Queridos lectores/ras, desde hace tiempo vengo sintiendo la necesidad de compartir con ustedes una "realidad" por la que atraviesan algunas mujeres y/o hombres en algún momento de su vida.
Antes de todo, quisiera añadir que la persona que me reveló esta experiencia me ha autorizado para que la publique en mi blog, ya que pensamos que su difusión pudiera serle útil y sirviera de aprendizaje a algunas personas.
Cuando una mujer se halla, de manera involuntaria, en una encrucijada en su vida, porque tiene que tomar una difícil decisión como es la de abortar, casi siempre pide consejo a una o a varias personas. Quizás un médico de cabecera, una psicóloga o incluso al mas que probable padre de la criatura.
He aquí la historia:
- Consultante-
Yo solía tener un ciclo muy regular, así que me extrañó que no me bajara la regla. No obstante, dejé pasar una semana para asegurarme. Finalmente fui a la farmacia y compré un test de embarazo. Me hice la prueba y para mi sorpresa vi que estaba embarazada.
Una cantidad increíble de emociones se apoderaron de mí. Por una parte me alegré, por otra me entró el pánico. Pero la sensación más poderosa fue el miedo. El miedo a no saber quién era el padre y el miedo a que se hiciera público.
Hacía ya tres años que tenía novio, al principio todo fue maravilloso. Después del primer año juntos, me di cuenta de que no le quería lo bastante; Había cosas en él que no me agradaban. Intenté dejarlo, pero insistió. Durante el segundo año, empecé a sentir cierto hastío, peleábamos mucho. Ya al llegar al tercero no sabía qué hacer para que me dejara marchar. Se me ocurrió entonces serle infiel. Él era un tipo muy celoso, así que - pensé- me dejará.
Tuve dos encuentros sexuales puntuales con dos hombres. Se lo conté pero se puso tan mal que me compadecí mucho de él y le dije que era mentira, que no le había engañado, que sólo había sido una tontería y que lo seguía queriendo. Después de esto nos fuimos de vacaciones, hicimos un viaje y planeamos tener un hijo.
Le sugerí algunas fechas más propicias para quedarme embarazada, así que nos pusimos manos a la obra. Entonces, cometí el mayor error de mi vida.
Llamé a un antiguo conocido, nos vimos, sólo una vez, a día de hoy aún no se por qué lo hice, pero el caso es que nos enrollamos, no usamos preservativo, y pasó lo que no tenía que haber pasado jamás, el muy imbécil se corrió dentro.
Yo estaba como mareada, al salir del hotel, pensé, seré idiota, me preocupó un poco el tema, pero no hice nada, era como si quisiera negar lo que había ocurrido, luego, me olvidé. Hasta el mes siguiente, claro, que descubrí las consecuencias.
Me sentí desolada, no sabía qué hacer, quise decírselo a mi novio, pero temía su reacción. Estaba tan avergonzada que no podía contárselo a mis hermanas tampoco. Llamé a mi médico, pero sólo pude hablar con él por teléfono, y no me supo aconsejar, o no le entendí. Fui a ver a mi psicóloga, pero ésta no me tranquilizó, al contrario, me expuso un panorama de escarnio si se llegaba a descubrir, o si mi novio decía que el hijo no era suyo. Mi propia conciencia me decía que había actuado mal y que tenía que resolverlo pronto.
Apenas estaba de 4 semanas, y era consciente de que cuanto más tiempo pasara, mas doloroso iba a ser "deshacerme del feto", así que llamé a mi "amante" ocasional y se lo conté todo. El enseguida me propuso ir a una clínica de "interrupción del embarazo". Que no me preocupara, que él me acompañaría, y se haría cargo de la situación.
Yo accedí, de este modo, me dirigí hasta allí. Sentía mucha rabia y mucha culpa. Me pasaron a una sala, que sería un quirófano, creo. Todo fue rápido y sencillo. Una vez acabado, me embargó una inmensa sensación de vacío y sinsentido. El hombre aquél se despidió de mi frente a un cajero automático, y nunca más supe de él.
Me quedé sola, con mi vacío, mi dolor y mi culpa. Sin embargo, al cabo de un tiempo, comprendí que por dura, y quizás equivocada, que hubiera sido mi decisión, en aquellos momentos, fue la mejor que pude tomar, la única, de hecho que podía haber tomado.
Desde entonces, me he visto abocada muchas veces al sufrimiento. He recorrido muchas salas de espera en busca de ayuda terapéutica, he hablado con amigos y sacerdotes. Le he pedido perdón a la Virgen María.
Pero lo que más me ha ayudado ha sido darme cuenta de que mi experiencia constituye parte de mi ser, he aprendido, he reconocido el valor de mi misma y te he encontrado a ti.-
Mi pregunta es: ¿Puede la adicción al sexo o al amor llevarnos a quebrantar nuestros principios más esenciales? ¿Acaso el ser humano no es capaz de discernir en algunos momentos lo que le conviene? ¿Hemos de estar perdiendo siempre algo?
Si tú aprendes, habrá servido para algo.

Felicita a tu amiga por lo valiente que es al permitirte publicar su experiencia.
ResponderEliminarMe gustaría contestarte a tus preguntas.
Como tú bien dices, en otras reflexiones....las adicciones son fruto de un desorden emocional y no puedes llamar AMOR a una enfermedad.
Un adicto puede quebrantar todos sus principios porque, precisamente, no puede tenerlos fruto de su adicción.
Y no, no podemos discernir si nuestro discernimiento está bloqueado por una emoción que nos incapacita para ello.
Y no, no siempre perdemos algo, porque, en ocasiones, una pérdida nos abre la posibilidad de recibir otras capacidades extraordinarias que , ni siquiera sospechábamos , que poseíamos.
Cuando se cierra una puerta....puede ocasionar que se nos abran otras muchas.
Y qué puerta abrir, nos va configurando la clase de persona que queremos forjar en nosotros...En cada elección, por mínima que parezca, nos vamos recreando y configurando.
VIVIR ES CRECER, APRENDER, DESCUBRIR...sino es como estar muerto...es sobrevivir, simplemente.
Para VIVIR EN PLENITUD, tenemos que elegir, discernir y actuar en consecuencia. ¿Esto provoca sufrimiento? SÍ, y mucha dicha y satisfacción.
¡Enhorabuena por tus reflexiones!