¡Por amor, ella lo hizo todo!
Muchas son las que lo intentan, por suerte, no todas lo consiguen.
En Mujeres que aman demasiado, una de éstas mujeres, quiso quitarse la vida cuando su amante la abandonó. Después de estrellar su coche contra un árbol tomó conciencia de lo mucho que dependía de él, una dependencia enfermiza. Fue el momento en el que decidió ponerse en tratamiento.
Sin embargo, quiero hablaros de otro caso mucho más cercano a mí: el de una adolescente que tras una discusión con su novio, enfrentada a su padre por añadidura, toma una cantidad importante de anfetaminas, las cuales había robado a un tío suyo, mientras veraneaba en casa de éste en la playa.
La noche de antes, tuvo una discusión violenta con su novio, él insistía en que fueran a un edificio en construcción a hacer el amor; ella se resistía, sintiéndose presionada. Su padre la amenazaba constantemente con el tema de que "podía quedarse embarazada", y con el rollo de que una mujer decente no se acostaba con su novio, además no le gustaba un pelo que fuera con aquél chico. Esa misma mañana había tenido incluso, una de sus típicas peleas . El rechazó de plano la idea de que su novio fuera a verla a casa de su hermano y más aún que se quedara a pasar la noche.
El chico vino a visitarla igualmente, pero iría a dormir a la playa y la necesitaba a su lado. Ella se debatía entre la fidelidad al padre o al novio.
Finalmente, y tras ambos enfrentamientos, no se lo pensó dos veces y para castigarlos tomó las pastillas. Primero tomó una pequeña cantidad, pero viendo que no le hacía efecto, tomo unas pocas más, así hasta casi acabar la caja entera.
A la mañana siguiente, bien temprano, acertó a llegar hasta la cocina de la casa, consiguiendo advertir a la madre de lo que había hecho. Resulta que las pastillas le habían quitado el sueño, lo cual, por otro lado, significó su salvación. La madre asustada, llamó a la policía, que llevó a la chica al hospital.
Por entonces, los padres decidieron que siendo ella menor de edad, y para evitar preguntas malintencionadas, dirían a la gente que había sido un accidente, ocultando la verdad del tema y contribuyendo a la represión de la vergüenza y la culpa que acaso sintiera la joven.
Muchos años después, esta chica aún recuerda, con amargura, las mentiras que tuvo que decir en el juzgado.
Más aún, todavía vive culpando a su padre por su incomprensión. Por haberla obligado a dejar a su novio. Por haberla inducido a la frigidez y la anorgasmia, hasta muy entrada la edad madura. Por haberla hecho tan dependiente.


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