Una paciente, una vez me contó que su padre solía alabar los pechos grandes de las mujeres, en las comidas familiares. Además llevaba en el bolsillo de su camisa unos cuantos almanaques de esos pequeñitos con fotografías de mujeres desnudas o a pecho descubierto.
A veces, por descuido solía dejarlas encima de la lavadora cuando mi madre lavaba sus camisas.
También, pudo mirar alguna de esas fotos en la cabina de su camión, y en su lugar de trabajo.
Ella entonces, tendría a lo sumo 11 o 12 años y se sentía algo incómoda al respecto.
No sabía porqué su madre solía estar enfadada. Gritaba a menudo, a las cuatro hermanas, y a veces incluso les pegaba, bien porque no habían arreglado la habitación, bien porque habían dejado algún enredo por medio.
Literalmente cito:
"Recuerdo que los sábados no podíamos ver "La bola de cristal", como algunas de nuestras amigas y compañeras de clase, porque teníamos que limpiar. Solíamos acabar las tareas bastante tarde, y entonces ya había terminado el programa. La verdad es que eramos unas pesadas, tardábamos un montón, pero lo curioso es que luego no le parecía que estuviera suficientemente limpio y nos llamaba "marranas", y teníamos que volverlo a limpiar.
"Recuerdo que los sábados no podíamos ver "La bola de cristal", como algunas de nuestras amigas y compañeras de clase, porque teníamos que limpiar. Solíamos acabar las tareas bastante tarde, y entonces ya había terminado el programa. La verdad es que eramos unas pesadas, tardábamos un montón, pero lo curioso es que luego no le parecía que estuviera suficientemente limpio y nos llamaba "marranas", y teníamos que volverlo a limpiar.
Cerca de las tres, llegaba mi padre de tomarse unas cervezas y comíamos en escrupuloso silencio, pues estaban dando las noticias.
Así que, en esta composición de lugar y de ambiente familiar, no era de extrañar, entendía ahora, que su madre anduviera irritada casi todo el tiempo. Por ende estaba ella sola criando a 4 hijas con dos años de diferencia de edad entre una y otra.
Nuestro padre hacía viajes con el camión. Y en cada puerto tenía una novia.
Se la tiraba y luego llegaba a mi casa oliendo todavía al coño de otra y se ponía a hacerle el amor a mi madre.
Creo que ella sospechaba algo. Pero lo cierto es que nunca la oí gritarle a mi padre cosas como cerdo, hijo de puta. Sin embargo, la tensión se respiraba a diario en la casa.
Acabado el relato, me confesó que sentía unos celos terribles cuando su novio hablaba con otras mujeres, ya que, fuera verdad o no, ella lo imaginaba haciéndole el amor a otras. Tampoco soportaba que se alejara de ella, así que lo perseguía continuamente, hasta el punto de que él mismo, como buen adicto a la evitación, (como no podía ser de otro modo), se alejaba de verdad, sintiéndose ésta en las más miserable de las agonías a causa del abandono.
Solución: NO VOLVER A AMAR, decía.

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