Seamos honestos: Cuando nos comportamos generosamente con el otro, ¿no esperamos acaso algún premio?
¿Damos algo gratis?
A decir verdad, todos queremos que nos den cosas gratis.
Incluso, aún cuando nos sobre, o ya tengamos de "eso".
Esa atención, ese gesto, nos revela el reconocimiento del otro, su estima, su cariño.
De repente, importamos.
Recurso muy utilizado por el marketing: Las grandes empresas lo saben muy bien, ya que si ofreces algún producto como gratuito, las probabilidades de llevarte a un cliente al huerto, son mayores.
Es una técnica de ventas muy utilizada actualmente. El archiconocido 2X1 por ejemplo.
Otra es la táctica de solicitar un donativo, y casi siempre, la gente responde bien, estimulada por el "honor" o la comparación con el otro.
La pregunta clave aqui es ¿hay algo en verdad que sea gratis?
¿El amor, la misericordia de Dios, son gratis?
Sin ánimo de ofender a nadie, pues la pregunta muestra su radicalidad, yo diría que no.
Me atrevo a afirmar que nada es gratis, que a pesar de la intención de incondicionalidad, siempre se paga un precio.
Ahora bien, ¿qué precio estamos dispuestos a pagar?
¿El perdón, el repudio, la alegria del retorno o la condena del que se aparta para nunca volver?.
¿Una noche de hotel, una cena, las vacaciones de verano, a nuestro mejor amigo....?
¿La salvación de nuestra alma ?
Este orden no es casual; A veces nos la jugamos por asuntos de lo más absurdos, nuestra ceguera llega a tal punto que ahoga nuestra razón en medio de las pasiones.
Metemos la pata...
Conclusión: Kant no estaba equivocado, en este mundo ninguna voluntad es santa;
Sin embargo, ¿lo estaba Dios?
Dios entrega a su Hijo único para redimir a la humanidad de sus pecados y así evitar la muerte eterna. En lugar de ello, nos ofrece la vida, pero eso sí, a cambio, hemos de ser buenos, cumplir sus mandamientos, siendo el primero y más fundamental: "Amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a tí mismo".
Creo que queda claro el asunto.
Espero vuestras opiniones.

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