jueves, 30 de abril de 2015

Adicción al móvil

"No puedo vivir sin él"

Esta frase, que pudiera parecer exagerada, es la declaración de una mayoría de jóvenes.

El móvil ha pasado de ser un instrumento a ser un "dios".

El dicho o afirmación de que la Humanidad, en Occidente, había acabado con los "Absolutos" es falso. Ahora más que nunca podemos estar siendo dominados por un pequeño "celular".

A golpe de click nos apoderamos de cuántos artilugios, objetos, relaciones, viajes, experiencias necesitamos o creemos necesitar. De un modo simple, incruento, alcanzamos la cúspide de nuestro bienestar. Un bienestar pasajero, por otro lado, temporal, instantáneo, efímero, pero que sin duda, muchos de nosotros pensamos, "merece la pena", o ¿no?

Vivimos en la era de la aceleración, todo ha de ser rápido, vertiginoso.
Reclamamos la satisfacción de nuestro deseo, "Ya", cuál niños. Es también la era de la infantilización; la sociedad no está conformada por adultos, sino por niños grandes.
Lo queremos ya, y si no nos lo podemos procurar, nos volvemos irascibles.
Como si ignorásemos que una vez conseguido el premio, se aplacara nuestra ingente necesidad.
Como si desconociésemos que somos constitutivamente "animales insatisfechos".
Un amigo mio me decía, "tenemos ansía del amor de Dios", lo que pasa es que no lo sabemos, no nos damos ni cuenta.

Lo que hay de fondo es nuestra permanente soledad, el sabernos únicos, distintos, pero a la vez, sumidos en lo profundo de nosotros mismos. Aislados, pequeños, "miserables".
El móvil, la tablet, Internet, nos evaden de nuestra insignificante realidad, hasta el punto de que por unos instantes nos permiten convertirnos en héroes de nuestra propia historia. ¡Qué mas da si es real o no! Pudiera ser inventada. 
Lo importante no es eso, sino la creencia de que "le importamos a alguien"

La tecnología nos obnubila. Es la diosa de nuestras conciencias.
Acapara nuestra atención porque ya no hay nada que nos la capte. 
Preferimos una comunicación aséptica.
A lo mejor ese sueño de "tener sexo virtual" acaba ocupando el ideal de una "relación plenamente satisfactoria".

No seáis tontos "Nos han invadido". La profecía de Matrix es realidad.
¡Haceos cargo!

miércoles, 22 de abril de 2015

Olvido

Olvido de ti
Olvido de mi
Olvido de un nosotros que nunca existió.

Me comentaba una amiga no hace poco la reflexión a la que había llegado:
Si la clave para que desaparezca el dolor, el vacío, está en el olvido, ¡ que venga ya!
Más tampoco podemos forzar nuestras emociones hasta ese punto. Una de las tragedias de la idiosincrasia humana es nuestra incapacidad para querer o dejar de querer, recordar u olvidar a nuestra voluntad, porque nos conviene o acaso  nuestro bienestar depende de ello.

¿Podemos aprender a olvidar?
¿Qué necesitamos para olvidar?

Una de los remedios pasa por evitar la situación o a  la persona que queremos olvidar y centrarnos en otras cosas. "Aislarnos" mentalmente puede no ser suficiente, sobre todo si la razón de nuestro "malestar" estriba en una obsesión o incluso adicción. Hay que irse, alejarse físicamente también del "problema" o asunto que nos embebe el alma. En definitiva, romper.
Esto es lo que hacen algunas personas, cuando termina su relación de pareja. O cuando no pueden soportar más a su jefe. Se van, con una baja laboral,  o bien, se enfrascan en otra relación amorosa, o bien, se cuelgan con cualquier otra adicción. Se "entretienen" con los videojuegos, salen de fiesta, practican algun deporte de riesgo, se vinculan a alguna asociación o comunidad. En definitiva, buscan la evasión o huida de la situación problemática.
Porque afrontar el dolor de la separación, mirar la realidad tal cual es, tomar conciencia de su fragilidad, de su imposibilidad de control, de su impotencia para cambiar las cosas resulta a veces demasiado duro y nos puede la presión de la desesperanza.

¿Qué hacer?

Si terapéuticamente hablando tenemos que afrontar nuestros miedos, someterlos a la reflexión, tomar determinación, actuar en base a la voluntad libre, sin dejarnos esclavizar por nuestras pasiones, pues, lo tenemos crudo.
Echemos para el lado que echemos, nos toca sufrir, esto es, nos toca tolerar lo "intolerable", que somos nosotros mismos, nuestro deseo no satisfecho, nuestro goce frustrado. Nuestro anhelo volcado en la ausencia, el vacío, la nada.

¿Qué queda?

La aceptación de nuestros límites sin culpabilidad, perdonándonos por ser quiénes somos y amar lo imposible. Hay que violentar nuestras emociones, forzarlas al reconocimiento de que lo real no depende exclusivamente de nosotros, sino del juego comunitario, y que forzar al otro no es compatible con el valor del respeto y la dignidad humanas.
¡Gran tarea ésta!

jueves, 16 de abril de 2015

La tranquilidad

La vida feliz pasa por evitar los extremos y los excesos. Término medio, en opinión de Aristóteles.


Vivir para adentro que no para afuera.

Cuando uno está desnudo frente al espejo, piensa ¿por qué no salir ahí afuera y gritar?

¿Para qué complicarse la vida? ¿Para qué pensar? ¿Para qué escribir?

Tranquilidad

¿Hay alma acaso?

¿Por qué, a veces, las personas son tan ingratas, tan  egoístas?

Tranquilidad


¿Por qué luchar si todo está ya determinado?

Tranquilidad

¿Hay vida después de la muerte?
Tranquilidad

¿No estaremos ya muertos?
¿En qué consiste el vivir, y el morir y el miedo?

Tranquilidad

Ser, devenir, poder, verdad, falsedad, apego, desapego.
Tranquilidad.

Porque tú lo mereces, te mereces la Paz y el respeto.


Lo imaginario

Preguntarse. Eso y nada más.
¿Por qué más? ¿Para qué más?
El arte de la pregunta sin respuesta. Eso es filosofar.

¿Qué más da quién sea el autor, quién la víctima, qué si no es verdad?

Utopia, lugar remoto, no lugar.
Mas qué hacer sino preguntar.

martes, 7 de abril de 2015

Amor a la filosofía

"Soy ateo, de manera radical y no me vas a convencer de lo contrario".
Testimonio de uno de los psicoanalistas más convencidos del momento actual.

Hay quiénes piensan que el amor a Dios es un absurdo, porque no conocen su sentido.
Prefieren amar a Lacan, Shakespeare o Nietzsche.

Mas eligen alguno de éstos ídolos ( u otros cualesquiera)  a los que adoran, para llenar el vacío de su corazón o la "hambruna" de su inteligencia.
Vivir sin Ética no es fácil, pero sin amor, ¿quién puede?

Otro recurso está en la Filosofía. De hecho, como su mismo nombre indica, quién ama la filosofía es amigo de ella, recibe su alimento en el pensamiento, bebe de las aguas reflexivas de Kant, Platón, Sartre o Simone Weil.
Pensar responde a la naturaleza racional del ser humano. En contraposición a Hume, postulo un pensamiento ilimitado, fuente de toda creatividad y autonomía con respecto a la dimensión biológica de nuestra especie.
En la base de nuestro amor al discurso filosófico está la admiración,   nuestra tendencia a la meditación, el pensamiento o incluso al "soñar despierto" como ya dijera Descartes.
¿Quién podría desentenderse de semejante vanidad?
Deliberar, elegir, preguntar, responder, desear, amar.... son tareas que nunca llevaríamos a cabo sin la reflexion previa, sin "darle al coco".
Mas la filosofía no es solo redundancia de la reflexión, eterno rumiar de la mente, sino que  pretende llegar a algún lado, si bien no se trata de un objetivo último, ni funcional, ni pragmatista, sino que en la pregunta, en el planteamiento, está la esencia misma del para qué estamos en este mundo.
Para Aristóteles todo tiene una teleología, un fin; En el hombre estriba en la contemplación. 
En ese eterno preguntar sin término radica la idiosincrasia de la filosofía, pues a diferencia de la ciencia no busca el cómo, ni el para qué, ni siquiera el cuándo, sino más bien el por qué, y ahí está su ousía.
Otra nota característica es la insolubilidad, o la imposibilidad de llegar a la verdad absoluta, a la respuesta única, a la globalizacion de la homogeneidad. Y ahí precisamente está su verdadero sentido. 
No hay que llegar a ninguna parte, basta con pensar eso, lo que sea y ya está.
A no ser que prefiramos vivir y morir no ya como humanos sino como "animales".
¡Filosofémos, pues!