sábado, 24 de enero de 2015

Matar al egoísmo

¡Qué difícil!



Pero si queremos alcanzar una vida plena, hemos de "morir" un poco frustrando nuestro deseo, para renacer tras la renuncia, a una nueva forma de amar y de encontrarnos a nosotros mismos y a los demás.

La renuncia, eso a lo que nadie está dispuesto a claudicar, hoy en día, es la mejor manera de crecer por dentro y por fuera.

Valores, que no se nos enseñan y a los que la sociedad actual no encuentra mérito alguno. Antes al contrario, se nos empuja a imponer, arrebatar, violentar al otro, por encima de sus derechos y de nuestra dignidad como personas.


El amor honesto, franco, no es eso. El amor exige justicia. La justicia exige, ver al otro, darse cuenta, no sólo de su cuerpo, de su presencia, sino de su alma. Empatizar con él, con su dolor y con su derecho a ser él mismo, ella misma. 

¡Qué difícil! ¡Más cuán necesario!


Valores que la sociedad se empeña en ocultar, velar, ignorar, distraer de nuestra atención, nuestra conciencia. 
¡¡¡Hedonismo materialista, que no epicureano!!!

Otra forma más de tenernos controlados, avasallados a la servidumbre del capital, al negocio de la política corrupta y deshumanizada.

¡Luchemos frente a esto!
¡Reivindiquemos la fidelidad a la dignidad, a la Ética, a la frustración y al dolor moral!

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