Se sentaron uno frente a otro, mirándose a los ojos, iniciaron una conversación poco trascendental, ella estaba como hiponotizada, ausente y presente a la vez, dentro y fuera de sí, contenta y melancólica. "Éste es mi destino, pensó, condenada a amar siempre de manera insostenible, de modo imposible, subyugada por mi propia incontinencia erótico-pasional"; "Es que nunca cambiaré, Cristo, ayúdame, libérame de este martirio, pidió mentalmente antes de volver de nuevo su atención a lo real.
Él le propuso acercarse hasta ese bar, un frecuentado local de comida casera propiedad de unos muy buenos amigos suyos. Ella aceptó encantada, si bien hubiera preferido un lugar menos ruidoso, más acorde a su estado de ánimo, ya exaltado de por sí. Sin embargo, no puso ni una sola pega, él lo había elegido, por algo sería.
Su lucha interior aún no había acabado, necesitaba un padre, de eso estaba segura, uno bueno, amoroso, íntegro, que le diera seguridad y protección, cariño y pautas de conducta, no más órdenes ni amenazas. Sabía que de no encontrarlo, jamás estaría en paz. Tenía que perdonar, quería hacerlo, pero no hallaba las fuerzas. Le faltaba convicción, motivación, esperanza.
El lo estaba dando todo, al igual que El Otro, el real, le había quitado todo.
Por eso, se sentía tan fuerte y débil a la vez, tan valiente y cobarde, tan entregada y esquiva, un mar de contradicción absoluta, que ni ella misma entendía, pero ¿y qué más daba eso? Lo más importante de todo esto era que por fin lo iba a superar. Eso creía y por eso mismo no podía dejar de mirarle, de admirarle, de adorarle, cual si fuera un dios verdadero.
Pensó, ¿estaré volviéndome loca, loca de amor?
Esa conversación era decisiva, y lo fue, porque después de aclararle algunas dudas por enésima vez, ella comprendió. Comprendió que el amor sano de un Padre no es erótico ni pasional, sino fraterno, espiritual y que eso no le quita ni un ápice de importancia. Un amor así cura, no estorba, embellece el alma y limpia las miserias más profundas de todo ser humano. Libera tus demonios más secretos y te devuelve a la Vida con mayor capacidad y aptitudes para dar, entregar incluso tu Ser.
La belleza de ese Amor reside en su generosidad, una generosidad explosiva, necesaria y no contingente, que eterniza la comunión con el resto de los seres vivos de este planeta. Un amor así solo puede venir de lo más excelso y sublime que hay en el Universo.
Estas reflexiones hechas a posteriori devolvieron la fe a una de mis pacientes, anoxérica, trastornada desde la adolescencia, cuando pelearse con su padre se había convertido en el pan de cada día.
Un día que volvió a mi consulta después de estar desaparecida más de tres meses, vino y me contó su última aventura, la aventura última y definitiva, según me dijo, la aventura con el Padre.
Éste le había devuelto la sonrisa y la fe en el mundo real, contrario a las apariencias míticas.
Una mujer acostumbrada a bregar con hombres narcistas, perversos, machistas y sádicos, que había conocido y habían llenado toda su existencia, comenzando por el padre biológico, una retahíla de novios, y su finalmente marido. Hombres que la habían despojado de su ingenuidad, su inocencia, su temperamento naturalmente confiado y atento.
Violada, ultrajada emocional y psicológicamente, esta Mujer, lo había dado todo y lo había perdido todo por amor; Un amor ahogado, fracasado, inútil desde su origen.. Amor mal entendido de los pobres espíritus, que confunden la gloria con la "mierda corporal".
Abusada y humillada en su adolescencia, vapuleada en su juventud, engañada cuando adulta, llega a la madurez, plena de conciencia y bendecida por la paternidad generosa de un amigo suyo, que no busca sexo, no quiere sexo y le impone un nuevo modelo de conducta, más puro, más sublime, regenerador de heridas mal cicatrizadas desde la infancia.
He ahí amigos, dónde reside la solución, a veces, en el Amor que no toca el cuerpo sino que envuelve el alma con su cántico celeste.
Frente a la adicción existe antídoto, si Crees, podrás vivirlo intensamente, el Amor auténtico o amor verdadero, algo tan ajeno y extraño en nuestra cultura actual.


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