En mi encuentro con la Teología arribé a la Encíclica de Benedicto XVI "Dios es
amor".
En ella hace un estudio exhaustivo de la diferencia entre ágape y eros.
El eros lo entiende como "pasión" frente al "ágape" que lo entiende como amor más allá de la materia, trascendente y trascendental, por tanto.
Sostiene que el amor cristiano dentro del matrimonio abarca ambas facetas además de la filia. Cualidad importantísima tanto en la amistad como en cualesquiera otro tipo de relación ( laboral, familiar, de pareja ).
Y que si nos quedamos sólo en el amor físico, nuestra oportunidad de encontrar a Dios en éste es muy mediocre, viviendo este amor desde la dependencia y la facticidad, sin posibilidad de engrandencer ni desarrollar nuestra esencia como seres humanos, dotados de razón y voluntad. Sería como una caricatura del amor, algo irrisorio y rebajado. Demasiado poco para todo lo que podemos alcanzar mediante el amor ágape, protagonizado fundamentalmente en el amor entre madre e hijo. Pero que con conciencia y voluntad podemos construir en nuestras relaciones personales a las que dotamos de una mayor categoría y esplendor. Y esto porque, lo que Dios quiere es que las personas seamos felices y encontremos mediante el amor lleno y valiente esa dicha, que nos hará atravesar las dificultades de la vida con mayor entusiasmo, mayor esperanza.
Los antiguos griegos también han estudiado desde tiempos inmemoriales el concepto del amor: En el Banquete, Platón analiza sobre todo el eros y la filia. Desde el discurso de Fedro, dónde hace un elogio del amor como el dios joven y bello, pasando por Aristófanes y su famoso pasaje sobre el mito de la unidad primigenia del ser humano, escindido y por tanto en eterna búsqueda de la mitad que le complemente, hasta el célebre discurso de Diotima, quién por boca de Sócrates expone la condición de "daimon" del Eros. Un amor que nos exige búsqueda de lo que nos falta, pero que si acaso, nunca podremos culminar en el mundo sensible. Otra perspectiva la ofrece el discurso de Pausanias, que se centra mayormente en el amor como philia en defensa del amor entre iguales, entre personas del mismo sexo como tipo más excelso de amor ya que lo semejante llama a lo semejante.
De cualquier modo, Eros, no puede darse sin Ágape ni éste sin Philia. Es decir que si queremos vivir el amor con plenitud y confianza, los tres aspectos tienen que estar unidos, que no fundidos, ni a lo mejor darse simultáneamente. Pues hay momentos en la vida de una pareja, familia o amigos en dónde uno de éstos prevalece por encima de los otros, sin que eso signifique que falta, tan sólo ocupa un plano secundario.
Quiénes optan por el amor a Dios experimentan un tanto de lo mismo, se le ama integrando las tres facetas, porque sino no hay verdadero amor, y máxime cuando a Dios no le vemos ni le tocamos. Pero para que sea un amor perfecto, hemos de servirnos de algún intermediario, he ahí cómo éste nos pone a disposición a nuestros hermanos, sacerdotes, y demás ministros de la Iglesia.
La mayoría de nosotros buscamos el amor o en el eros o en la filia, casi nunca en el ágape, pues el nivel de responsabilidad que tenemos que asumir es demasiado grande y nuestras fuerzas y el concepto que habitualmente manejamos de lo bueno, excluye el sufrimiento. No obstante, el verdadero amor, lo abarca todo, como decía Nietzsche, todo está conectado: vida, muerte, dolor, amor, alegría y tristeza.
¡Una vida plena es una vida con sentido! ¡Vivámosla aún con el dolor, pero con un amor sin fisuras!
La mayoría de nosotros buscamos el amor o en el eros o en la filia, casi nunca en el ágape, pues el nivel de responsabilidad que tenemos que asumir es demasiado grande y nuestras fuerzas y el concepto que habitualmente manejamos de lo bueno, excluye el sufrimiento. No obstante, el verdadero amor, lo abarca todo, como decía Nietzsche, todo está conectado: vida, muerte, dolor, amor, alegría y tristeza.
¡Una vida plena es una vida con sentido! ¡Vivámosla aún con el dolor, pero con un amor sin fisuras!


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