero de lo que no cabe duda es de que sigue alimentando el arte y la filosofía, por eso os pido, queridos lectores que aportéis vuestro granito de arena, a través de vuestros jugosos comentarios. 
Muchas gracias por seguir ahí. 
Un abrazo.


miércoles, 28 de enero de 2015

El cuerpo

Veamos: ¿Qué dice Descartes acerca del cuerpo?


Siguiendo en línea con Platón, estructura la realidad en tres sustancias, una de ellas la res extensa o materia, cuyo atributo principal es la extensión con longitud y tamaño; otra es la res cogitans cuyo atributo fundamental es el pensamiento y por último, pero no por ello menos importante está la sustancia infinita o sea Dios.
Digo que sigue la estela de Platón, porque al igual que aquél postula la división del ser humano en cuerpo y alma, sustancias separadas bien distintas. El alma posee la capacidad de dudar, imaginar, fantasear, aprender, soñar, desear, estar triste o alegre etc; el cuerpo actúa como una máquina, esto es, sigue las leyes de la física y la mecánica.

Dicho esto, os preguntaréis ¿qué tiene que ver todo esto con el amor?

- Buena pregunta-
Y es que el amor, sostengo no puede darse sin un cuerpo, más tampoco sólo y únicamente a través del cuerpo. 
Un amor real, auténtico, sea o no platónico, sea o no cristiano, aristotélico, spinozista etc, etc, no puede ser descontextualizado de la presencia continua, dinámica, asombrosa de la extensión de uno o varios cuerpos. Y es que el amor no puede estar alejado de la materia, solipsista, refugiado, lejos de la "cárcel" corporal. 

Sin embargo, ¿qué sería del amor en estado puro?
¿Sabríamos distinguirlo? ¿Llegaríamos a percartarnos de su presencia?
¿Cómo lo disfrutaríamos? 
Porque aún cuando el amor no sea correspondido, uno lo siente, y lo siente a veces intensamente, en su corazón, en su vientre, en sus entrañas.
Su mente vive llena de ese amor, haciéndose omnipresente en la vida cotidiana, hasta el punto de que se convierte en el filtro por medio del cual existimos, organizamos el día a día, crecemos y morimos.

Partiendo de la base de que no comparto esa radical diferenciación entre cuerpo y mente, situándome más cerca de Aristóteles-Spinoza-Sponville que de Platón-Descartes- Sto. Tomás, postulo la necesidad de plantar cara a los que defienden la idea de que es posible vivir un amor enteramente espiritual. Y la prueba la tenemos en los  grandes místicos, quiénes han amado al Señor con toda su alma y su corazón, pero también con su cuerpo, o si no pregúntenselo a Sta. Teresa de Ávila o a Simone Weil, quién afirma en su biografía que en cierta ocasión se sintió poseida por el mismísimo Dios, y eso que ella ni siquiera alcanzó al Bautismo, entre otras cosas, además de la originalidad de su pensamiento, por su pronta muerte a causa de una tubercolosis. 

El cuerpo está siempre en el aquí y el ahora del amor. Otro ejemplo lo tenemos en El Banquete de Platón, y tantas y tantas novelas de amor; Llevado al cine, la fotografía, la escultura, la pintura y el arte en general. El soporte sigue siendo el mismo, la materia. 

Pero la materia no corrompe el amor, antes bien, lo ensalza, elevándolo al altar de nuestro sacrificio trastemporal y trascendental. 
Si en algo nos parecemos a Dios es precisamente en nuestra capacidad de amar. Dios también ama los cuerpos de sus hijos e hijas cristianos.

sábado, 24 de enero de 2015

Matar al egoísmo

¡Qué difícil!



Pero si queremos alcanzar una vida plena, hemos de "morir" un poco frustrando nuestro deseo, para renacer tras la renuncia, a una nueva forma de amar y de encontrarnos a nosotros mismos y a los demás.

La renuncia, eso a lo que nadie está dispuesto a claudicar, hoy en día, es la mejor manera de crecer por dentro y por fuera.

Valores, que no se nos enseñan y a los que la sociedad actual no encuentra mérito alguno. Antes al contrario, se nos empuja a imponer, arrebatar, violentar al otro, por encima de sus derechos y de nuestra dignidad como personas.


El amor honesto, franco, no es eso. El amor exige justicia. La justicia exige, ver al otro, darse cuenta, no sólo de su cuerpo, de su presencia, sino de su alma. Empatizar con él, con su dolor y con su derecho a ser él mismo, ella misma. 

¡Qué difícil! ¡Más cuán necesario!


Valores que la sociedad se empeña en ocultar, velar, ignorar, distraer de nuestra atención, nuestra conciencia. 
¡¡¡Hedonismo materialista, que no epicureano!!!

Otra forma más de tenernos controlados, avasallados a la servidumbre del capital, al negocio de la política corrupta y deshumanizada.

¡Luchemos frente a esto!
¡Reivindiquemos la fidelidad a la dignidad, a la Ética, a la frustración y al dolor moral!

viernes, 16 de enero de 2015

Caridad

En mi encuentro con la Teología arribé a la Encíclica de Benedicto XVI "Dios es
amor".



En ella hace un estudio exhaustivo de la diferencia entre ágape y eros.
El eros lo entiende como "pasión" frente al "ágape" que lo entiende como amor más allá de la materia, trascendente y trascendental, por tanto.
Sostiene que el amor cristiano dentro del matrimonio abarca ambas facetas además de la filia. Cualidad importantísima tanto en la amistad como en cualesquiera otro tipo de relación ( laboral, familiar, de pareja ).
Y que si nos quedamos sólo en el amor físico, nuestra oportunidad de encontrar a Dios en éste es muy mediocre, viviendo este amor desde la dependencia y la facticidad, sin posibilidad de engrandencer ni desarrollar nuestra esencia como seres humanos, dotados de razón y voluntad. Sería como una caricatura del amor, algo irrisorio y rebajado. Demasiado poco para todo lo que podemos alcanzar mediante el amor ágape, protagonizado fundamentalmente en el amor entre madre e hijo. Pero que con conciencia y voluntad podemos construir en nuestras relaciones personales a las que dotamos de una mayor categoría y esplendor. Y esto porque, lo que Dios quiere es que las personas seamos felices y encontremos mediante el amor lleno y valiente esa dicha, que nos hará atravesar las dificultades de la vida con mayor entusiasmo, mayor esperanza.


Los antiguos griegos también han estudiado desde tiempos inmemoriales el concepto del amor: En el Banquete, Platón analiza sobre todo el eros y la filia. Desde el discurso de Fedro, dónde hace un elogio del amor como el dios joven y bello, pasando por Aristófanes y su famoso pasaje sobre el mito de la unidad primigenia del ser humano, escindido y por tanto en eterna búsqueda de la mitad que le complemente, hasta el célebre discurso de Diotima, quién por boca de Sócrates expone la condición de "daimon" del Eros. Un amor que nos exige búsqueda de lo que nos falta, pero que si acaso, nunca podremos culminar en el mundo sensible. Otra perspectiva la ofrece el discurso de Pausanias, que se centra mayormente en el amor como philia en defensa del amor entre iguales, entre personas del mismo sexo como tipo más excelso de amor ya que lo semejante llama a lo semejante.


De cualquier modo, Eros, no puede darse sin Ágape ni éste sin Philia. Es decir que si queremos vivir el amor con plenitud y confianza, los tres aspectos tienen que estar unidos, que no fundidos, ni a lo mejor darse simultáneamente. Pues hay momentos en la vida de una pareja, familia o amigos en dónde uno de éstos prevalece por encima de los otros, sin que eso signifique que falta, tan sólo ocupa un plano secundario.
Quiénes optan por el amor a Dios experimentan un tanto de lo mismo, se le ama integrando las tres facetas, porque sino no hay verdadero amor, y máxime cuando a Dios no le vemos ni le tocamos. Pero para que sea un amor perfecto, hemos de servirnos de algún intermediario, he ahí cómo éste nos pone a disposición a nuestros hermanos, sacerdotes, y demás ministros de la Iglesia. 
La mayoría de nosotros buscamos el amor o en el eros o en la filia, casi nunca en el ágape, pues el nivel de responsabilidad que tenemos que asumir es demasiado grande y nuestras fuerzas y el concepto que habitualmente manejamos de lo bueno, excluye el sufrimiento. No obstante, el verdadero amor, lo abarca todo, como decía Nietzsche, todo está conectado: vida, muerte, dolor, amor, alegría y tristeza.
¡Una vida plena es una vida con sentido! ¡Vivámosla aún con el dolor, pero con un amor sin fisuras!

jueves, 8 de enero de 2015

¿Sin sexo y sin amor?

¿Qué pasaría si un día de repente te levantaras y descubrieras que has estado amando a la mujer o al hombre equivocado? ¿Que esa persona con la que duermes, comes, paseas, besas, hablas no es la persona "real" con la que tú soñabas, o quizás con la que a tí te gustaría estar de verdad?
 ¿Y si, después de todo, la has dejado simplemente de amar? ¿Y si, en el fondo, ya no la aguantas?.......

¿Cuántas maneras de amar hay en el mundo? ¿De cuántas maneras distintas eres tú capaz de amar?
¿Te lo has planteado alguna vez?

¿Vives contra-corriente o en favor de la corriente? ¿Vives por inercia, o con ilusión? ¿Amas a la misma mujer o mismo hombre desde tu infancia o cambias cada dos por tres? ¿Existe el amor para siempre o es solo una utopía o peor aún, un cuento chino?
¿Amamos lo que nos falta o lo que nos sobra?

Siguiendo la lectura de Comte-Sponville "Ni el sexo ni la muerte" adentrándonos en El Banquete de Platón tenemos que Eros es una suerte de semidios que ama y persigue aquello que le falta, pero que nunca llega a poseer del todo, ya que precisamente en cuanto el deseo es consumado aparece el "tedio" en términos de Schopenhauer. Es decir, que si algo te falta lo reclamas, buscas y te obsesionas, pero una vez alcanzado deja de atraerte. De este modo, el amor en pareja es algo imposible, porque cuando el otro esta ahí, a tu lado, deja de interesarte, ya no lo echas de menos. Mientras que si te falta, sufres al no tenerlo.


¡Que pobre concepto del amor! ¡Y qué imposible!

¿Será que al ser humano solo le atrae el proyecto de amor por imposible?
¿Qué es lo que define en esencia al deseo? ¿No es acaso la falta, la imposibilidad de su satisfacción y por ende su goce?

Dice Sponville que él no comparte este modo tan pesimista de amor, pero reconoce que es realista. Yo sustancialmente tampoco. Platón ofrece un análisis cáustico pero creíble del concepto pragmático del amor. 
Yo pienso, que si bien el enamoramiento es sufrimiento cuando el otro nos falta, puede subsistir en el tiempo si es debidamente alimentado, si no lo consumimos como si de un objeto se tratara, si nos contenemos desde la inteligencia emocional y planeamos lo que queremos, más allá de lo inmediato, de lo instintivo. Sin embargo,  lo que nos pasa, a menudo,  es que pronto desistimos de expresar, mostrar nuestro potencial para amar. Nos acomodamos, "tiramos la toalla" y pensamos que el amor es eso, ¡vivir el momento! independientemente de los principios, de los valores, de los objetivos o metas que queremos alcanzar en la vida, independientemente de la "cabeza". Por tanto, amar es "perder la cabeza", mas luego nos damos cuenta de que "hemos metido la pata" y que ése o ésa no es "nuestra pareja ideal", ni siquiera es alguien a quién amamos de verdad, y entonces vienen "los madre mia".
Pero, claro, para cuando nos percatamos ya están presentes los hijos, -"víctimas"- algunas veces de "nuestras locuras" de amor, o de nuestras tonterías, simplemente por no "pensar". ¡Y es que hace falta un poco más de Descartes en nuestras vidas, y menos quizá de Freud o Nietzsche!

En línea con estas ideas me viene a la memoria una cita de una consultante mía que un día me escribió, a tenor de su enamoramiento:
Me alimento mas que de tu cuerpo desnudo, de tu presencia, tu compañía, mas que de tu sexo, de tu mirada, tus manos, más que de tus besos, de tus abrazos.
Prefiero mil veces tenerte que desearte, hablarte que saborearte, disfrutarte que perseguirte, amarte en silencio, que vencer tu resistencia a la escucha, la palabra al silencio, lo claro a lo oscuro, lo santo a lo erótico, en definitiva prefiero Ágape a Eros. Porque si elijo lo segundo jamás alcanzaré la dicha de alcanzar tu amor, sino tan solo y por breves momentos tu pasión, pero después tu ira, el olvido y la castración.

jueves, 1 de enero de 2015

¿Se puede ser adicto a Dios?

Arriesgada reflexión, ¿no creen?


Porque ¿de qué estoy hablando exactamente?

¿Quién o quiénes son adictos a Dios?
¿Los curas, las monjas, el Papa Francisco?

¿Los fieles que acuden a la Iglesia con regularidad?

¿Aquéllos que han entregado su vida por sus principios? ¿Sus ideales?
  ¿O es resultado de  su evasión a su aflicción?

¿Incapacidad para comprometerse con el prójimo de carne y hueso que vive aquí y ahora en el mundo real?

¿Acaso falta de sensibilidad y credibilidad?

¿Por qué nos resulta tan extraño y tan difícil de entender que haya gente que crea radicalmente en sus principios?
¿Son una especie de "rara avis"?

Lo paradójico es no entenderles. Porque ¿quién no quiere ser inmortal?

Ante el vacío existencial más profundo se les abre esta otra puerta a la inmortalidad.

¿Es su respuesta al miedo a la muerte?

 ¿Miedo o temor a permanecer en lo oscuro del averno por siempre jamás?

La conciencia de nuestra fragilidad más absoluta, nuestro vacío existencial, el hecho de estar abocados a la muerte (Heidegger-Sartre), nos conduce a cualquiera de nosotros a esa búsqueda sin fin por querer alcanzar la inmortalidad. 
En esto algunos persiguen fines eternos, otros no tanto, prefieren lo mundano, hay quienes se enfrascan en la literatura, otros en el trabajo, etc, etc.
Según el psicoanálisis, a la mayoría nos resultará del todo imposible volver a ese estado de plenitud del que gozábamos en el seno materno. Las adicciones no son más que un pretexto inconsciente por regresar, mas infructuoso. 
Otros, más conductistas, opinan que el vacío responde a una pérdida absoluta de sentido, y que entonces, lo mejor sería, bien vaciarse del todo, bien llenarse por completo de alguna filosofía o creencia. 
Sin embargo, si nos empeñamos en querer llenar el vacío, en lugar de adentrarnos, profundizar en él, nunca saldremos airosos. Y esto es así porque el vacío no existe, no está, su esencia consiste en su no existencia, al contrario de lo que pasa con Dios, que su esencia es su existencia.
El vacío por definición no existe, es lo absurdo de la cuestión también, porque pretendemos llenar algo que desconocemos. Y que hemos aprendido a temer.
Si consiguiéramos desaprender el concepto, quizás dejaríamos de huir, de sufrir por su causa. Y nos centraríamos ya más "ligeros", liberados, en saborear los momentos que sí son.