sábado, 14 de marzo de 2015

Amor casto

Relato de una experiencia no cotidiana:

Aquella noche fue trascendental; Humillada, sometida, no en espíritu sino en cuerpo, obligada a satisfacer los deseos de un Amo incruento pero obsesionado con la dominación, se abrió ante mí la experiencia de la redención, a través del arrepentimiento y la vergüenza. Tras esto vino el perdón y la misericordia de Dios, lo cual me liberó de mis cadenas físicas y psicológicas y me transportó al paraíso de la auténtica vida en paz conmigo misma y con el mundo. 
¡Del castigo a la Gloria!!
El siguiente paso fue abrir mi corazón a la confesión. 
Poco a poco, sin dilación, mi alma fue buscando la paz, encontrándola en la lectura de los Evangelios y la Santa Misa. 
Como consecuencia mi mente se expande, mi dicha florece, mi alma reposa en  "Cristo rey", de tal modo que ya no me siento atada a nada ni a nadie. La liberación de mis miedos, la contemplación de mi dignidad, la plenitud del encuentro conmigo misma; Me llevan a comprender el verdadero sentido del amor casto, aquél que no se desentiende del mundo, porque  vive para adentro. Mas no para afuera, no para la carne, no para la materia, sino para el espíritu.
Alguna vez has de probarlo, quizás tras la jubilación, con la viudedad, la soltería elegida o la consagración a Dios.

Hay quiénes sin ser solteros ni estar consagrados a la Virgen o a Dios llevan una vida "casta" donde las haya, resultado quizás de su timidez o de la falta de atrevimiento. Quizás por causa del aburrimiento con su pareja. O en casos peores porque ya no aman a nadie, a pesar de que a veces conviven dentro del matrimonio e incluso comparten el mismo lecho. Duermen el uno junto al otro,   sin apenas rozarse, sin hablarse, sin deseo, sin honor.

El amor casto cuando es forzado no tiene mérito, desde mi punto de vista. Otra cosa muy distinta  es que se elija esa vida. 
Esa manera de estar en el mundo, sí es "atrevida", paradójica, en el controvertido mundo de escenas sensuales que rondan por doquier, en el cine, la literatura y el arte en general. La publicidad está servida, con su "al desnudo".
¡Qué raro resulta en este contexto  apostar por la castidad!
Inevitablemente surge la pregunta o la duda:  ¿De verdad guardarán el celibato?
¿Por qué ese sacrificio?
¿A quién agrada? ¿Cómo algo así puede ser exigido por Dios?
¿En qué consiste el matrimonio con Dios?

Preguntas que carecen totalmente de sentido cuando contemplas la magnificencia del amor divino. 
¡Descubrirlo a El destruye todos los miedos, todas las angustias e inquietudes!
Igual que no podemos asir con nuestras manos el ancho del mar, tampoco podemos atrapar y encapsular el amor de Dios en un concepto,  al estilo de los racionalistas, pero tampoco se trata de una experiencia sensible del modo empirista.
 ¡ Vacío de la posesión, de la exclusividad!
Llena del todo de su amor no sacrificas nada. Ese vivir pendiente del otro, siendo el otro un ente espiritual te sostiene en la virtud de la felicidad aristotélica.

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