viernes, 28 de noviembre de 2014

El beso




  
http://www.publispain.com/sexologia/el_beso.html


Aquí podeís encontrar toda la información que deséis acerca del beso, sus distintas formas y significados.

A continuación voy a relataros una experiencia de una pareja que bien podría representar la paradoja del deseo en toda su inconmensurabilidad. 
Oída de ésta hace relativamente algún tiempo, creo puede interesaros por su riqueza y sensibilidad.

Ella insistía mucho para que la besara, o al menos la dejara besarle.
Él, hombre casto dónde los haya le daba largas. No decía que no pero tampoco que sí.
Ella lo vivía como un desafío, un reto. Graciosamente él también, pues su empeño estaba justamente en lo contrario, hacer de ella una santa.

Hasta que se dió cuenta de lo absurdo de su empecinamiento, pues "ese hombre" no existía, era sólo un ídolo de su imaginación, un ángel que se había colado en su intelecto febril, psicótico.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Erotismo

Erotizar o ser erotizado:
  
¡He aquí la cuestión! Como la pregunta que se hace Shakespeare en Hamlet, "Ser o no ser". Otros se plantean antes:   tener o ser, o bien, tener o no tener. 
Parménides cuestionó el Ser y el No-ser como fuente, éste último, de la opinión, la falsedad y las pseudoverdades, como les sucede por ejemplo, a los productos lácteos desnatados.

El erotismo bien entendido puede ser creativo, es creativo, de hecho. Lo que ocurre es que actualmente hay un abuso del mismo. No hay programa, película, novela, comic, relato, noticia etc, que no conlleve alguna reminiscencia al sexo o a la sexualidad.

 Mas el erotismo, ¿qué es?
 Raymundo Mier comentando la célebre obra de George Bataille "El erotismo" apuesta por "la negación, la cancelación de la propia  identidad que se da en la entrega, donación hacia el otro. Constituirse a sí mismo y a un tiempo como ofrenda y oficiante del ritual crepuscular. Sacrificar al otro para ofrecerse también como materia de destrucción en el acto sacrificial".


En "Historia de la sexualidad", Foucault critica la hipocresía burguesa que induce a la represión de nuestros impulsos sexuales. Hipócrita, porque en verdad, no los reprimimos tanto, estos existen, estan ahí. Algunas veces los controlamos, en virtud de principios, valores, situaciones o estados. Pero no los podemos negar, o fingir que no los sentimos.
La sociedad, la religión los reprime, según este autor, en base a su ansia de controlar y dominar a la masa. Con el fin de tenernos sometidos, obedientes y sumisos.
Sin embargo, tampoco podemos negar que las propias relaciones sexuales  interpersonales están atravesadas por el poder, el dominio de uno sobre otro. (Veáse mi post sobre BDSM).

Una sociedad reprimida, que reprime, conduce al uso y al abuso  de éste mecanismo para controlar, vigilar y castigar.  No obstante, es "la pescadilla que se muerde la cola" pues acaba  finalmente, siendo víctima de sus propias prohibiciones. Consecuencia que vemos en la proliferación de escándalos sexuales a los que somos tan adictos, (tan morbosamente adictos, diría yo).

El placer conlleva "dolor". Decía Bentham  que había que hacer una aritmética de los placeres, para ver si resulta útil o sea "placentero" decantarse por uno en menoscabo del otro.
El problema que yo veo es que la gente no piensa, se tira de cabeza al placer, o por el contrario lo rehúye y lo ignora. 
¡Cuán hermoso podría ser vivir el placer desde la voluntad,  la libertad y la elección consciente. Compartirlo con quiénes amamos, pues hay muchos tipos de placeres, y erotizarse con la imaginación ante el inminente encuentro, celebración, viaje o actividad.
El erotismo no incumbe solo a lo sexual, cada cita, cada hallazgo, cada bocado delicioso, cada lectura, cada juego es erótico, si lo vives con intensidad, sin miedo, desde la entrega, desde el amor generoso.
La imaginación es la fuente del erotismo humano, pero si lo convertimos, una vez más en una mercancía de consumo, rebajamos su misterio, lo anulamos, quedándonos en el substrato  de la mera animalidad. 
Jugar con el deseo, eso es erotismo, fantasear con la posibilidad, anticiparnos a esa cena -(típica escena de una peli, en la que la chica prepara una cena con velas para el chico al que desea conquistar o viceversa)-, eso es estar erotizado. Si nos lo dan todo, lo  descubren todo, ¿¿¿qué le queda al deseo onírico. ????

Sentir que no lo tienes todo, que no lo posees todo, te mantiene en alerta, y esa es una de las claves de la realización del amor porque el amor que alimenta y crece, no se deja en barbecho,  si no se enfría como la madera convertida en cenizas.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Fama

Sucede que en algunas ocasiones uno desea tener notoriedad.
Sentirse amado, aclamado, deseado, admirado, envidiado ....

 Hoy en dia hay un afán enorme por salir en los medios de comunicación.
Programas como EL Gran Hermano, Hombres, mujeres  y viceversa, y otros reality shows acaparan el mayor número de audiencia.
¡Ansia de ser famosos! 

Las redes sociales proporcionan un pedestal hacia el éxito fácil, vertiginoso, pues ahora, ya no hay tiempo para "currarse" las cosas. Entendemos que ¡cuánto más rápido sea, mayor su poderío!
A ver quién tiene más seguidores en Twitter, Facebook o en algún blog. Genera el mismo tipo de necesidad o dependencia que la adicción a la fama. 
Como afirma Carmen Posadas en su artículo del Semanal "lo que Internet revela de los recovecos de nuestra mente es tan fascinante como variopinto..."
La fama es un valor que ocupa en al actualidad un lugar demasiado importante en nuestras vidas. No queremos el anonimato.
Nos duele, porque se nos representa como "pérdida de sentido o de valor"  ¡Pobre de nuestra autoestima!
El autoconcepto que uno adquiere depende entonces del "ser reconocido" pero no del reconocimiento por lo que somos, sino por lo que tenemos o aparentamos tener.

¿Qué se esconde detrás de nuestro ansia de notoriedad?
Soledad, vacío, carencias,.. Pensamos que si los demás se fijan en nosotros y nos envidian, llenaremos nuestra necesidad de reconocimiento, nuestra angustia ante la muerte, el sinsentido de nuestras vidas. En los prolegómenos del libro El monje que vendió su Ferrari  de Robin S. Sharma, encontramos algo parecido a la búsqueda continua, persistente por darle un valor a quiénes somos desde fuera de nosotros mismos. 
Está bien buscar ayuda, desde luego, leer, estudiar, entretenerse, sin embargo, estas actividades no hacen que te sientas menos perdida. A veces, llenan, sí, un tiempo, un espacio, una realidad, pero no basta.
Podemos acudir a Dios, y establecer con El una relación personal que sacie nuestro vacío, pero no podemos olvidar que somos personas de carne y hueso, y que nuestra necesidad no siempre puede colmarse con los bienes espirituales, importantes, sí, necesarios, también, pero a fin de cuentas invisibles. A no ser que seamos como Sta. Teresa de Jesús, y vivamos el éxtasis de la unión con Cristo, nuestros deseos y aspiraciones más físicos no podrán  ser nunca satisfechos con plenitud.

Entonces, qué?
¿No hay remedio para nuestras almas?
¿Hemos de sufrir la condena de un eterno vacío consustancial, connatural a la especie humana????
Acaparar, retener, poseer lo mejor, materialmente hablando, fama, éxito, placeres, para ¿¿¿¿vivir significativamente nuestra existencia????


Suena tan grotesco, tan inauténtico, tan pragmatico, ....

No, no es ahí dónde hay que buscar. 
Uno tiene que aprender a tolerar la frustración, a relajarse, a pesar de lo malo, las ausencias y los sinsabores de la vida. Aprender a amar de manera incondicional, sin esperar reciprocidad instantánea, con confianza, porque quién da siempre recibe, pero sin prisa, sin angustia, sin exigencia.
La exigencia de la impaciencia, junto con el arrepentimiento es lo que devora nuestros momentos de paz, nuestra alegría y nos deja indiferentes frente a la cotidianeidad y lo sublime de ésta. Nos impide apreciar la verdadera "alma" inscrita en esa sonrisa, esa palabra amable, esa dedicatoria.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Morbo






Un hombre y una mujer, desnudos, una poza de agua fría en el río,  finales de otoño. 
Ella le dice a Él: Hagamos un trato: -Tú no me miras a mí, y yo no te miro a tí-

De acuerdo, ¿Pero, de verdad,  quieres hacerlo? ¿Nos bañamos? 
(-Su expresión es de sorpresa, cierta incredulidad, mas su interés no es otro que el ideal de  servir a los demás, con pequeños gestos, pequeños actos de amor y comprensión, así que accede-).

Sí por supuesto, responde ella.
Apenas se introduce en el agua, sale corriendo. La vergüenza y el frío la atenazan. Piensa, lo que aleja de sí la inocencia y la espontaneidad.

Él se queda un poco más, hasta que finalmente se levanta y camina hacia la hierba. Desnudo, hermoso, parece un dios griego o azteca. Una mezcla de los dos. Resplandece de bondad. Su quietud y su calma sacian la tristeza de cualquier mujer.

¿Dónde está el morbo?

En la imaginación, claro. Y en lo inverosímil de la situación, pues ella es carmelita,  él dominico.

Pero, ¿hacen el amor?

No, es pecado. Mas tampoco hace falta, ya que su amor es trascendente y trascendental. De ahí su fuerza. De ahí, su inconmensurabilidad. Eterno.

El morbo no ocupa el espacio de lo real, sino de lo figurado. Tanto más morbo cuanto mayor tu nivel de represión e hipocresía. La entrega desinteresada nunca causa sospecha.


Confianza

Romper el hielo. Atravesar el muro que te retiene herida por dentro.
Para eso estoy aquí.
Para ayudarte a vencer tus temores, tus recelos.

¡Sólo el amor verdadero te hará libre, de prejuicios, de anhelos, de abusos!


Profesional del escapismo emocional.
Me acerco a ti, pero tú huyes, vienes y vas. Te acercas y alejas. Bailando la danza de la infelicidad, la desesperanza y el vacío.
¿Por qué tanto orgullo?
¿Por qué tal fingimiento?

Y es que cuando el alma está rota ¡Qué difícil es confiar!

Una niña no entiende lo que está pasando a su alrededor. Sólo siente miedo, añoranza del seno materno. Criada en un ambiente hostil, frío, pasa las tardes del verano, leyendo a Julio Verne, soñando, expectante al día en que se casará y abandonará el hogar materno, lejos del horror, las pesadillas, los terrores, los gritos, los golpes, la incomprensión.

Ese día se presenta, en virtud de un hombre, otros hombres, muchos hombres que la desean, la seducen, la desnudan, la poseen y se marchan, pues su vacío es tan inmenso que la desprecian.

Pasará mucho tiempo, antes de que finalmente, conozca la verdadera razón que la ha llevado hasta Dios. Ahí encuentra el sentido de su existencia y de su meta última. La fuerza que la llevará a escribir para liberarse de todos sus fantasmas.

Las distorsiones cognitivas, pero más todavía las emotivas, pueden llevarnos a falsas creencias, ideas ilógicas e irracionales que cargadas sobre nuestras espaldas sirven de condicionamiento y determinación de nuestras vidas. ¡Ese es el infierno del que habla Sartre en La Náusea! El infierno del pasado, pero no del real, sino del imaginado.

Acumulamos deudas, frustraciones, rabietas desde la infancia, que luego se traducen en la adolescencia o en la madurez como adicciones, descontrol, melancolía e infelicidad. Trastornos compulsivos y en el peor de los casos, esquizofrenias, anoxerias o conductas antisociales.
¿Y quién lo paga? La familia, tu, yo o cualquiera de nosotros, sin una orientación, sin una meta, sino reeducamos la mente y el corazón.
Confiar se convierte, entonces, en todo un reto;¡ La aventura de tu vida!

martes, 11 de noviembre de 2014

Mentiras

¡Qué fácil es mentir algunas veces!
¿Somos siempre conscientes de que lo estamos haciendo?


¿Medimos las consecuencias?



Me viene a la memoria la célebre "paradoja del mentiroso"; Epiménides fue un legendario poeta filósofo del siglo VI a. C. Se atribuye a éste el haber afirmado:


Todos los cretenses son unos mentirosos.
Sabiendo que él mismo era cretense, ¿decía Epiménides la verdad?


- ¿Qué sucede cuando nos mienten? ¿Cómo nos sentimos? ¿Estafados? ¿Recelosos? ¿Utilizados cual objetos?

 ¿Por qué mienten los niños? ¿Cuándo empiezan a mentir?
¿Es algo aprendido, o bien, innato?
¿Puede resultar, en ocasiones, "inteligente" mentir? ¿Resultado de la evolución biológica, o como diría Dawkins, una estrategia que contribuye a nuestra supervivencia?

En un texto que leí ( de cuyo nombre no puedo acordarme), se afirmaba que a los niños no les gustaba nada que les llamesen mentirosos. De hecho, una de las bromas más crueles a la que se ven sometidos en el patio del colegio es que los acusen de mentir, algo similar sucede con lo de "chivatos".
Expuestos a la burla, ridiculizados y acosados por los temperamentos más provocadores, ora ocultan su malestar tras la cara risueña o desvergonzada, ora adoptan la figura de niños maltratados y denostados por sus compañeros. 

En nuestra cultura pensamos que "mentir" puede ayudarnos a resolver nuestros problemas o dificultades, o que a veces, nos saca de un apuro.
Frente al dilema de "decir o no la verdad" a nuestra madre enferma de cáncer, por ejemplo,  hay varias opiniones. Según Kant, no habría que mentir, ya que no podemos legitimar la universalización de ésta conducta. Una sociedad que acepta la mentira se aleja del imperativo categórico. Desde otra perspectiva,  la madre expuesta a la verdad del diagnóstico se vería doblemente afectada, una por la enfermedad, otra por la irreversibilidad del proceso que la lleva a la trágica muerte anunciada.
Según la opinión popular, es preferible ocultar los hechos y mentirle, para que pueda "disfrutar" de sus últimas semanas o días en paz.
La medicina actual apuesta por desvelar los hechos, primero a los familiares y posteriormente a los enfermos. Si bien, en este tema hay posturas enfrentadas, y la praxis no siempre coincide del todo con los principios de la ética profesional establecidos. O sea, que cada uno hace de su capa un sayo (afortunadamente).

Pero ¿ Y la mentira impulsiva? Cuando nos sorprenden in fraganti cometiendo algún acto desleal;  ¿Una infidelidad, por ejemplo?
Y luego están los mentirosos compulsivos, aquéllos que mienten "por defecto" siempre y bajo cualquier circunstancia, sin conciencia, por hábito, o por debilidad de carácter, o debido algún trastorno como fácilmente afirmaría algún psiquiatra.

En momentos como éstos, no medimos las consecuencias de nuestros actos, no preguntamos si vamos  o no a herir a alguien, tampoco si  vamos a perjudicarnos a nosotros mismos.

 Pudiera uno creer que "las mentiras piadosas" no hacen daño, sin embargo, la falta de honestidad, la ausencia de honradez repercuten en nuestro ego, en nuestro autoconcepto y nos impiden enfrentarnos al obstáculo, lo que, por otro lado,  podría ser una oportunidad para superar nuestros límites,  o realizar algún cambio que hemos de llevar a lo real pero no nos atrevemos por miedo o por pereza.

¡Hipócritas, sociedad de embaucadores, que si no es la publicidad.!
¿Se ha convertido la mentira, acaso, en otra de nuestras míseras y miserables adicciones???
Preguntémosle a un político, o a un ladrón, o a un adicto al sexo, o a las drogas, a un médico negligente, o a un sacerdote pederasta. ¿Por qué mienten?

¿Por que mientes tú? 
Te has parado a pensarlo en serio.



jueves, 6 de noviembre de 2014

¡Basta ya!

Después de algunos años investigando  el problema del amor en términos filosóficos, me sigue resultando extraño que dos personas, que se han amado hasta el extremo de dar la vida, la una por la otra, tras una serie de desencuentros se distancien hasta el punto de mirarse y sentirse como extraños el uno al  otro.
-Me pregunto: ¿Qué fue de la entrega mutua? ¿Qué del compromiso y la confianza invertida durante largos años de convivencia? ¿Podemos vivir sin amor? O bien, ¿Es legítimo vivir bajo el mismo techo después de acabada una relación, en pos del bienestar de los hijos? 
A éstas siguen otras cuestiones como: ¿Qué hacían antes las parejas, cuando no estaba permitido el divorcio? Y  ¿Qué hacen, hoy en día, las parejas católicas, o aquellas otras a las que les une la conveniencia, por no querer repartir sus bienes materiales? ¿Cómo se soporta esto, en base a qué?  ¿Qué de esos matrimonios unidos por dinero, que no por amor, dónde las diferencias, de edad, cultura, intereses es tremenda?

Concluyo con el interrogante:  ¿Qué es el amor?

Amar que no depender, dice W. Riso en Amar o depender apoya la ruptura de la simbiosis. Platón, en El Banquete define el Eros como un ser intermedio entre un dios y un humano, un daimon. Hijo de la pobreza y el recurso. Carece de medios pero los busca a fin de procurárselos, pero nunca se sacia, de ahí su permanente búsqueda, éste es el amor entendido como complementariedad. Otros apuestan por el amor como amistad, entre compañeros que comparten cosas y tienen mucho en común. Algunos, hablan del amor pasión, e incluso hay programas de la tele y/o letras de canciones, que postulan el amor-fusión.
El Cristianismo, por su parte, "sacramentaliza" el amor mediante el matrimonio, y apuesta por el compromiso firme y decisivo entre los cónyuges, así que no legitima "tirar la toalla" fácilmente, como se aconseja desde otros ámbitos, pero tampoco defiende la tortura matrimonial, aguantar pase lo que pase, eso tampoco, creo yo.

De mis experiencias vividas y leídas, escuchadas, compartidas y reveladas, he aprendido que no hay reglas comunes ni medicinas universales para esto del amor entre humanos. No es posible la perfección, nuestra humanidad no soporta la rígida estructura impuesta por las normas. Creo, y cada día estoy más convencida de la libertad existente en el proceso, y de la necesidad de establecer cierto orden en las relaciones humanas, sea en lo  familiar, lo profesional,  la amistad o el amor.
Frente a la negatividad vinculada al concepto de sacrificio y/o disciplina entiendo, sin embargo, que amar, no es depender, ni sufrir tontamente, y sin justicia. Mas tampoco es escapar, salir corriendo a la menor dificultad que se nos presenta. 
El amor es filósofo, siempre busca, a veces encuentra, mas otras exige paciencia, perseverancia, confianza, autoestima, voluntad, disciplina, convencimiento, seguridad, tolerancia, etc. etc. 
Valores que no se enseñan, no se presentan a menudo en la vida pública, dónde carecemos de modelos sociales, sea privados o públicos, que nos sirvan de ejemplo.
Las artes escénicas, los mass media, las autoridades públicas, representan antes al contrario, el desvanecimiento, el abandono de estos ideales "éticos" en el amor o la amistad.
Uno se desnuda, se exhibe, se vende, pero no se entrega, no comparte en el amor, no se derrama en el otro queriendo lo mejor para él. Porque eso ¡nos debilita! 
Supongo, que en definitiva, eso es lo que quieren los grandes poderes del Estado, las multinacionales y los "mandamases". Debilitar, dividir, destruir nuestra alma, nuestro deseo de comunión.
Divide y vencerás. Por eso su gran aliado es el "divorcio", la desidia, la pornografía, el sexo fácil y toda una gama sin fin, de adicciones diversas. 
Todo con tal de no estar juntos, de no formar comunidad. Avalados y apoyados por el Neoliberalismo revestido de progreso.
Particularmente me quedaría con la frase: No hay amor sin sufrimiento, no hay sufrimiento sin amor.
¿Estamos dispuestos a luchar por ello?

sábado, 1 de noviembre de 2014

Compromiso

Relato de una mujer comprometida



Pocos días después de conocerle, impactada por el magnetismo seductor que irradiaba a su alrededor,  sintió deseos de borrar todo atisbo de ese sentimiento poderoso que la mantenía absorta de sus otros asuntos cotidianos, pero urgentes. 
Se preguntaba, qué podía hacer para aminorar su sed de amor por aquél hombre.
Su juventud y su fuerza, no eran de gran ayuda, antes bien, contribuían a alimentar ese fuego devorador, esa pasión apenas contenida. Mientras tanto, él permanecía ajeno o disimulaba su interés, lo cual le hacía aún más atractivo a sus ojos.

Pasaron unas semanas, después de aquél primer encuentro, hasta que finalmente marcharon para el monte de Espuña, a pasar 15 días como monitores de ocio y tiempo libre. Era la ocasión perfecta, se dijo ella.
Sentía que su corazón iba por un lado, mientras su mente por otro. No había manera de conciliar a ambos. Afortunadamente en el campamento había mucho que hacer, así que entre actividades, talleres, juegos, piscina y demás eventos, pasaban los días muy rápidos. Hasta que se produjo el encuentro "radical" entre los dos. 
Era obvio que ella se hacía la encontradiza, y le seguía los pasos, hasta se ofreció voluntaria para acompañarle  en la tarea de repartir la merienda a los muchachos. Pero esa noche, fue especial,  una vez  acostaron a los niños, el resto de monitores se retiró a su lugar de reunión habitual. Ella parecía indecisa, pues esperaba a ver qué pasaba, soñaba con ese retazo de intimidad, en soledad, con su idolatrado "amante" virtual. Por fin, él pareció entenderlo y le pidió le acompañase a dar un paseo por los alrededores, había luna llena, así que parecía bastante seguro caminar durante la noche por el monte. Mientras caminaban se cogieron de la mano, hasta llegar a un punto del camino, dónde se orillaron y tumbaron sobre la tierra húmeda, aún caliente después del "solazo" del día. Ella se inclinó sobre él propiciando surgiera ese primer beso de amor, cálido, ardiente, ansioso, tierno, dulce, inocente y lascivo a la vez. 
Ambos eran muy jóvenes, con un corazón inmaculado, todavía no marcado por las heridas profundas de la decepción, vivo, animoso, para emprender la "batalla" del amor intenso.

Años después la pareja se casó. Sin apenas conocerse, pues nunca llegaron a convivir, sin distinguir siquiera qué era aquéllo que les unía y qué no. La vida fue haciendo mella en sus conciencias y sus corazones. Hasta que de repente, un día ella se sintió profundamente herida, humillada, despreciada, apartada, alejada del cuerpo caliente de su "amor", subyugada, preguntándose por qué "su marido" la rechazaba día y noche, y  por qué, ¡Dios mío!, quedaba su seno huérfano y sus abrazos amorosos vacíos????

¿Qué había sido de su compromiso?
¿Dónde quedaba su pasión, congelada,  herida por el rechazo?
¿Qué hacer ahora ella con su orgullo maltratado??

Como es obvio, la pareja fue deshaciendo, de-construyendo poco a poco su relación, hasta que  finalmente acabó en divorcio. 

¿Adónde me lleva "esta historia"?

Mi reflexión trasciende la "utilidad", las apariencias, la forma, atiende a la profundidad del desapego,  se hermana con el vacío espiritual y físico que sufren, actualmente, la mayoría de las personas de nuestra sociedad. 
La palabra compromiso causa espanto, no se comprende siquiera, uno se desespera enseguida, cuando no  satisface el propio y perentorio deseo del ansia infantil maltrecha. ¿Y qué nos sucede cuando éste no se contenta? Pues que abandonamos, desistimos, nos des-comprometemos, asustamos y huimos a tierras lejanas; La vida, pues, se convierte en una huida constante de nosotros mismos, de ahí el desapego,  por eso el desconsuelo,  el vacío radical inherente a la misma especie.
¿Quién fuera inmortal, para rectificar esa huida? ¿Quién santo para nunca necesitarla?
La vida en comunión, comprometida, diaria, duele, y el sufrimiento no lo quiere nadie. Pero lo que no sabemos o no queremos darnos cuenta es de que una vida plena, implica dolor, como ya advirtieran muchos filósofos, Kierkeggard, Nietzsche, Shopenhauer, Epicuro, entre otros. O si no pregúntenselo a Jesús de Nazaret.
La vida plena de sentido -Victor Frankl- es una vida con sentido. Esto es, comprometida de raíz con uno mismo, su tarea y las personas con las que convive. De otro modo, el sinsentido conduce a la ausencia de felicidad, y éste no es el fin último del ser humano, parafraseando al mismo Aristóteles.