lunes, 22 de septiembre de 2014

Cadenas







Él le entregó una notita que decía: "¿Te gustaría ser nuestra perra sumisa? Llámanos al nº de telefóno : ????????? y quedamos luego, vamos a pasar un rato juntos fantástico; Besos y azotes de Lilith y Demian. Ella debía repartirla a las posibles candidatas con las que se encontrara casualmente, por la calle. 
Vestía de manera atrevida, con sandalias de plataforma negras y tacón de aguja; vestido rojo, sin ropa interior. El iba muy casual, normalito, podía pasar desapercibido sino fuera por el hecho de que iba acompañado de una mujer espectacular, en el sentido de "llamativa".
Iba cogida del brazo de él, porque temía resbalar y caerse; No estaba acostumbrada a caminar con esos tacones. Por si esto fuera poco, él le había colocado  un plug en su ano, un collar de "perra sumisa" y unas esposas de cuero color rojo vibrante.
Caminaban por la acera por una de las más conocidas y visitadas plazas de Madrid, la de Manuel Becerra.
Era verano. 
Y afortunadamente para ella, nadie contestó al reclamo, "Normal", ya que tan sólo se la dio a dos personas. 
Practicaron sexo BDSM y por la noche acudieron a un local privado muy especial, según él.

Ella se sentía algo inquieta, quizás atormentada. No había sido como aquélla otra vez que le visitó en la que sí disfrutó. En esta ocasión no había gozado. Además ya no era la misma, no se movía solo por impulsos. Ahora, sentía en su interior una fuerza sobrenatural, un valor, una seguridad, desconocidas hasta entonces.  Empezaba a sentirse libre. Dueña de su vida.
Sin embargo, esto podría significar un retroceso. ¿Por qué estaba allí?, ¿A qué había ido? ¿Qué buscaba realmente?

Por su mente pasaron imágenes de Cristo, la Virgen y otras figuras religiosas, fue como un flash procesional. Eso no la detuvo, de repente se vio en el interior de aquél local, semidesnuda, con una toalla alrededor de su cuerpo. Le llamó la atención una lámpara que colgaba del techo, quiso hacer una foto, pero su Amo se lo impidió. En ese sitio no estaba permitido hacer fotografías. Había otras parejas, algunas, en la barra, que no llevaban la toalla, que parecía el uniforme del lugar, otras, como ella sí la llevaban. Los hombres exhibían su torso, las mujeres no (¡menos mal!, pensó). Se sentía como en una nube; No se reconocía asimisma, tan solo había tomado un par de cubatas, pero a pesar de haber dicho que sí, era como si allí no estuviera su alma, su esencia, su verdadero yo, sino tan solo su cuerpo, del cual hacía horas que se había separado, escindiéndose en dos, para que no le afectara esta singular experiencia.

El Amo exigió le hiciera una felación a la vista de otras personas, hasta que ella se quejó y marcharon hacia un lugar apartado de la vista de los curiosos. En teoría él esperaba que ella "se ofreciera en bandeja a otros";  "Cual perra sumisa", que era, fueron sus palabras. Mas ella consiguió zafarse y aunque se sintió humillada, pudo salir de allí antes de que su acompañante cambiase de opinión. Subieron a un taxi y se alejaron del "siniestro lugar".
Más tarde en la habitación del hotel recuperó el control sobre sí,  fue verdaderamente consciente de la "enorme tontería que había hecho" y se prometió asimisma nunca más volver allí ni dejarse pisotear por ningún otro ser humano, en pos de conseguir qué: "¿amor?",  ¡¿qué risa? y ¿qué verguenza?!
¿Aún lo dudaba?, ese hombre, la había utilizado, no la amaba ni la amaría jamás, y practicar sexo con él ni siquiera había sido divertido. 
Así que huyó de aquél luqar lo más pronto y rápido que pudo. Al atardecer del día siguiente había terminado la pesadilla.
Su corazón solitario había descendido hasta el "infierno",  consiguendo escapar;  Desde entonces, ha iniciado la tarea de reconstrucción de su alma.

1 comentario:

  1. Adicción que no amor se filtra entre las líneas de esta aventura sadomasoquista, por la que algunas mujeres, en pos de conseguir alguna migaja de amor, están dispuestas a pasar.
    Hay quiénes pensarán que el BDSM no es una práctica tan terrible.
    Cierto, pero la sumisión que se da en un contexto accidental, fuera de la pareja se parece más a una entrega utilitarista.
    Probarlo todo convierte al ser humano en mera mercancía.

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