domingo, 8 de junio de 2014

Vivencias del adicto a la evitación

A lo largo de mi etapa como profesional de la enseñanza y amateur de la terapia de pareja, me he encontrado distintas situaciones, que me atrevería a decir, no han dado sosiego a mi alma.
Últimamente, la más significativa es ésta en la que un adicto a la evitación le dice a una adicta al amor estas palabras:
 
"No quiero seguir con ésta relación, ya  no te quiero,  no siento lo mismo: Me he desenamorado de ti".
 
Parecería que dichas "palabritas" pertenecen al guión de alguna novela romántica, inspirada en el siglo XIX, pero no, son auténticas, son reales.
 
Después de esto, la adicta al amor está obligada a reaccionar y a revisar su conducta en pos de sobrevivir emocionalmente a la destrucción existencial.
 
¿Qué puedo decirle? ¿Qué aconsejarle para disminuir su pena?
 
¿Qué le diríais vosotros, los que miráis éste blog de vez en cuando?
 
Ciertamente, agradezco esos comentarios, si es que llegan.
 
Entretanto, hay mucho por hacer.
 
En primer lugar, llevar a esta persona a la calma, a la paz interior, para que desde ahí pueda empezar la reconstrucción. Logrado esto, quedaría la revisión de su trayectoria, detallar y repasar mentalmente o dialogando el camino recorrido, analizando los acontecimientos que la han llevado hasta allí.
Porque el lugar al que llegamos, no es casual, sino causal. Deriva de una casuística previa. ¿Por qué os preguntaréis?
Porque considero muy importante, revivir conscientemente aquello que hacemos inconscientemente, a fin, de regenerar los tejidos, a fin de aprender "la lección" humana que nos da la vida. A fin, de no volver a cometer los mismos errores, repetidos hasta la saciedad.
Hay necesidad de sanar la autoestima; Sanar el autoconcepto; Desvelar los patrones de conducta; Diseñar un plan de acción, en definitiva.
 
La vida es plena, en tanto uno mismo la hace así. La vida "no vivida" es la nihilista, la que no acepta el dolor o lo niega. (Nietzsche)
 
La aceptación es la clave, recomendación hecha por los estoicos, y traída de nuevo en el siglo XX por grandes bestsellers de la autoayuda y por muchos expertos en psicoterapia individual y de pareja.
 

1 comentario:

  1. ¿Condenados a amar?
    Los problemas de pareja son una de las presentaciones sintomáticas de nuestras "consultas actuales": las desgracias amorosas en el orden simbólico y el desorden producido cuando éste cae. La adicción y la evitación son significantes que desde el otro lado del atlántico terapeutas concernidos proponen a lo que llamamos la no existencia o no proporción de la relación intersexos, de las posiciones del ser-en -pareja. Las parejas se forman según varios modelos entre los que destacan el narcisita: mi otro es amasado, creado a imagen y semejanza de uno mismo; el modelo basado en el ideal encarnado por uno de los padres; el fantasmático en el que el otro o la otra funciona como escenario para poner en juego mi fantasma, con guiones y roles complementarios bien vinculados y disfuncionalidad la mayoría de las veces.
    Ha caído en desgracia. Siente la soledad y el vacío en el fracaso amoroso. Dice bien la terapeuta que habrá que hacer un recorrido (para hacer consciente lo inconsciente), y la paciente al hablar de su ruptura, de su separación, hablará de otras anteriores y en cadena llegará muy lejos, si la dejamos. Tendrá que saber que lo que este hombre le dijo parece un semblante de posiciones femeninas del ser, de lo que él ha escuchado a las mujeres decir y hacer al respecto. Las separaciones tocan a fondo la suplencia del amor en el hueco, en el precipicio de lo que sostiene una vida, de ahí el consejo de no precipitación en pasos al acto. Ella puede haber proyectado su síntoma en la pareja, en la relación, lo pone en lo intersubjetivo, no en lo intrapsíquico. Hay una relación de 3: ella-pareja-síntoma. Aquí lo dejo

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