jueves, 16 de mayo de 2019

Amor como fracaso del Eros


"La agonía del eros": El  Eros como "rendimiento sexual".
En palabras textuales de Byung Chul Han.

Vivimos en la era de la pornografía y el espectáculo amoroso entendido como una variable del placer físico más absoluto.

De tal modo que ya nada más importa. Ni siquiera el yo, ni siquiera el otro. Porque el otro queda disuelto en mi necesidad, en mi requerimiento, en mi vacuidad. Y yo en la suya, produciéndose un antagonismo de serie, automático, que no conduce nunca a la unión, a la verdadera comunión. Ya que siempre estamos esperando que el otro nos satisfaga sin pensar ni tener en cuenta quién es.

Exigiendo el cumplimiento desde mi mismidad de la culminación de mis deseos y necesidades sin ver al otro, distinto, y con inquietudes diferentes a las mías. Si  no me colma, se llega al fin de la relación puesto que no alcanzamos a través de ella el objetivo para el que nació. Reduciendo el amor a mera instrumentalización, - eliminando el yo trascendente -,  pues el sujeto no existe por encima de la materia.

Mas tal y como afirma Chul Han, sin el otro no hay eros.  La asimilación del otro como "igual" propia de las relaciones contemporáneas introduce, paradójicamente, su propia aniquilación por medio de la supresión de la individualidad y del deseo subjetivo. Lo que lleva  irremediablemente a la supresión de la idiosincrasia personal y, por consiguiente a la muerte del erotismo. Puesto que éste es confrontación, tensión, desigualdad, atracción; - Atracción  imposible sin antagonismo -.



Mas si la elisión del otro aniquila el deseo, la pasión, y en última instancia acaba destruyendo el amor, una excesiva confrontación, por otro lado,  lleva a la angustia, transformando la inquietud de atractiva en repulsiva. En el término medio está la clave de la victoria y el triunfo del amor sobre la posesión. Poseer al otro equivaldría a acabar con el erotismo. Siendo mercancía vale lo que cualquier otra cosa puede valer, perdiendo del todo su especificidad y su esencia, así como la capacidad de mantenerlo en tensión amorosa, expectante a la mirada,  la palabra, los gestos y las caricias de su amado.

El otro- objeto,  relativizado,  eliminada su peculiaridad queda reducido a instrumento para mi goce. Pero ello contiene una fecha de caducidad inmediata. De ahí que en la época actual el mayor reto humano sea la indisolubilidad del matrimonio y/o la pareja. Sobre todo porque el amor es consumido como un producto más del supermercado.

Frente a esta filosofía de vida del rendimiento en el amor se alza el concepto humanista e integrador  transmitido desde la Antigüedad por el Cristianismo. Donde el amor es sinónimo de tolerancia, respeto, escucha;  Cuidado y atención al otro que no soy yo, sino que contemplamos como un ser sintiente y volitivo, ajeno no por necesidad, sino por historia vital biográfica a otras circunstancias y necesidades divergentes. Vivificando la experiencia del amor cristiano, como fuente de alegría y caridad, desde la entrega incondicional que lo presenta ante mi como alguien a quien colmar y con quien compartir la vida. Aunando Eros y Ágape. (Veáse la Carta a los  Corintios, 13, 1-13 de S. Pablo).

Pongamos como ejemplo una pareja de enamorados que tras mil vicisitudes se encuentran en la vida a una edad tardía. Ambos son exigentes;  ambos están "burnout" tras sucesivos episodios amorosos frustrados.  Precisamente por  ser diferentes hay atracción, pasión, deseo. La vivencia del otro como otro, lejos de rebajar la tensión, la aumenta garantizando la continuidad de la relación y por ende el deseo, pues nunca se domina al otro, nunca se le posee, nunca se le anula. La alienación está fuera de lugar porque de lo contrario la comunión sería inviable.

¿Cómo salvaguardar entonces al Eros?

Respetando y aprendiendo a convivir con la diferencia, la frustración y la espera. Espera que habrá merecido la pena tras lograr la meta: conocerse y convivir toda una vida.

Pero,  ¿y si ésta máxima se tornara ficción, bien porque el amado tira la toalla, - abandona la escena erótica- bien porque queda absorbido por la vorágine del consumismo?
Ya en su día, Sto. Tomás de Aquino propuso la colaboración de filosofía y religión: Si consiguiéramos unificar Eros con Ágape, pasión y amistad, deseo y respeto, razón con corazón, se podría contrarrestar la perspectiva presente. 

Queda mucho trabajo todavía por hacer, la filosofía fortalece la esperanza de que Eros plus Ágape siga vigente como contracorriente de las modas y las intemperies valorativas o anti-valorativas de la era capitalista, entendida ésta como despliegue de fuerzas ciegas de mercado.  Solo así el AMOR habrá ganado.


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