¿Quién no se ha levantado alguna vez pensando? : ¿Otro día más? ¿De nuevo la misma rutina?
De pronto me viene a la cabeza porqué es tan fácil para algunas personas enamorarse a primera vista.
Un análisis detallado me lleva a detenerme en el hecho de que las personas enamoradizas quizás lo único que estén buscando sea una huida hacia adelante alejándose del presente, del ahora, que vive sin esperanza y en el más puro aburrimiento.
Falta esa emoción, esa chispa, ese desconcierto que genera en nosotros un aliciente nuevo, que haga resurgir en nuestro yo íntimo la ilusión por vivir .
Cuando el torrente sanguíneo se acelera provocando una descarga de adrenalina si le vemos, o se acerca, o bien, cuando tenemos la expectativa de volver a verlo/a. Entonces, si efectivamente aparece, nos alegramos de verdad, dotando de sentido no solo ese instante, sino a lo mejor hasta el resto del día, por el contrario si no, nos ensimismamos, entristeciéndonos casi, para volver a fantasear con otro momento posterior.
Porque el ser humano está hecho para amar, para sufrir amando y no puede ser indiferente a la belleza de ese despertar.
Lo que pasa es que a veces nos obsesionamos con un amor particular, o con la idea del rechazo y el abandono. Enamorándonos entonces de personas inalcanzables, lejanas, "locas" o casadas. La patología asoma desde algún lugar de nuestro inconsciente, haciéndose eco en nosotros de algo que no "anda bien del todo". Encontrando en nuestra euforia artificial una "coraza" para no desvelar nuestra "enfermedad".
La patología más frecuente del siglo XXI no es la depresión, ni el suicidio, aunque estos abunden, sino la adicción, disfrazada de la máscara que sea. Da igual, que sea la coca, el tabaco, el alcohol o el amor insensato. Uno puede amar incluso lo invisible, como hacen los santos, o por qué no, un icono, una foto, un mito, a Dios....
El punto está en que si no amamos perecemos, cayendo en el gran vacío existencial, el hastío de nuestras vidas que se vuelve insoportable.
Pero otros pudieran argumentar que a veces, el amor se convierte en odio y entonces la adicción estriba en evitar a esa persona, renegar su presencia, aborrecer incluso el olor de su piel infiltrado en ese instante en que cruzas una palabra con ella/el, le das la mano o intercambias una mirada. Su "aroma" penetra brutalmente ese espacio llegando incluso a la náusea.
Pero en lugar de echar a correr, perseveras en la emoción, porque en definitiva la muerte, la soledad, el vacío, vienen a ser peor.
Con tal de "sentir" te vuelves un ser irracional y miserable, cobarde hasta la médula, cerrado al horizonte de lo desconocido.
Un examen más pormenorizado del tema me lleva a preguntarme ¿por qué no queremos estar solos?, ¿por qué no sabemos vivir amándonos a nosotros mismos?, ¿por qué nos enfrascamos en una relación de amor-odio por no querer enfrentarnos a nuestras miserias? o ¿por qué la locura del amor envuelve cada vivencia que tenemos?.
¿Qué tiene el amor para hacernos olvidar quiénes somos? ¿No es acaso la droga más poderosa?
Por medio de él nos trasladamos a los paises más extraordinarios; Otorga una nueva presencia a nuestra vida, la reviste de esplendor, mas cuando no es correspondido, también nos sirve de distracción.
¿No estaremos quizás ante la globalización del amor como "distracción", como huida? ¿No es esto una consecuencia de nuestra renuncia a la libertad existencialista?


Hay que cuidarse de psicologizar el amor. El amor es un encuentro entre dos exilios decía Lacan, y además te parte, es un rayo que te parte. Creo que no estamos hechos para nada, pues no somos fabricados, aunque ahora pueda parecer que sí en esta época de alta tecnología del Yo. Lo que hay son, como dice Mercedes de Francisco, determinaciones edípicas, por un lado, y más allá, la marca, lo que nos marcó y de la que no tenemos ni idea de su importancia para nuestras pretendidas elecciones amorosas. Esta analista comenta que parece faltar intensidad al amor contemporáneo. Agrega que no podemos quedarnos cuando la cosa termina, en un fracaso del yo (algo no hice bien,etc) o en la pérdida pura. El amor de cualquier tipo cuando es intenso nos dice mucho de nosotros mismos si nos detenemos y lo analizamos, y nada si como suele ocurrir, por el dolor que produce, pasamos a otro intento, que sin lugar a dudas, será más de lo mismo.
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