jueves, 1 de enero de 2015

¿Se puede ser adicto a Dios?

Arriesgada reflexión, ¿no creen?


Porque ¿de qué estoy hablando exactamente?

¿Quién o quiénes son adictos a Dios?
¿Los curas, las monjas, el Papa Francisco?

¿Los fieles que acuden a la Iglesia con regularidad?

¿Aquéllos que han entregado su vida por sus principios? ¿Sus ideales?
  ¿O es resultado de  su evasión a su aflicción?

¿Incapacidad para comprometerse con el prójimo de carne y hueso que vive aquí y ahora en el mundo real?

¿Acaso falta de sensibilidad y credibilidad?

¿Por qué nos resulta tan extraño y tan difícil de entender que haya gente que crea radicalmente en sus principios?
¿Son una especie de "rara avis"?

Lo paradójico es no entenderles. Porque ¿quién no quiere ser inmortal?

Ante el vacío existencial más profundo se les abre esta otra puerta a la inmortalidad.

¿Es su respuesta al miedo a la muerte?

 ¿Miedo o temor a permanecer en lo oscuro del averno por siempre jamás?

La conciencia de nuestra fragilidad más absoluta, nuestro vacío existencial, el hecho de estar abocados a la muerte (Heidegger-Sartre), nos conduce a cualquiera de nosotros a esa búsqueda sin fin por querer alcanzar la inmortalidad. 
En esto algunos persiguen fines eternos, otros no tanto, prefieren lo mundano, hay quienes se enfrascan en la literatura, otros en el trabajo, etc, etc.
Según el psicoanálisis, a la mayoría nos resultará del todo imposible volver a ese estado de plenitud del que gozábamos en el seno materno. Las adicciones no son más que un pretexto inconsciente por regresar, mas infructuoso. 
Otros, más conductistas, opinan que el vacío responde a una pérdida absoluta de sentido, y que entonces, lo mejor sería, bien vaciarse del todo, bien llenarse por completo de alguna filosofía o creencia. 
Sin embargo, si nos empeñamos en querer llenar el vacío, en lugar de adentrarnos, profundizar en él, nunca saldremos airosos. Y esto es así porque el vacío no existe, no está, su esencia consiste en su no existencia, al contrario de lo que pasa con Dios, que su esencia es su existencia.
El vacío por definición no existe, es lo absurdo de la cuestión también, porque pretendemos llenar algo que desconocemos. Y que hemos aprendido a temer.
Si consiguiéramos desaprender el concepto, quizás dejaríamos de huir, de sufrir por su causa. Y nos centraríamos ya más "ligeros", liberados, en saborear los momentos que sí son.

3 comentarios:

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  3. Mi reflexión versa sobre la adicción-obsesión, no sobre las creencias o la fe.
    Mi teoría, simplificando mucho, es que quizás haya algunas personas que esconden su miedo, su vacío, detrás de otra máscara, (la de la religión), porque en el fondo no saben vivir de cara al mundo relacional.

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