miércoles, 8 de marzo de 2017

Amor sin ley

El amor se enfrenta al principal de los obstáculos, hoy en día, la ausencia de leyes.
No hay nada ni nadie que pueda parar los impulsos.
Careciendo de coerción interna así como de externa, hacemos del amor un lugar sin ley.

Aquello que pareciera a nuestros antepasados una utopía propia del Edén, resulta sin lugar a dudas a los ojos de la fe un disparate sin sentido.

¿Por qué?

Porque no podemos amar sin normas, sin leyes, sin valores.

El amor del que hace gala Jesús es un amor sin reserva, sin límites, pero no por ello ajeno a la Ley.



Un amor carente de límites, sería un amor ilegítimo, irreal y enfermo.

Testimonios de ello lo encontramos en todas partes, no hay más que encender la televisión un día cualquiera de la semana. A ésta asoman programas de todo tipo que hacen gala de la conversión en mercancía de algo tan sagrado y trascendente como es el amor.

Y no es por puritanismo ni por temor a un castigo, sino por convicción auténtica. Un amor que se entrega hasta las ultimas consecuencias, es un amor vivido en plenitud.

Conformarse con la mediocridad no es más que una consecuencia del relativismo irracional al que estamos todos y todas sometidos casi sin darnos cuenta.

Se podría objetar que así las cosas ¿quién ama de verdad hoy en día?

O bien, ¿encontrarás algún día ese amor?




Cierto, más no por ello vamos a dejar de soñarlo, de anhelar esa ruptura con la mercancía para suspendernos en la magia de lo utópico.
El camino no está hecho, lo hacemos cada día tu y yo; Todos nosotros. ¿Por qué no ambicionar el encontrar ese amor?

¿A qué me refiero, diréis?

Pues al amor de Cristo. Pero no quiero decir encontrar al Cristo crucificado aquí y ahora, sino en contemplar al otro como si éste fuera el mismísimo Cristo. Esto es, cuando soy capaz de amar por encima de las diferencias, de las maldades, los desacuerdos, desencuentros, incluso de la misma lógica; cuando soy capaz de trascender la carne, entonces, y solo entonces, soy yo misma Amor, Luz que es proyectada en el otro, haciendo del otro alguien digno del más grande amor y respeto.

Ahí está el secreto: en la Entrega.

Hay quienes hacen alarde de ese tipo de entrega, estando como están en las antípodas del mensaje cristiano, los seguidores y practicantes del BDSM.

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