Reconocer los errores, eso es ser humilde.
Aceptar los cambios...
Transigir,
Adaptarse cual camaleón a los reveses de la vida.
Combatir la soledad y la tristeza con tus propios recursos.....
Doblarse cual espiga de trigo al son del viento, al este o al oeste, en función de la necesidad del momento.
Eso es ser humilde.
Amar sin ambición, sin ira, sin reproche, sin amargura por lo que pudo haber sido y no fue, por lo que dejaste escapar. Ahí también reside la enseñanza de la vida; aprender de lo que fue y de lo que no fue.
Ser o no ser, tener o no tener, atesorar o rechazar.....
Esa es la maravilla del que espera, del que anhela, del que ama de modo incondicional.
Quien no cesa nunca de amar es aquél que se descubre asi mismo cautivado por la imagen del recuerdo, de la ensoñación, de la fantasía.... Mas por alguna razón, un día cualquiera se cumple su deseo, y entonces pensará (pensaré) que ha valido la pena.
Esa es la suerte del humilde, que no cesa nunca de pelear por lo que quiere, sin abandonar su objetivo, sin abandonar su fuerza, sin limitar su conatus. Seguro de si mismo, seguro de que lo conseguirá, no importa el tiempo ni el espacio. ¡Dichoso aquél que cree en el Amor, porque de éste es el reino de la ilusión, la ilusión en una vida compartida! Más allá de lo real, más allá de lo cotidiano, más allá del aquí y el ahora.
Porque eso no es lo importante.
Porque eso no es lo importante.
La persona humilde es la que sabe esperar sin desesperar. La que se siente amada, a pesar de los pesares, a pesar de las ausencias, a pesar de la desdicha del paso del tiempo vacío, inerte, muerto....
Es la persona que ama a propósito, que tiene ese propósito, que se siente parte del Universo, y sin embargo, no reclama nada para sí, pues no es egoísta.
Ese amor incondicional es el que nos hace diferentes y a la vez, tan humanos.


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