Pocas veces preguntamos a una madre, ¿quieres a tus hijos?
Aún con menor frecuencia nos planteamos: ¿Por qué hay que amarlos?
¿Se les ama desde el momento en que nacen?
A veces somos testigos de una escena que nos desagrada por completo, por ejemplo; vemos a nuestro hijo pegar a su hermana y/o viceversa; o bien contemplamos pequeños actos de egoísmo o envidia. ¿Podríamos sin embargo afirmar que su conducta influye en nuestra manera de amarlos?.
Más interrogantes:
¿Aman los hijos siempre a los padres?
¿Afecta la conducta de los padres en el amor y sobre todo, el modo que tienen los hijos de expresar sus sentimientos?
Seguimos: Padres y madres, ¿aman igual?
¿Cómo afecta ese amor a la relación entre la pareja?
Necesitamos meditar largamente acerca de estas inquietudes;
Pongamos un ejemplo;
Imagínate que tu pareja te obliga a elegir, entre él y tus hijos,(quizás no sea él su padre biológico, quizá sí, ¿importa mucho este dato?). Si esto sucede, es que sencillamente, por mucho que te duela, no te quiere realmente, al menos, no te quiere con tu realidad, con lo que tú eres. Ya que el amor de una madre por sus hijos, por lo general, es incuestionable.
Esa madre que elige sufre, porque se siente dividida, mermada, forzada a vivir en una contradicción, entre el instinto-corazón y la razón.
¿Cómo describir el amor de una madre hacia sus hijos?
Este tipo de amor, exige más responsabilidad, mayor compromiso, generosidad y altruismo que otros.
Valores que nos garantizan el crecimiento y desarrollo sano de nuestros vástagos, cuando los padres los ejercitan y aplican, al cuidado de los mismos.
Implica sacrificio, porque no se puede con todo,- ni falta que hace-. ¿Para qué ese afán de estar en todo, participar en todo y ser el mejor en todo?¿será que nos pesa más nuestra imagen social que el valor de lo que hacemos?.
Hoy en día está prohibido ser mediocre en el trabajo, en el deporte, en la belleza, etc, en definitiva, en el escaparate social, pero ¿Y en el hogar? ¿Y en el trato a nuestros hijos o a nuestra pareja, ? ¿a nuestra familia?
A veces, asistimos "mudos" a situaciones de lo más perplejas: un padre que grita a su hijo porque ha tomado la iniciativa y está ayudando a su hermana en la elección del menú, le grita porque se levanta de la mesa para hablar con el camarero, sin pedir permiso; frente a otras , en que consentimos casi de todo, con tal de no llamar la atención en el supermercado, en la iglesia o en esa reunión importante en la que tenemos que quedar bien.
¿Por qué tanta hipocresía?
¿Adónde nos conduce todo esto?
Al vacío del corazón, la desesperanza y la "náusea" descrita ya por Sartre:
El amor verdadero exige siempre fidelidad, confianza y entrega.
Ellos -los hijos- aprenden eso de nosotros.
No los defraudemos, tengamos cuidado de no empobrecerlos más.
Su frágil corazón depende de nuestra atención, nuestro cuidado.
Un corazón roto, puede ser sanado por Dios,a expensas de que pida consuelo, pero tarda...
Ahora bien, podemos evitar cualquier dolor, ¿todo dolor? ¿acaso es conveniente?
¿no quiere el Señor purificarnos de nuestros egoísmos, a través, precisamente de la cruz personal que nos regala cada día, ante la, a veces, desagradable tarea de corregir a nuestros hijos?
Sin embargo, no por pura negligencia, no por pereza o ignorancia consentida, sino por puro sentido de nuestra responsabilidad, es por lo que hay que enseñarles, desde el amor, sí, pero también desde la firmeza.

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