jueves, 5 de mayo de 2016

La sexualidad en una pareja cristiana

¿¿¿Qué se puede y qué no, hacer en el seno de una relación de pareja cristiana, cimentada en el amor de Dios y santificada por el sacramento del matrimonio????


Experiencias desde el matrimonio cristiano


Planteamos las siguientes cuestiones:



¿Cuándo y por qué podemos considerar pecado la realización de determinadas prácticas: por ejemplo sexo oral, acto sexual que evita la procreación, goce a través de la masturbación mutua?

¿Qué agrada a Dios y que no, al respecto de un encuentro personal entre dos personas que se aman?
¿Ha de ser exclusivamente ésta con vistas a la procreación?
¿Quiere el Señor que una pareja enamorada no goce en su encuentro?
¿Para qué nos da Dios entonces, los centros del placer ubicados en toda la anatomía física del hombre y la mujer?

¿Es el erotismo y/o la seducción consciente fuente de pecado?

Interrogantes que difícilmente encuentran una respuesta unánime.


Dice San Juan en el Evangelio, que al final y a la postre Dios sólo nos va a pedir cuentas del amor, de cuánto hemos amado al prójimo. De cómo y cuántas veces hemos sido capaces de renunciar a nuestro egoísmo. Si nuestra entrega ha sido y es perfecta, sin reservas, si en verdad hemos perdonado los errores del otro y los nuestros propios. Si, en definitiva somos capaces de darnos a nuestro compañero en lo bueno y en lo malo, en la alegría y el sufrimiento, en el goce y en la decepción, .....


Este escrito de opinión no es una defensa del libertinaje, no es un "ancha es Castilla", sino un intento de mirar hacia adentro y ver cuál es la intención real, auténtica, que ponemos en el encuentro con la pareja. ¿Cuál es el fin? ¿Qué perseguimos con ello? Y sobre todo, si estamos amando de verdad.

Queda abierto el debate inmanente, la mirada incisiva hacia nosotros mismos, aquélla que rehuimos con tanta facilidad, porque nos da miedo contemplar nuestro infierno personal.

La pregunta clave es: ¿Adónde se fue el amor? o bien, ¿Cuánto amor hay en esto que estoy haciendo?

Tranquilos/as no hay que responder de inmediato, sino tras el análisis.

Hace falta más filosofía, acerca de todas las cuestiones. Pero también más fe.

Un matrimonio cristiano ha de recorrer a diario estos senderos, a cada paso, a cada suceso, a cada realidad, a cada cambio, ha de retrotraerse después, despacio, con calma, enfrentando las cuestiones y preguntas que le salen al paso, examinándolas en conciencia, buscando humildemente la respuesta a cada una de ellas, con honestidad, con hondura, con amor.

Podría darse el caso de que llegara a darse a sí mismo esta respuesta: Si amo, adelante. Si no, mejor dejarlo.
Pero también quizás la consulta de un sacerdote, que les oriente resuelva la confusión.
Desde el Concilio Vaticano II la Iglesia está más preparada que nunca, gracias al enorme trabajo de Juan Pablo II, para ayudar y aconsejar a las parejas católicas en esa búsqueda enfocada a la satisfacción desde la entrega.




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