Preguntarse. Eso y nada más.
¿Por qué más? ¿Para qué más?
El arte de la pregunta sin respuesta. Eso es filosofar.
¿Qué más da quién sea el autor, quién la víctima, qué si no es verdad?
Utopia, lugar remoto, no lugar.
Mas qué hacer sino preguntar.

Hay una psicología clínica de las preguntas, por ejemplo: ¿estoy vivo o muerto?; ¿soy hombre o mujer?; ¿He asociado el castigo al placer?; ¿Soy yo ése que veo en el espejo? Cada una de ellas corresponden a una categoría o estructura mental: obsesiva, histérica, perversa, psicótica. Se trata de la respuesta particular al fantasma o fantasía fundamental que cada uno de nosotros pone en juego, sin saberlo, en la vida cotidiana y en la relación con los demás.
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