Amar, que no depender, señala W. Risso:
Paradoja:
No hay nube sin cielo, ni hay estrellas sin noche. No hay amor sin sexo.
En lo más íntimo de cada uno, lo que verdaderamente buscamos, ansiamos, es dominar al otro.
Inconveniente:
¿Quién se deja dominar? ¿Y quién someter?
Los adictos en todas sus variantes, al sexo, alcohol, drogas, deportes de riesgo, a las relaciones, incorporan un sucedáneo de realidad en sus mentes, a través de la cual creen vivir una existencia completa.
No obstante, inteligente y sensible lector/a, como bien sabemos, la sociedad no siempre da una respuesta satisfactoria al sostén de nuestros deseos, en el mejor de los casos, los examina, juzga y encorseta.
¡Cuán difícil, vivir sin ser como los demás! ¡Cuán difícil vivir en la diferencia!
Para no ser aplastado, uno tiene que buscarse subterfugios, de ahí la proliferación cada vez mayor y más aplastante de las adicciones.
Cuanto más complejo es el mundo, mayor la complejidad también de nuestras adicciones.
Mi pregunta es, por lógica: ¿Se puede vivir sin adicción?
¿Puede la política, la escuela, la religión, la psicología, ser una adicción más?
¿Por qué el sexo, sin amor? Cuando el amor es un arte y el sexo su complemento.

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