Éste es uno de esos días en el que me place compartir con vosotros, una cada vez más habitual, experiencia.
Hablo del divorcio:
Cuando dos personas se declaran su amor y su deseo de unirse en matrimonio evaden por lo general, el planteamiento de ciertos temas serios, tales como: ¿¿¿¿¿qué opinas tú acerca de la educación de los hijos, qué pasa si yo tengo que trabajar también por las tardes, quién se ocupará de la casa, quién hace la compra, cómo repercutirá en la pareja si uno de los dos, por motivos de trabajo tiene que pasar una temporada viviendo lejos. Quién se levanta a medianoche si llora el bebé, etc, etc????
Cierto romanticismo envuelve la relación durante los primeros meses o incluso años de noviazgo, lo cual no facilita la asunción de la responsabilidad ni tampoco clarifica los márgenes de ese compromiso.
Nos precipitamos hacia adelante, dejándonos llevar a lo mejor por familiares y amigos y, hete aqui, frente al altar o el juzgado , dando el sí quiero.
De igual modo, algún tiempo después descubrimos nuestras incompatibilidades, nuestras miserias, y entonces, ¿qué? Pues resulta que volvemos a tirar por el camino más facil, el de la infidelidad, la huida, el juego, las drogas, el sexo, o incluso por qué no el deporte o la religión.
Os preguntaréis que tiene que ver esto con la adicción al amor?
Pues, bastante. Pongamos por caso, que uno de los miembros de la pareja es adicto al amor, manifiesta además un apego ansioso importante hacia el otro, no "quiere perderlo". En tanto, su compañero, se "deja querer", o tiene claramente una pulsión hacia la evitación.
Estas características de personalidad o llamésmolas rasgos amatorios, si no se abordan desde el principio van a constituir un grave obstáculo para la relación futura.
Vivimos en la cultura del todo vale, y del que cuando algo ya no nos sirve, lo tiramos.
Pero, ¿qué pasa si hay niños de por medio?
¿Por qué es tan complicado pensar en su bienestar?
Podemos argumentar que lo hacemos por ellos, que eso de estar todo el día discutiendo no les hace ningún bien.
Mas, acaso ¿les hace algún bien, que los padres utilicen el divorcio como un arma arrojadiza contra sus hijos, manipulándolos e ignorando sus necesidades?
Los niños, necesitan, sobre todo, estabilidad.
No entiendo, porqué algunos padres olvidan esto. Y se pasan el día inventando nuevas formas de "joder a su ex".
Cuando, lo más sensato sería establecer una línea de convivencia lo más flexible y tolerante posible. Vivir con responsabilidad la decisión tomada, pues se supone que ya entonces sois ambos, más maduros, y preocuparse por la salud emocional de los hijos, para evitar en la medida de lo posible, replicar el mismo esquema.


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