sábado, 20 de diciembre de 2014

La palabra

¡Me falta tu palabra!



Clama mi "cliente" deshecha en lamentos; Tiene el alma contrita y humillada.

Esclava de su adicción al amor y a las relaciones, codependiente,  en definitiva, alejada de su interioridad y su yo auténtico.

¡Pero es que cuesta tanto estar a solas con uno mismo! ¿Quién la puede culpar? ¿Acaso es fácil para ti? ¿Para cualquiera de nosotros?
Resulta, a veces ¡Tan dificil! ¡Tan de otro mundo!

Sobre todo, para alguien para quien su adicción al amor o a las relaciones, es un asunto inconsciente, bien porque lo asocia a la normalidad, bien porque no ha llegado aún al grado de la locura, bien porque "su problema" se une a otros más graves como el alcoholismo o las drogas. A esta persona lo que realmente le importa y busca es la aprobación del otro, del amado-amigo-amante. Donde el reconocimiento solo se obtiene en el encuentro paradójico de la comunión, -la comunicación-, por un lado, y -la huida de sí que implica-, por otro.

Mas, resulta tan cargante estar a solas con uno mismo, tan aburrido, tan pesado a la vez. 
-Y ella piensa- ¿Por qué no contestas?  ¿Qué te lo impide?
Su pasión devora su paz. Su impaciencia impide su descanso. Su angustia le quita el sueño. 
- Y dice- Por Dios, ¡ten piedad! 
¿Es crueldad? O ¿es solo casualidad?
Pero, si no existen las casualidades, ¿a cuento de qué este martirio?

Desanimada, como buena adicta, necesita, necesita, necesita su dosis.

Tú no me la das, como buen adicto a la evitación.
Tú huyes, mientras yo te persigo, y así el proceso se retroalimenta.

¡Ayuda!  ¡Dios mío dame fuerzas!

La clave esta en resistir a todo aquello que te conduzca a estar más enferma, a padecer más dolor. Confiar en  la espera, para que por medio de la palabra encuentres la fuerza, frente al silencio, símbolo de la indiferencia, pero también de la escucha interior. 
El silencio es tu dolor, la palabra, tu fuerza.
¿Qué hacer si el silencio grita, vocifera, desvelando tus misterios, tus secretos, tus llagas más profundas, tus vacíos existenciales.
La precariedad que algunos nos empeñamos en esconder, pero siempre se revela, como el negativo de una foto; Está ahí para recordarnos lo frágiles y débiles que somos.
Esa es la principal diferencia respecto de los animales. Ellos aman, pero no siguen tu discurso. ¿Es acaso cobardía amarles, en lugar de confrontarse al ruido irracional de tus fatuas ideas?



2 comentarios:

  1. Dice Melodie Beattie en "Libérate de la codependencia" que para poder liberarte de esa presión que autoejerces a tu persona por querer ser mejor y más perfecta cada día, te estás olvidando de ser tú misma. Te explotas, finges y te autoengañas.
    Reconocer nuestra debilidad, nos da permiso para equivocarnos, aceptando lo que somos, quiénes somos, sin disimulos, y ahí esta el principio de nuestra recuperación del yo auténtico; Claves: la autoaceptación y la lucha emotivo- intelectual de autosuperación

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