Hace unos años, conocí a una pareja muy peculiar;
Él vivía solo, tras su divorcio. Tenía por única compañía a un gato siamés, que por cierto, fue gata durante algún tiempo, pues nadie le había dicho lo contrario.
De su matrimonio, después de casi 17 años y dos separaciones, la última de las cuales, termino en divorcio, le quedaron dos hijos preciosísimos.
El no había vuelto a salir con nadie, pero su pareja había tenido dos relaciones posteriores a su ruptura. La última de las cuales terminó como "el rosario de la aurora".
Los chiquillos habían tenido "tres padres" distintos, ya que las parejas de ella habían ocupado ese lugar durante un tiempo.
Al final, ambos decidieron poner un poco de cordura en todo ese embrollo y acordaron unir fuerzas para criar y educar a los hijos que aún no alcanzaban la pubertad.
Así que empezaron a compartir casa y a compartir tareas relativas a la crianza y a la educación. Ella pasaba mucho tiempo fuera de casa, pues era una mujer muy activa e inquieta intelectualmente, con gran deseo de aprender y conocer mundo. Frente a él que era muy casero y bastante pasivo. Por lo tanto, les parecía que ese "apaño" podía dar grandes frutos.
Sin embargo, como es obvio no contaron con ciertos inconvenientes inherentes a esa situación. Por ejemplo, las habladurías, las incompatibilidades, las discusiones, los celos, la venganza, las luchas de poder, el deseo de querer ser más "guay" que el otro progenitor etc, etc.
Por encima de todo esto, les unía su amor a sus hijos y el deseo de que éstos sufrieran lo menos posible a causa de su divorcio.
La sociedad no está preparada todavía para comprender que dos personas que ya no se quieren ni comparten lecho, puedan, no obstante, seguir luchando juntos para beneficio de los hijos. Lo que "se lleva" es más bien, dejar de hablarse, ponerse verdes, no colaborar, tener otras parejas, y entonces, la sociedad entiende que están divorciados y lo acepta.
El perdón, la colaboración, la compasión o la amistad están lejos de ser caminos viables para dos personas, que un día rompieron su compromiso sentimental.
Sin embargo, hay que valorar los pros y los contras subyacentes a esa decisión, egoísta e intolerante.
Yo no soy quién para juzgar las decisiones y estilos de vida que eligen los demás. Creo que cada cual anda su camino como sabe y como puede.
Pero es tan importante crecer, y contemplar el horizonte, antes que quedarse en la superficie de nuestras miserias íntimas solipsistas.
Valga esto como reflexión.
La crianza es una labor imborrable e irreductible en sí misma, y si no que se lo digan a los maltratadores que han sido maltratados.
Si bien, no todo está perdido hay diversas instituciones y personas que pueden ayudarnos a reeducar nuestro espíritu.


No hay comentarios:
Publicar un comentario