viernes, 26 de septiembre de 2014

Amores imposibles

Una vez estaba yo sentada a la entrada de una gran plaza cercana a la catedral de una conocida ciudad de México.


Por allí pasaban muchos transeúntes. De repente vi a una mujer que caminaba cabizbaja, con la cabeza cubierta por un velo color púrpura y un vestido de tirantes. Parecía cansada, triste.
Se paró delante de mi, con la mirada perdida, parecía no saber adónde ir. Se quedó allí unos instantes, tras los cuales, pasó de largo, sin mirarme siquiera.
Yo la observé, y entonces tuve un impulso, corrí tras ella hasta alcanzarla, me planté delante explicándole quién era y que pretendía alcanzar con mi brusco requerimiento.
Ella, dudó, pero enseguida se avino a dialogar conmigo y a contarme la "historia" que la había llevado hasta ese lugar, en busca de paz y sosiego para su alma.

De joven, había perseguido la ilusión de amar intensamente a su marido, para toda la vida, por siempre jamás, fueron sus palabras. Sin embargo, con el transcurso de los años, esa ilusión de juventud se había tornado en amistad, compañerismo, compromiso para criar a los hijos. Llegada la madurez, sentía un amor sereno hacia él, pero ya no estaba entusiasmada. Se aburría de sus manías, sus pequeñeces, la rutina diaria; Fue entonces, cuando empezó a trabajar en un sitio nuevo, allí había gente muy diversa, polifacética, distinta a lo que ella estaba acostumbrada. Uno de sus compañeros, comenzó a bromear insistentemente con ella, intentaba provocarla, seducirla, conquistarla. Ella al principio pensó que el "tipo aquel parecía gracioso", apenas le prestaba atención, hasta que un día consintió en ir a tomar café con él. Para su asombro, aquel señor, penetró su alma como nunca nadie lo había hecho antes. Desveló al instante sus inquietudes, sus temores, expectativas y deseos, fue como si la conociera de toda la vida. La comunicación que sostuvo con él durante esas casi dos horas fue determinante. Al despedirse, tuvo la certeza de que se había enamorado;  Enamorado locamente.
Por desgracia, ese  amor estaba condenado a fracasar, ya que era del todo imposible. El estaba casado, casado con Dios. 
Lo terrible de esta historia es que resulta ser más habitual de lo que parece. No concretamente la circunstancia de que sea sacerdote, pero si la "realidad" de que esté casado. ¡Cuántas mujeres no habrá en el mundo, y hombres que aman apasionadamente a alguien a quien no pueden tener!
¿Por qué sucede esto? ¿qué nos atrae? ¿lo prohibido? ¿lo que no podemos conseguir ni siquiera nombrar?

Pienso que ya no nos conformamos con la vida que llevamos, los tabúes se han roto, las reglas también. Nietzsche anunció "la muerte de Dios", desde entonces, las sociedades contemporáneas dan lustre a los ídolos del relativismo, por tanto, no es de extrañar que nos empecinemos en lo imposible,  y si encima está prohibido, mejor. 
El ser humano necesita amar y ser amado. "Amarás al prójimo como a ti mismo" dice el Evangelio. Pero amar no es poseer. Y si entonces no lo es, ¿se puede amar más de allá del espacio real, de la materia?
Podríamos decir, que podemos trascender quiénes somos a través del amor. Platón en La República nos habla de esta Idea de Amor, un Amor entendido como El Bien. 
Mas sujetos como estamos a la corporeidad, ¿cómo lo hacemos? ¿cómo librar esta batalla sin salir heridos? o ¿sin morir en el intento?
¿Existe el amor, más allá de nuestras miserias mundanas? 
¿Un amor infinito, trascendental?

Sin duda, ese es el camino para abandonar nuestras adicciones. Pero exige mucha voluntad, la voluntad de poder nietzscheana y shopenhauriana junto a la transmutación de los valores relativistas.

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