lunes, 19 de mayo de 2014

Evitarse a uno mismo

Paradójicamente quién más se evita a sí mismo es el adicto/a al amor.

¿Por qué, os preguntaréis?

Porque en el arte de la obsesión, su foco de atención está fuera de su yo interno, lo coloca afuera, en el otro, generalmente su pareja, pero igual podría ser su padre, su madre o su hijo.
El asunto estriba en ocupar su mente en y con los demás, pero no en sí mismo, en saber qué necesita, qué le gusta, cuáles metas desea alcanzar etc..

El auténtico adicto desarrolla unos hábitos codependientes, situando su existencia en el substrato de su reflexión, ignorando que así no puede amar, porque el amor, para que fluya tiene que venir desde el interior de uno mismo; Cuando uno es capaz de darse amor a sí mismo, está en disposición de darlo a otros.

A este grupo de personas, tradicionalmente, amas de casa y madres, pero que actualmente se extiende a muchas más, integrándose también  algunos hombres, (dado que no estuvo presente en su educación con anterioridad), les lanzaría yo este reto:

"Ámate a ti misma como te gustaría que los demás te amasen, en profundidad, sin prejuicios ni juicios y sin miedo".

Ahora sí, podrás amar en igualdad y con respeto.

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