Veamos: ¿Qué dice Descartes acerca del cuerpo?
Siguiendo en línea con Platón, estructura la realidad en tres sustancias, una de ellas la res extensa o materia, cuyo atributo principal es la extensión con longitud y tamaño; otra es la res cogitans cuyo atributo fundamental es el pensamiento y por último, pero no por ello menos importante está la sustancia infinita o sea Dios.
Digo que sigue la estela de Platón, porque al igual que aquél postula la división del ser humano en cuerpo y alma, sustancias separadas bien distintas. El alma posee la capacidad de dudar, imaginar, fantasear, aprender, soñar, desear, estar triste o alegre etc; el cuerpo actúa como una máquina, esto es, sigue las leyes de la física y la mecánica.
Dicho esto, os preguntaréis ¿qué tiene que ver todo esto con el amor?
- Buena pregunta-
Y es que el amor, sostengo no puede darse sin un cuerpo, más tampoco sólo y únicamente a través del cuerpo.
Un amor real, auténtico, sea o no platónico, sea o no cristiano, aristotélico, spinozista etc, etc, no puede ser descontextualizado de la presencia continua, dinámica, asombrosa de la extensión de uno o varios cuerpos. Y es que el amor no puede estar alejado de la materia, solipsista, refugiado, lejos de la "cárcel" corporal.
Sin embargo, ¿qué sería del amor en estado puro?
¿Sabríamos distinguirlo? ¿Llegaríamos a percartarnos de su presencia?
¿Cómo lo disfrutaríamos?
Porque aún cuando el amor no sea correspondido, uno lo siente, y lo siente a veces intensamente, en su corazón, en su vientre, en sus entrañas.
Su mente vive llena de ese amor, haciéndose omnipresente en la vida cotidiana, hasta el punto de que se convierte en el filtro por medio del cual existimos, organizamos el día a día, crecemos y morimos.
Partiendo de la base de que no comparto esa radical diferenciación entre cuerpo y mente, situándome más cerca de Aristóteles-Spinoza-Sponville que de Platón-Descartes- Sto. Tomás, postulo la necesidad de plantar cara a los que defienden la idea de que es posible vivir un amor enteramente espiritual. Y la prueba la tenemos en los grandes místicos, quiénes han amado al Señor con toda su alma y su corazón, pero también con su cuerpo, o si no pregúntenselo a Sta. Teresa de Ávila o a Simone Weil, quién afirma en su biografía que en cierta ocasión se sintió poseida por el mismísimo Dios, y eso que ella ni siquiera alcanzó al Bautismo, entre otras cosas, además de la originalidad de su pensamiento, por su pronta muerte a causa de una tubercolosis.
El cuerpo está siempre en el aquí y el ahora del amor. Otro ejemplo lo tenemos en El Banquete de Platón, y tantas y tantas novelas de amor; Llevado al cine, la fotografía, la escultura, la pintura y el arte en general. El soporte sigue siendo el mismo, la materia.
Pero la materia no corrompe el amor, antes bien, lo ensalza, elevándolo al altar de nuestro sacrificio trastemporal y trascendental.
Si en algo nos parecemos a Dios es precisamente en nuestra capacidad de amar. Dios también ama los cuerpos de sus hijos e hijas cristianos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario